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En el camino: hipermasculinidades

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Por: RAFAEL AVIÑA •

Para el querido Carlos Bonfil a un año de su ausencia

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David Pablos, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica, debutó con La vida después (2013), original, hermoso y devastador relato sobre la soledad, las fracturas emocionales y la familia: aquella en la que nacimos y la que elegimos: tal como propone su abierto e introspectivo final a la que seguiría Las elegidas (2016), terrible retrato sobre la trata sexual adolescente y la corrupción. Después de un descalabro con un filme a todas luces de encargo: El baile de los 41 (2023), el realizador regresa con uno de los relatos más incómodos e inquietantes sobre las pulsiones eróticas hipermasculinas en el interior de una historia inmersa en la cotidianidad del narco en nuestro país: En el camino (México-Francia, 2025).

Veneno (Víctor Prieto) es un jovencito que vaga vendiendo cocaína y su cuerpo en los paraderos de traileros en las carreteras de Juárez (“Me gusta más que me la metan”). En ese particular submundo machista y sórdido, conoce a El Muñeco (Osvaldo Sánchez), un poco mayor que él –camionero ex alcohólico alejado de sus hijos y su mujer por sus problemas de bebida y su fascinación con prostitutas–, a quien convence de llevarlo a bordo de su tracto-camión.

Veneno ha sido abandonado por un trailero cincuentón y huye de los recuerdos de explotación erótica de otro maduro millonario dueño de maquiladoras en Juárez, que “ordeña” a otros muchachos como él en una mansión donde se da rienda suelta al hedonismo sexual y su única regla es disposición absoluta para cuando él quiera.

La relación entre Veneno y El Muñeco escalará los límites de la pasión y algo cercano al amor, no obstante, la venta de droga al menudeo que realiza Veneno y su complicidad con El Muñeco le atraerán problemas con otros traileros que trabajan para el narco.

En el camino, con sus fascinantes imágenes a cargo de Ximena Amann, se mueve entre la iconografía gay más excesiva e inquietante cercana al sadomasoquismo y la violencia desmedida (el joven rociado de gasolina al que prenden fuego, la aparente castración en el desenlace del filme, el brutal homicidio que comete Veneno). Todo ello, en una suerte de thriller sexual y brutal de exacerbación masculina que coquetea con aquella pornografía fílmica de primera línea que tuvo su mayor impacto al inicio del siglo XXI con Romance (1998) y La hermana virgen (2001), ambas de la francesa Catherine Breillat; el hiperviolento thriller Viólame (Baise-moi, 2000), de Virginie Despentes y Coralie Trinh Thi; 29 Palmas (2003) del también francés Bruno Dumont, o Nueve orgasmos (9 Songs, 2004), del británico Michael Winterbottom.

La película de David Pablos obtuvo el premio a mejor filme en la sección Horizonte del festival de Venecia, y los galardones a mejor fotografía y actuación en el festival de Morelia, donde coincidió temáticamente con la aún sin estrenar Adiós amor (2025), espléndido y sensitivo debut de la realizadora Indra Villaseñor egresada de la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas; un retrato fiel de las regiones profundas de Sinaloa a través de una mirada equilibrada e inteligente sobre las historias familiares y las pulsiones del deseo gay que rebasan el retrato cotidiano del crimen organizado y su normalización en México. Por su parte, En el camino no sólo es un intenso, despiadado y melancólico roadmovie queer que mezcla ternura y crudeza, sino que destaca por su manera de ahondar en las masculinidades y romper con los relatos habituales del narcotráfico en nuestro país.

El filme En el camino se exhibe en Cinépolis, Cinemanía, Cineteca Xoco y Cine Tonalá.

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