Este lunes 13 de octubre, se llevó a cabo la inauguración de la octava Semana Nacional de las Ciencias Sociales llevada a cabo en conjunto con el Consejo Mexicano de Ciencias Sociales (Comecso). El director de la Unidad Académica de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), Ernesto Menchaca Arredondo, destacó que este encuentro, vigente desde hace ocho años, busca fortalecer el diálogo entre la academia y los procesos sociales contemporáneos. Por ende, reconoció el trabajo colectivo que ha permitido consolidar este espacio de reflexión crítica en torno a los desafíos actuales de la sociedad.
Por su parte, Silvana Figueroa, coordinadora del evento, dedicó la edición a causas sociales como la defensa de Palestina, las comunidades zapatistas, las madres buscadoras y la lucha contra los feminicidios. Resaltó la diversidad del programa, que incluye presentaciones de libros, mesas sobre resistencias territoriales, violencia político-académica y temas de actualidad como la ética en la inteligencia artificial y el trabajo de cuidados en América Latina. Enfatizó además la participación de docentes, egresados e invitados nacionales e internacionales, reiterando que este encuentro busca generar pensamiento crítico y colectivo frente a las realidades que atraviesa el país y la universidad.
Como parte de los encuentros del primer día se llevó a cabo la conferencia, “La actual antinomia de la Educación Superior Publica en México: Derecho a la Educación contra Derecho al Trabajo digno” impartida por José Javier Contreras, Vizcaíno del departamento de Política y Cultura -UAM-X y en moderación de Ma. Cristina Recéndez Guerrero.
Posteriormente, se realizó la conferencia “La utopía como resistencia: alternativas al sistema mundo capitalista y antropoceno”, impartida por Sigifredo Esquivel Marín, académico de la Unidad Académica de Filosofía y moderada por Vladimir Miramontes Cabrera. La ponencia, de corte filosófico y sociopolítico, propuso una reflexión profunda sobre el papel de la utopía como fuerza creadora frente a las lógicas destructivas del capitalismo contemporáneo.
Desde el inicio de su intervención, contextualizó la discusión dentro de un escenario global marcado por la crisis ecológica, el extractivismo y la precarización del trabajo. Señaló que estos fenómenos no se limitan a los recursos naturales, sino que abarcan también el “extractivismo de cuerpos, de conocimientos y de libertades”, constituyendo una dinámica totalizadora que define al sistema mundo capitalista actual. En ese sentido, subrayó que la crítica, tradicionalmente centrada en la denuncia, debe transformarse en una práctica creadora que abra la posibilidad de imaginar y construir otros mundos posibles.
El investigador destacó que la utopía, lejos de ser un ideal inalcanzable o una ilusión ingenua, representa una forma de resistencia y una vía para la reinvención de lo político. Citando a pensadores como Herbert Marcuse, Frederic Jameson y Karl Marx, el exponente sostuvo que el pensamiento crítico debe trascender el simple señalamiento de las estructuras de dominación para convertirse en una praxis transformadora. “No hay crítica que no sea creación”, afirmó, insistiendo en que toda resistencia implica también una dimensión poética y constitutiva de lo humano.
A lo largo de su exposición, el ponente recuperó la noción de “utopías de la inmanencia”, entendidas como aquellas formas de organización y de vida que emergen desde la cotidianidad y que no dependen de entidades trascendentes como el Estado o la divinidad. En contraste con las “utopías de la trascendencia”, que posponen la realización humana a un futuro lejano o idealizado, las utopías de la inmanencia se gestan desde el corazón de la vida misma, desde la creatividad, la memoria y la interacción colectiva. Estas utopías, sostuvo, se expresan en movimientos sociales y políticos contemporáneos que replantean la relación entre humanidad y naturaleza, así como las formas de convivencia más allá de la lógica del mercado.
En este sentido, propuso una lectura crítica del neoliberalismo como una “utopía demencial” o “utopía de la muerte”, al que definió con el término necrocapitalismo: un sistema que produce destrucción ambiental, desigualdad y despojo, y que se afirma como único horizonte posible bajo la consigna de Margaret Thatcher: “There is no alternative”. Frente a ello, abogó por recuperar el derecho a imaginar, a fabular y a reinventar la vida común, reivindicando la utopía como una forma de esperanza activa.
Para el ponente, la imaginación radical no es ajena a la vida política, sino su núcleo mismo. Así, explicó, las utopías de la inmanencia no son proyectos utópicos cerrados, sino procesos de creación continua que surgen de la experiencia cotidiana, de la cooperación y de la resistencia ante el orden dominante.
Ejemplificó esta concepción a través de los movimientos zapatista y ecofeminista, los cuales describió como expresiones concretas de una política de la inmanencia. Ambos, dijo, representan micropolíticas instituyentes que cuestionan la jerarquía, la centralización y la dominación, y que apuestan por la autonomía, la horizontalidad y la reconfiguración de lo común.
El conferencista concluyó que el pensamiento utópico no debe entenderse como evasión de la realidad, sino como una herramienta para su transformación. Frente a la despolitización y el conformismo que caracterizan al presente, instó a recuperar la dimensión poética, simbólica y creadora de la humanidad, entendiendo que toda forma de vida implica una posibilidad de cambio. “La condición humana es, en sí misma, una condición utópica”, afirmó, invitando a pensar la política como un ejercicio de imaginación colectiva que permita la emergencia de nuevas formas de convivencia, solidaridad y libertad.



