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La dictadura imaginada

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

¡Dictadura! Es el histérico grito de batalla con el que se pretende desde hace siete años, llamar a un levantamiento popular que nada más no ocurre. 

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Ese grito, o algunos similares, en ocasiones se escucha en la voz de Lily Téllez en el Senado de la República, en la de algunos comunicadores en sus micrófonos, o en empresarios con concesiones del Estado como Ricardo Salinas Pliego. Entre más suena, más inverosímil resulta. 

La falta de respaldo en el territorio nacional a quien sostiene esa narrativa queda en evidencia en los resultados electorales, pero también en las encuestas y en la soledad con la que se grita. 

Cansados de ésta, buscan aliados más allá de nuestras fronteras. Los casos más visibles son los de Lily Tellez en entrevista con Fox News, y la visita del líder nacional del Partido Revolucionario Institucional a Dina Boluarte en Perú. 

En línea con estas acciones aisladas que a veces reciben hasta el desprecio de sus correligionarios, hay quien sustenta sus esperanzas de reinstauración en el presidente de Estados Unidos, y así lo confiesan diciendo que Trump es la esperanza de México. 

Son pocos, pero no falta quien, de buena fe, asume que un país que prioriza entre sus máximas libertades el derecho a poseer y portar armas ponderaría con la misma importancia la libertad de expresión y de manifestación. 

La semana pasada (una vez más) quedó de manifiesto lo errada de esa suposición debido a la suspensión indefinida (ya revertida) del comediante Jimmy Kimmel, luego de que bromeara sobre la reacción del mandatario americano al asesinato de Charlie Kirk. 

La suspensión a Kimmel duró apenas una semana quizá porque el conductor se aprestaba a realizar una demanda millonaria por incumplimiento de contrato, pero también por el apoyo social que recibió, mismo que resulta más necesario yal mismo tiempo inaccesible para activistas como Mahmoud Khalil, estudiante de origen palestino y líder de las protestas en la Universidad de Columbia quien será deportado en los próximos días a Argelia o Siria. 

Aunque la empresa Disney asegura que la suspensión de Kimmel se dio por hacer bromas inoportunas sobre un tema sensible, se asumió pronto que Donald Trump había influido en ello, pues se sabe que “torear y dejar pasar” no es propiamente su estilo. 

Si bien el norteamericano, como sus pares mexicanos suele cuestionar frontalmente a los reporteros, y se vanagloria -quizá con razón- de ser popular a pesar de lo mal que se habla de él en los medios de comunicación, no hay mejor muestra de los límites que tiene uno y otro gobierno en el trato que ambos han dado al periodista Jorge Ramos, quien ha participado en conferencias de prensa en ambos lados de la frontera. 

En el lado mexicano, el periodista debatió públicamente con el presidente de la República por diez minutos (https://youtu.be/1syhma1deQw?si=jAxQkx5yqtw5nLlx), en el lado americano fue expulsado por intentar hacer una pregunta al presidente Donald Trump cuando éste no le concedía la palabra (https://youtu.be/mAnIdnNrOjI?si=Zoe8ghmfeaFzCA5f  )  

En este país, son pocas las ocasiones en las que la policía disipa una manifestación, menos frecuente aún cuando lo hace de forma violenta, aunque tristemente Zacatecas es parte de esa estadística con lo ocurrido el 8 de marzo de 2024.

 No obstante, ese lamentable suceso no tiene comparación con las políticas trumpistas con respecto a las manifestaciones en universidades en solidaridad con Palestina, entre las que está sancionar financieramente a las instituciones que las permitan, y revocar visas a estudiantes extranjeros.

Cierto es que con el amplio número de periodistas asesinados en México, estamos muy lejos de poder llamarnos un oasis de la libertad de expresión, no obstante, la gran mayoría de los casos son atribuibles a personas de poder local o fáctico y no a una política de Estado, aunque este tiene la innegable obligación de evitarlos, y cuando menos investigarlos y encargarse de que en ellos haya justicia. 

Lejos estamos de la perfección por acá, pero más lejos aún estamos de la dictadura que quisieran padecer para validarse. En la medida que utilizan espacios mediáticos para hablar de ella, se desmienten a sí mismos. 

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