Al interior de la UAZ, la política y sus perversiones son temas tabúes. Parece ser que la consigna es: “si no se habla del problema, el problema no existe”. De esa manera, en la institución se han normalizado una serie de prácticas políticas heredadas del siglo pasado. Los grupos de poder —que por lo general no tienen relación con proyectos académicos— siguen dominando la agenda universitaria.
Entre las peores “tradiciones” universitarias debo subrayar la del cacicazgo. El término cacique proviene del pueblo Taíno, habitantes de las islas del Caribe en tiempos virreinales, y era usado para designar a un jefe tribal. No obstante, en la actualidad se usa con otra idea, negativa, que se define por el diccionario: “Persona que en una colectividad o grupo ejerce un poder abusivo.” Y, claro está, la abominable palabreja es tabú en la universidad, un arcaísmo que se supondría inexistente en esa universitas magistrorum et scholarium que está obligada a difundir la ciencia, el arte y la cultura, sin mencionar los valores humanos como la honestidad, la justicia y la tolerancia.
Por desgracia, las cosas no son así, y, a modo de ejemplo, comparto una experiencia personal: comencé a dar clases en la Escuela de Música (hoy Unidad Académica de Artes) en el verano de 1993. A las pocas semanas, el entonces director dijo que había un maestro “que estaba grillando” para obtener la plaza que yo ocupaba. No me preocupó mucho, pues el docente no contaba con el grado académico que yo sí tenía… aunque eventualmente, con apoyo sindical, logró quitarme las horas. Lo desconcertante, y desalentador, fue la forma en la que el director permitió tal injusticia: era evidente que no intercedería por nadie.
La anécdota del siglo pasado viene a colación porque, desde entonces, el mencionado director ha pasado por todos los puestos administrativos que la UAZ le ha podido ofrecer, siendo en la actualidad el “nuevo” “director electo” de la unidad. Si alguien cree que lo anterior es indignante (porque ¡nos habla de un cacicazgo más largo que el de Porfirio Díaz!), permítame otros datos: 1) debido a las constantes ausencias del director saliente, como jefe de programa el ahora “director electo” fungió de facto como la persona que tomaba decisiones, por lo que puede considerarse como reelección en período consecutivo; 2), El “director electo” carece del grado académico que otorgan los programas del área, por lo que, legalmente, estaba impedido para ser candidato; y 3) al cierre de las urnas, las personas responsables de una de las casillas impidieron el acceso al conteo de votos, saliendo horas después para comunicar la cancelación de varios sufragios, que fueron suficientes para darle una fraudulenta victoria al cacique sobre una compañera que sí cumplía los requisitos, y cuya campaña generó un entusiasmo real, y palpable, entre toda la comunidad académica.
La comisión electoral desechó las impugnaciones presentadas y, siendo la situación intolerable y grande el malestar, nuestra única opción es apelar a la honestidad del rector electo, porque estará en su derecho a destituir a directores. A lo largo de los años, hemos visto que en la universidad todo se puede hacer si hay buena voluntad y, teniendo en cuenta que el rector electo dijo en campaña que “saldrán de la UAZ los acosadores,” la comunidad de artes tenemos otra sentida demanda: al menos una docena de maestros podemos señalar al “director electo” como acosador laboral.
Este personaje ha usado su poder para manipular exámenes de oposición, decidir las cargas de trabajo, y mantener un sistema de premios y castigos basados más en lealtad que en desempeño laboral. Además, gracias a este cacique, la unidad de artes es el único programa de la universidad que no cuenta con programas de posgrado; el número de docentes con perfil PRODEP y miembros del SNII no ha crecido y se mantiene en porcentajes insignificantes, y en esta administración se perdió la acreditación como programa de calidad en música por omisión.
Si se permite la toma de protesta de este cacique que carece absolutamente de legitimidad: ¿qué ejemplo de ética, justicia y honestidad está promoviendo la UAZ de cara a la comunidad estudiantil y hacia la sociedad de Zacatecas en su conjunto? ¿Va a permitirse que los favores políticos valgan más que el desempeño académico? Alto a este pacto de dominación, la comunidad docente de la UAZ merece vivir en un ambiente laboral saludable, libre de acoso.




Mas que nota parece chisme y resentimiento
Es realmente lamentable ver lo bajo que ha caído la UAZ. Si el director de artes no tiene el nivel para ocupar su puesto como director, ¿qué podemos esperar de los docentes y egresados? Es un horror tener que trabajar bajo el mando de alguien que ha sido señalado como acosador laboral, ahi ya han aparecido varios acosadores sexuales tanto alumnos como maestros.
Esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué otras irregularidades oculta esta unidad académica? Es probable que existan docentes con doble plaza, maestros que no están cualificados para enseñar o, incluso, que simplemente no dan clases. Lo único que faltaría es que los títulos se regalen.
Nuestros hijos merecen una educación de calidad, no ir a una universidad donde no van a aprender. Nuestros hermanos merecen un entorno laboral que les permita crecer, no un lugar donde el progreso es imposible.