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‘It Was Just an Accident’, de Jafar Panahi

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Por: ADOLFO NÚÑEZ J. •

La Gualdra 695 / Cine

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Una noche, una familia compuesta por el padre, la madre y una hija, viaja en automóvil cuando, por azares del destino, terminan atropellando a un perro. Este accidente hace que el auto empiece a presentar problemas, por lo que deben llegar a un taller mecánico. Dicho sitio es atendido por Vahid (Vahid Mobasser), un hombre nervioso que se muestra bastante alterado en cuanto habla con el dueño del auto. Lo que más le perturba es el sonido de la pierna ortopédica que utiliza. A la mañana siguiente, Vahid sigue a este hombre, lo golpea y lo secuestra.

Resulta que el hombre de la pierna ortopédica, apodado como ‘Peg Leg’ (Ebrahim Azizi), torturó a Vahid en prisión años atrás. Antes de castigarlo de la manera que considere apropiada, el protagonista decide contactar a otras víctimas y sobrevivientes de las torturas y los maltratos del susodicho, para que le ayuden a identificarlo y así pueda comprobar que ha capturado a la persona correcta.

El problema es que todas las personas a las que contacta tienen las mismas dudas que él: desde la fotógrafa Shiva (Maryam Afshari), una novia a punto de casarse (Hadis Pakbaten) en compañía de su prometido (Mahid Panahi), hasta la ex pareja de la fotógrafa en cuestión (Mohamad Ali Elyasmehr). Todos tienen diferentes ideas para castigar al torturador, pero nadie puede asegurar, con exactitud, que el hombre al que tiene capturado sea él.

En la vida de cada ser humano, los eventos más importantes y significativos a menudo ocurren por poco más que una casualidad. Eso que no se planea ni se puede predecir, lo que se puede considerar un simple accidente. Desde cruzarse con alguien o llegar a algún lugar en un momento determinado. Una serie de pequeños momentos pueden cambiar la vida de una persona para siempre. 

Esta es la premisa de It Was Just an Accident (2025), el nuevo filme del realizador iraní Jafar Panahi. Se trata de un drama que avanza con el movimiento de la cotidianidad, en espacios tan comunes como un auto, la ciudad, la ruta y las múltiples paradas que se van haciendo en el camino. Habiendo experimentado la prisión en carne propia y en más de una ocasión, Panahi retrata los sentimientos de violencia, el dolor y el deseo de venganza que seguramente han vivido muchos presos políticos, que son reintegrados a la sociedad y, que tal vez, se vean obligados a convivir con aquellas personas que los castigaron en primer lugar.

Bajo dicha lógica, la cinta plantea un interesante dilema moral, centrado en la confirmación y en la posterior toma de decisiones de cada personaje.  En ese sentido, la película cuenta con momentos de una creciente intensidad y suspenso, que son aligerados con otros mucho más cómicos y ligeros. Con todo, el relato jamás pierde seriedad y siempre busca retratar sus problemáticas de manera digna y con entereza. 

Panahi ofrece su crítica más directa al gobierno iraní, sin miedo a las represalias.  De tal manera, es un thriller de suspenso que se cuece a fuego lento, un intenso y angustiante retrato sobre cómo los regímenes más tiránicos, en su incansable autoritarismo y opresión, pueden producir todo tipo de daños colaterales, así como sufrimientos que nunca terminan.

La cuestión aquí, propone Panahi, es decidir qué hacer con ese dolor; si buscar una retribución equivalente al daño generado o, por el contrario, que ese mismo dolor no se vuelva determinante ni despoje a las víctimas de la humanidad que todavía les queda. Tal vez la única manera de lograrlo sea con actos mucho más significativos, antes de que sea demasiado tarde.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_695

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