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Defender a Cuba es defender a México y América Latina

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Por: Arturo Romo Gutiérrez •

Han transcurrido poco más de seis décadas desde el triunfo de la Revolución Cubana y otros tantos del infame bloqueo económico, político y diplomático impuesto a Cuba por la potencia imperial.

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Tengo a la vista un documento que pone al desnudo una vez más la verdadera naturaleza del imperialismo de nuestro tiempo. Es un memorándum con fecha seis de abril de 1960 que Lester D. Mallory, Subsecretario Adjunto de Estado para Asuntos Interamericanos, dirige al Subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos Mr. Roy R. Rubbotom Jr. En su parte medular expresa el citado memorándum lo siguiente: “…como Fidel Castro goza de gran popularidad entre la población y no existe una oposición política efectiva, no hay mejor camino para socavar el régimen que negar recursos y suministros a Cuba, reducir los salarios monetarios y reales y provocar el hambre y la desesperación del pueblo para propiciar desorden y protestas que lleven a favorecer un cambio en el gobierno que sea del agrado de las autoridades norteamericanas”. ** 

Convertida la sugerencia en política de estado, la potencia imperial puso en práctica todo su arsenal de medidas contrarrevolucionarias: vigorizó la campaña de propaganda pérfida y calumniosa contra el régimen; movilizó al ministerio de colonias (la Organización de Estados Americanos) para aislar a Cuba y agredirla en el terreno político, económico y militar; reclutó a mercenarios y los entrenó para realizar actos de sabotaje; manipuló el mercado del azúcar en complicidad con las oligarquías latinoamericanas, suprimió las cuotas del azúcar cubano y las distribuyó entre países de la región; canceló el envío de piezas de repuesto indispensables para la operación de las industrias eléctrica y alimenticia, las refinerías de petróleo, las minas, los talleres textiles, el transporte y otras importantes actividades.

Canceló la entrega de combustible; prohibió a otros países comerciar con Cuba, incluidos alimentos y medicinas; privó a la pequeña isla de profesionales y técnicos, muchos de los cuales se habían formado en las escuelas burguesas; reclutó grupos y los entrenó para promover la subversión y el sabotaje; maquinó decenas de atentados contra la vida de los dirigentes de la revolución cubana; organizó la expedición mercenaria a Girón, formó una fuerza equipada con el más moderno equipo bélico que desembarcó en Bahía de Cochinos con la finalidad de preparar la invasión del país y establecer un gobierno provisional, pero, en menos de 72 horas, el pueblo cubano aplastó al ejército mercenario. 

Todas las medidas contrarrevolucionarias fracasaron ante la resistencia y la firmeza de un pueblo pequeño pero indoblegable. El régimen no sólo seguía firme, sino que cada vez se hacía más fuerte.

Desesperados ante tanto descalabro, los altos mandos estadounidenses consideraron recurrir a un último recurso: la invasión directa a Cuba, más, cuando la amenaza se puso al descubierto, Cuba suscribió con la URSS un acuerdo que comprometía la instalación de armas nucleares en su propio territorio. Como resultado, se produjo la grave Crisis de Octubre, el mundo estuvo al borde de la extinción, pero la guerra se evitó y Estados Unidos se comprometió a no invadir la isla.

Sesenta y cinco años después, Cuba está nuevamente herida por agresiones semejantes a las padecidas después del triunfo de la revolución. Ahora se refuerza el bloqueo económico, político y diplomático, se amenaza con imponer altos aranceles a los países que la provean de combustible, se intimida a quienes osen desafiar las decisiones del Imperio y se reconoce cínicamente, como en 1960, el verdadero propósito de las medidas: rendir al pueblo cubano por hambre para liquidar al régimen, lo que es tan inhumano como si se quisiera ultimarlo por medio de la agresión armada.

Aquéllos eran tiempos del presidente Dwight D. Eisenhower, hoy lo son de Donald Trump, distintos mandatarios, pero idéntica intención: agredir sin miramientos a los países en vías de desarrollo, pasando por encima del derecho internacional y haciendo a un lado los más elementales sentimientos de humanismo.

Los pueblos del mundo y en especial los que conforman la América Latina, no pueden ni deben permanecer impasibles ante tanta atrocidad, México como ningún otro, puesto que, a lo largo de su historia, también ha sufrido los agravios infligidos por potencias de todo signo. Por consiguiente, es la hora de avivar la solidaridad de todos para evitar más daño a la patria de José Martí, hacer de la solidaridad y la fraternidad un principio perdurable de la convivencia humana;  motivar la solidaridad de las fuerzas políticas y sociales de carácter democrático y progresista, de los trabajadores del campo y de las ciudades, asalariados y no asalariados, trabajadores del comercio, del transporte, la educación, la salud y la administración pública, empresarios grandes, medianos y pequeños, maestros y estudiantes, técnicos y profesionistas, actrices y actores, deportistas, mujeres y jóvenes de México y del subcontinente latinoamericano, de todos sin distinción, hasta construir un poderoso movimiento colectivo capaz de poner un alto a los excesos del Imperio.

Aclaremos: no se trata de un exhorto a la solidaridad motivado por simpatía con el sistema de organización política, económica y social adoptado por ese pueblo hermano. Habrá algunos que no estén de acuerdo. Pero ¿quién le negaría su derecho a vivir en paz, con decoro y dignidad? 

Es necesario combatir todas las formas de explotación y manipulación, los injustos privilegios, luchar contra toda corriente filosófica o política que favorezca el autoritarismo opresivo y poner al descubierto la falaz doctrina individualista que en nombre de una libertad y de una democracia ficticias, establece las bases para la explotación del hombre por el hombre y el saqueo de los recursos y riquezas de los pueblos débiles.

Concluyamos: en estos oscuros tiempos de la historia, ningún país está a salvo de padecer las políticas urdidas por entes desquiciados. Por esa clarísima razón, no queda duda alguna: defender a Cuba es defender a México y América Latina.

 “Defender a Cuba es defender a México y América Latina” *

Arturo Romo Gutiérrez

*Manifiesto de la Dirección Nacional del PPS, signado el 12 de abril de 1961.

** Departamento de Estado. Archivos Centrales, 733.00/04-660. Secreto.

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