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Año uno

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Por: LEONEL CONTRERAS BETANCOURT •

Como lo marca el ritual, el 1° de septiembre, la primera mujer presidenta leyó un mensaje a la nación de su primer año de gobierno. Lo hizo en la cúspide de la popularidad que todo mandatario envidiaría tener. Las encuestas dan constancia que siete de cada 10 mexicanos apoyan los resultados de su gestión.

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Los informes (mensajes) presidenciales se caracterizan por su optimismo. No podrían ser de otra manera. Son positivos porque informan los logros. Dejan de lado los errores y las omisiones. Las cifras y estadísticas que se dan a conocer deben tomarse con las debidas reservas hasta en tanto no se confronten con otra información que no sea la oficial. La disminución de los homicidios dolosos, la reducción del desabasto de medicamentos en los porcentajes dados a conocer; el rescate de Pemex y de la CFE habría que tomarlos con las reservas del caso.

La presidenta que dice no llegó sola sino acompañada del resto las mujeres, fue enfática al afirmar que “atrás quedó la noche del neoliberalismo”, ¿deberás?, el que hayan salido de la pobreza 13.5 millones de mexicanos, logro que con honestidad le dio el crédito a su antecesor, no es suficiente. Menos aún cuando son muchas las familias que deben destinar altos porcentajes de sus ingresos en pagar por una mejor educación para los suyos y para atender su salud. Estos dos renglones que son atribución del gobierno, al desatenderlos los privados hacen su agosto. 

Además de inteligente, Claudia ha mostrado carácter y temple. Desde este su primer año, cuando apenas se estaba acomodando en la silla presidencial irrumpió un loco ególatra narciso de nombre Donald Trump. Nada menos que el presidente de los Estados Unidos y con el enorme poder que le da ese cargo que con tal de darle gusto a sus seguidores y de recuperar la grandeza de su país ha emprendido una política agresiva vía la aplicación de aranceles, usando estos como arma de chantaje en la guerra contra las drogas. Ha lidiado con ese loco y hasta ahora ha salido bien librada. Más que una piedra, Trump para México y el mundo ha sido un peñasco. 

Siendo parte del proyecto de Morena y de la 4T, no tendría por qué renegar y dar la espalda a su antecesor. Además, él fue quien la ungió. Como él, no oculta su rasgo populista evocando siempre al pueblo, esa entidad y categoría confusa y abstracta, pues en última instancia, ¿qué es el pueblo, sus seguidores o toda la pluralidad de mexicanos? 

Siendo la primera mujer en llegar al más alto de los cargos fue también la mas votada. La popularidad que ha ganado al parecer no va acorde con el poder que debería mostrar. Este primer año ha estado marcado por la aprobación de las reformas constitucionales, la judicial en primer término sobre la que hay una gran incertidumbre en cuales serán sus resultados. Falta de personal y mejor capacitado e insuficiente presupuesto serán grandes obstáculos para terminar con el rezago en la impartición de justicia.

Grandes desafíos que enfrenta la presidente son reducir el déficit fiscal que heredó a consecuencia de elevar la deuda pública, esto ya lo está logrando con una recaudación más eficiente y educiendo el  gasto publico con los malestares y carencias que esto ocasiona, atacar el nepotismo político electoral, meter en cintura a los funcionarios morenistas que han brincado las cercas de la justa y austera medianía, aclarar todo caso que huela a corrupción y que no quede impune como es el  caso de Adán Augusto López y su relación con la banda la barredora. Cuando logre vencer estos retos veremos entonces que su gran popularidad estará acorde e ira a la par con el poder que debe mostrar todo primer mandatario de la nación. Hasta ahora se mueve en la paradoja de que, al haber sido la candidata más votada, ya estando en el cargo sea visto eclipsada por la línea política y personajes que le impuso su antecesor. 

Ni a cuál irle. La gresca escenificada por Alito y Noroña recientemente, en la que la sangre no llegó al rio fue el duelo, amago de pleito entre un porro y un pendenciero verborreico. No pasó de insultos y empujones. Ese incidente vergonzoso es una muestra de hasta donde se a acorrientado la política en este país. Ambos son dos especímenes de lo peor de nuestra clase política, políticos sin cultura política faltos de dialogo y argumentos.

Envuelto en el desprestigio, Noroña que quiere ser presidente, no ha cambiado. Sigue siendo el militante bronco y atravesado que le quedan grande los cargos de representación. Fiel a su perfil de provocador, al negarle la palabra dio motivos para que Alito lo increpara y le diera unos aventones sin llegar a los trompos. 

El no menos desprestigiado dirigente del PRI, cuya amenaza de desafuero para que sea juzgado no canta mal las rancheras. El escandaloso enriquecimiento con el que terminó tras ser gobernador de Campeche, con varias propiedades, residencias lujosas y autos de los más caros importados de marcas exclusivas, dan fe del grado de corrupción al que llegó. Por si eso no bastara se apropió del partido del que se agandalló la presidencia alterando las normas. Siendo un partido en ruinas, el PRI corre el riesgo de perder el registro en las siguientes elecciones, En buena medida gracias a Alito. Mientras le sirve de asidero y se aferra a sus cargos para evitar ser enjuiciado por enriquecimiento inexplicable. Entiéndase por corrupción.  

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