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Desde el poder, y ahora sin él, en México nació una derecha banal y mediocre

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

En México la derecha es oposición, ingenua, torpe, carente de visión e incapaz de elaborar una ruta alternativa; sólo sabe ser eco de la narrativa que le dictan desde el extranjero. Y cuando los voceros imperiales los contradicen evidencian que sólo los usan como carne de cañón, los negocian y desprecian por inútiles. Como sucede frecuentemente con los acuerdos de Donald Trump con nuestra presidenta Sheinbaum Pardo, o las declaratorias conjuntas del gobierno mexicano con el flamante secretario de Estado Marco Rubio.

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La derecha corrupta de México se rasga las vestiduras advirtiendo, en voz del senador Rubén Moreira, que no los llamen traidores a la patria porque eso significa pasarlos de rivales a enemigos. Pero, adherido a un discurso lleno de contradicciones, como los que suele pronunciar el presidente del PRI, Alejandro Moreno, recién vociferan su rechazo a que se les nombre traidores corren en busca de los políticos más reaccionarios de Estados Unidos a solicitar apoyo para derrocar nuestra democracia, a la que llaman “dictadura”. Otro tanto hace el evasor de impuestos Salinas Pliego y Lilly Téllez, ésta última, acudiendo a la televisora más alineada al actual gobierno gringo para pedir “ayuda” y derrocar al régimen de la 4T, presidida por Claudia Sheinbaum.

Durante años, la clase política gobernante, hoy oposición, dejó de pensar. Intelectualmente se echó a la hamaca. Esa elevadísima y fundamental tarea, la de pensar, la dejó en manos de los imperialistas; a España por tradición histórica, a EEUU por moda y comodidad. Para empezar, hizo el trasplante del neoliberalismo tal como lo pensó y lo necesitó la derecha imperial. No opuso ninguna resistencia. A pesar de que eso perjudicaría enormemente a nuestra patria.

Con esa práctica económica, social, política e ideológica surgió un nuevo tipo de colonialismo que irradió no sólo la vida económica sino, incluso, la intelectual que se reflejó en pensadores como Octavio Paz, Héctor Aguilar Camín, Roger Bartra, Enrique Krauze, Francisco Martín Moreno, Eli de Gortari y muchos otros que de eruditos investigadores, críticos y autocríticos involucionaron a reaccionarios, conservadores y defensores ideológicos del neocolonialismo de México; modelo de sociedad que pone en charola de plata a nuestra patria, siguiendo las políticas diseñadas por organismos imperiales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, la OCDE, la ONU y la OEA.

Intelectuales como Octavio Paz y Enrique Krauze fueron de los primeros en alinearse a la ideología (falsa conciencia según la definición de Marx y de Engels) más reaccionaria, la del neoliberalismo. Por eso, registraron choque ideológico con el peruano Mario Vargas Llosa, uno de los principales intelectuales de la derecha latinoamericana a quien le valió la salida inmediata de México por haber sostenido su tesis de que en nuestro país había una “dictadura perfecta”. 

En sus últimos días de vida hizo lo mismo el brillantísimo filósofo Eli de Gortari, quien estuviera preso en Lecumberri en 1968 y fuera despiadadamente criticado por su compañero de celda Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca. Ya después haría lo mismo el excomunista Roger Bartra y así muchos otros.

Entre esos intelectuales orgánicos de la derecha hacen activismo en contra de la transformación de México otros como Martín Moreno, José Woldenberg, León Krauze y Héctor Aguilar Camín quien acaba de anunciar su libro “La Dictadura Germinal” de la cual dijo, en entrevista con el reaccionario Joaquín López Dóriga, que explica el cómo en México se está construyendo una dictadura. Esa fantasía ya es vieja. Se trata de una falacia que, de tanto repetirla, terminaron por creerla ellos mismos. A partir de postulados falsos intentan razonar y el resultado de sus análisis termina, por su origen falso, en francas mentiras, inútiles para la elaboración de una alternativa y de una estrategia.

No es difícil saber que la derecha mexicana se nutre esencialmente de distorsiones, calumnias, difamaciones y francas mentiras. No se les conoce producción teórica seria. Sus lecturas son prácticamente inexistentes y sólo repiten el discurso de la propaganda de la DEA, de Donald Trump, Milei, Bukele, el rey de España, de chismes, invenciones y calumnias como las de la “escritora de ficción”, como le llamó nuestra presidenta a Anabel Hernández.

La impotencia de la derecha es visible y de pena ajena. De repente el departamento de Estado, la DEA o algún diario de Inglaterra, Estados Unidos o España les da materia falsa para el discurso sobre escándalos inventados, pero duran dos o tres días. Esas mismas falsedades quedan plasmadas en los libros de los debates parlamentarios en voces histéricas, provocadoras, llenas de rencor, odio, clasismo, racismo, ausencia de propuestas e ignorancia en personas como Lilly Téllez, Kenia López Rabadán, Marko Cortes, “Alito” Moreno, Rubén Moreira, Ricardo Anaya. Pura banalidad. Mucha mediocridad. 

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