El ensayista mexicano Christopher Domínguez Michael comenzó la conferencia sobre la crítica literaria en América Latina, impartida en el Collège de France, aludiendo a Edmundo O’Gorman a propósito de la invención de América. Fue invitado por el experto en literaturas comparadas, especialista de TS Eliot y de Paul Valéry, el catedrático William Marx, quien presentó a Domínguez a través de su ya vasta obra y sus inclinaciones literarias.
Al enterarme de su presencia en París y conociendo la agudeza y originalidad de su crítica literaria, así como el tema de la conferencia, mi curiosidad me decidió a asistir de buena gana y con no amplias esperanzas de escuchar algo nuevo sobre un tema que es siempre polémico.
Además de mi curiosidad por las palabras de Domínguez Michael sobre la crítica literaria, el día primaveral era verdaderamente invitador. En pleno verano, las hojas de los árboles en París destellan, bajo el Sol, una amplia gama de verdes. El cielo responde con una variación de azules que van mutándose con el paso de las horas. El clima favorece el buen humor de los parisienses. Así, recorro las pocas calles que separan mi casa del Collège de France, situado en un edificio cuyos locales comenzaron a construirse bajo Luis XIII y se concluyeron a finales del siglo XVIII. Atravieso un pequeño jardín inclinado, con árboles centenarios que dan una sombra tibia, pues las calles laterales suben a la colina donde se instaló el Panthéon. Acompaño a Tania, mi hija, interesada en el tema de la conferencia y en la presentación que haría el conferencista, amigo suyo de tiempo atrás.
Cabe recordar que el Collège de France es un establecimiento público de enseñanza superior y de investigación, establecido en París desde 1530. Antiguamente nombrado Collège Royal (Colegio Real), fue instituido por el rey François I en 1530. Ser elegido profesor en el Collège de France, es decir titular de una cátedra, es una de las más altas distinciones de la enseñanza superior francesa. El gran traductor de obras de la antigüedad Guillaume Budé fue quien convenció a François I de instituir un colegio de lecteurs royaux (lectores reales). Humanistas pagados por el rey fueron encargados de enseñar disciplinas que la Universidad de París ignoraba. Desde entonces, el Collège Royal, cuya divisa es “Docet omnia” (enseña todo), sigue siendo unos de los lugares por excelencia de la transmisión del saber en Francia.
Después de cruzar un patio al que dan algunas puertas, entramos al auditorio donde Christopher Domínguez Michael daría la conferencia. Poco a poco se puebla el anfiteatro con personas de distintas edades. Muchas de éstas se sumergen en la lectura de algún libro mientras esperan el inicio de la ponencia de Domínguez.
Las casi dos horas que duró la exposición pasaron como un soplo: Christopher trazó a grandes pinceladas la Historia de México proporcionando un cuadro atractivo a la crítica literaria. De entrada, dio un tono rebelde a su exposición: “es desesperante vivir en una época donde la actitud eurocentrista, condescendiente e incluso racista hacia lo que antaño fue el Nuevo Mundo, no se ha extinguido y reaparece bajo nuevas vestiduras, progresistas o “descolonialistas”, mientras su modelo sigue siendo el Buen Salvaje, antiguo amigo imaginario de la conciencia occidental”.
México, pulmón espiritual y tierra prometida bajo la influencia de la Revolución, observa Domínguez Michael, su nacionalismo cultural hizo, paradójicamente, de la literatura mexicana una literatura cosmopolita. En este sentido, Christopher señala que Vasconcelos fue uno de los raros letrados que supo imaginar una utopía racial no racista: la Raza Cósmica.
Con elegante reverencia, Domínguez Michael concluye: “espero, para volver a Jorge Cuesta, mi clásico mexicano de cabecera, que la literatura del Extremo Occidente seguirá pareciendo una herejía en un lugar que sale obteniendo ventajas de su imprecisión sobre el mapa”.



