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Estados Unidos, un narcoimperio tan grande que nadie lo ve

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

Por doquier circula la premisa falsa de que el Gobierno de Estados Unidos persigue ferozmente al narcotráfico, que por eso modificó leyes para que los cárteles de la droga sean considerados terroristas y se facultó a las autoridades gringas a perseguirlos por el mundo, aun a costa de la soberanía de los países en que señalen su existencia. Las autoridades del país imperial creen que sus leyes son internacionales y que, por lo mismo, pueden aplicarse extraterritorialmente. Todo sobre el estereotipo de “la seguridad nacional”.

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La realidad nos muestra que el narcotráfico en Estados Unidos lo mueve directamente el gobierno por medio de diversos aparatos oficiales, principalmente por la Drug Enforcement Administration (Administración para el Control de Drogas), mejor conocida como la DEA, agencia federal estadounidense dependiente del Departamento de Justicia encargada de combatir el tráfico y la distribución ilícita de drogas a nivel nacional e internacional. También sucede con la Agencia Central de Inteligencia (la CIA) que, además de espía, ha tenido participaciones fundamentales en la planeación y financiamiento de golpes de estado e injerencismo en naciones que cuentan con gobiernos que no son de su agrado.

Ahora sí, por “seguridad nacional”, debemos desterrar el mito de que los gobiernos gringos combaten el narcotráfico cuando todos los indicadores de acciones, omisiones, negligencia e indolencia, demuestran que el narcotráfico y otras actividades ilícitas (migración, tráfico de armas, etc.) forman parte de una rama económica subrepticia que contribuye a la capitalización de otras actividades de la economía formalizadas y a la furtiva recaudación gubernamental para financiar invasiones militares, golpes de estado, campañas de desprestigio y pago de opositores apátridas, como sucedió con “los contra” nicaragüenses, la derecha asesina de Venezuela (Leopoldo López, Henrique Capriles, Julio Borges, Juan Guaidó, María Corina Machado, Lilian Tintori, etc.) o con la derecha corrupta de México (Claudio X. González, Amparo Casar, Gustavo A. de Hoyos, y cía.).

Los gobiernos de Estados Unidos contabilizan 70 invasiones. Muchas de ellas con el falso argumento de su “seguridad nacional” aunque se trate de naciones tan lejanas como Asia, Medio Oriente, África o el cono sur de América. Otras invasiones militares han sido publicitadas como combate al narcotráfico, así sucedió con la invasión y derrocamiento del general Antonio Noriega en Panamá, su injerencismo constante en Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y también a México. Está claro que organismos como la DEA y la CIA han sido promotores de las campañas de “narco presidente” y de “narcopresidenta” con referencia a AMLO y a Sheinbaum, de la que se hicieron publicistas Anabel Hernández y líderes de la derecha mexicana. Ahora lo hacen contra Nicolás Maduro de Venezuela.

Son campañas de desprestigio para presionar a los gobiernos a la adopción de las políticas económicas de saqueo de sus riquezas naturales. O, de plano, de campañas previas a las invasiones, previstas para justifican el intervencionismo y que encubran los objetivos reales. En Panamá la invasión fue por el canal interoceánico, de México quieren de todo, en Venezuela aspiran a apropiarse del petróleo y diversos minerales, en Medio Oriente también quieren el “oro negro” y así sucesivamente.

He sostenido que EEUU sí tiene motivos y la tentación de invadir a México. El acoso militar, y de todo tipo, que ahora hace contra Venezuela corrobora que la crisis económica que azota a los gringos los tiene atosigados en la búsqueda de arrebatar, a quien se deje, la riqueza. Para ese atraco existe la costumbre y tradición de apropiarse, de todo valor, con la fuerza militar. Es claro que de Venezuela quieren el petróleo. Esa es la causa real de las campañas de desprestigio, infundios y mentiras (líder de un cártel, dictador, responsable de la pobreza y desabasto de todo tipo).

El mundo sabe que México se convirtió en el principal socio comercial de EEUU. Lo que hay que clarificar que parte de las mercancías que México exporta corresponden a capitales gringos asentados en nuestro país. Es bueno que también se sepa de aquellos capitales gringos en las actividades ilícitas: contrabando, huachicol, tráfico de armas y municiones, migración, trata de blancas, tráfico de órganos, drogas, blanqueo de capitales, entre los principales.

Desde que el gobierno estadounidense asumió el control y administración del narcotráfico y la criminalidad en el mundo se convirtió en un narcoimperio que, curiosamente, acusa a otros de lo que le sobra. No sólo legisla para declarar terroristas a los narcos, también acciona políticas para protegerlos con la versión de que son “testigos” ante la autoridad gringa.

A otros los tienen en las cárceles pero más parecen asegurados para que no hablen sobre la red criminal que opera desde USA. A personajes como García Luna no los investigan sobre sus vínculos con criminales estadounidenses, sólo sobre nexos con mexicanos. ¿Qué raro, verdad?

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