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Cuestión de vida y dignidad

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Por: Manuel Rivera •

“La noche es el juego del misterio, de la duda, del cuestionamiento acerca de si sigue existiendo lo que en el día es…

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“Y aquí se te despejó esa inquietud, ¿verdad? Claro, no podían existir esas temperaturas que te castigaban con tanta crueldad cuando el chaquetón –por supuesto no de tu talla- se subía ligeramente y dejaba unos instantes al descubierto tu piel entre éste y tus guantes; debía ser absurdo estar a esa distancia en la que nadie tendría posibilidad de huir si colapsaba el tanque ya severamente ladeado; irreal debería ser observar cómo tu compañero se volvía vapor cada vez que dejabas descansar las paredes del contenedor de combustible y lo bañabas para que resistiera la altísima temperatura, y luego tú también recibieras ese bendito baño que te evaporaba todo”.

Hace cerca de 45 años decidí acompañar a los bomberos y vivir el supremo placer de atender la alarma, deslizarme en los tubos, equiparme a toda prisa y abordar la máquina para viajar hacia lo desconocido.

No tengo la menor duda para afirmar que mi estancia con ellos fue equivalente a cursar una tercera carrera universitaria con profunda acentuación humanista, la que me llevó a cambiar el cliché del apagafuegos como elemento del folclore urbano para sustituirlo con la imagen por antonomasia del servicio al ser humano sin ninguna distinción y sin más motivo que cumplir con el deber, así implique este ofrendar la vida.

Producto de las vivencias con ellos es el recuerdo inicial, registrado el 23 de junio de 1988, fecha en la que estalló el infierno en el depósito de combustible de San Rafael, en Guadalupe, N. L., suceso que traigo a colación por el Día del Bombero, celebrado ayer 22 de agosto.

Esa fecha me lleva a recordar de nuevo el video realizado por el cuerpo de bomberos de un municipio coahuilense, cuya modesta producción mostraba el orgullo de los vulcanos e invitaba a la ciudadanía para unirse a la campaña de redondeo hecha por una cadena nacional de tiendas de conveniencia.

Aunque el producto presentaba el trabajo de estos servidores públicos como uno de aventura y heroicidad, no como el de trabajadores con carencias, mostraba camiones con más de 40 años, bomberos sobre colchones sin sábanas, equipos de protección de colores tan variados como sus donadores extranjeros, un infierno en un edificio del que emanaba densísimo humo negro, un bombero atendido por paramédicos y ausencia de equipos de respiración autónoma.

Al terminar el video lo primero que vino a mi mente fue reconocer a estos valientes, para luego cuestionar lo desigual que resulta su aportación a la sociedad y las condiciones en las que sirven a ésta.

Me parece inadmisible la desvergüenza de destinar recursos públicos a tareas de interés personal o grupal, antes que a evitar la muerte, el dolor y la pérdida del patrimonio de un semejante. ¿O hay alguna razón más importante para agruparse en sociedad y formar un gobierno, que proteger la vida y el patrimonio de las personas?

“Quienes fuimos o son bomberos, celebramos esta fecha dando gracias a Dios por haber tenido la dicha de servir y estar vivos”, dice Mario Rodríguez, X22, quien fuera aguerrido bombero voluntario nuevoleonés.

“¡Pero en verdad, da lástima, tristeza y coraje, ver cómo los bomberos tienen que buscar otro trabajo o ‘doblar turno’ para poder cubrir sus necesidades económicas!

“Y eso vale madre, lo más humillante es tener que soportar la presencia de oportunistas este día y tener que aplaudirles y aguantar que se pongan el casco de bombero y se tomen la foto”, agrega a propósito del baño de demagogia con el que muchos “políticos” festejan a los apagafuegos en su día.

Finalizo entonces con estas letras escritas por la experiencia:

Si en el anonimato que da la noche y en el más apartado sitio te has entregado con fuerza y pasión al combate del fuego, como si estuvieras siendo observado por miles en un estadio…

Si no has dejado de atacar al enemigo, pese al humo que te extrae mucosidades y lágrimas, y al calor que lacera tu piel cuando las mangas del chaquetón se separan de tus guantes…

Si te has levantado de la mesa en un día de descanso, tras enterarte de que tus compañeros de trabajo se están partiendo el alma en un siniestro…

Si en alguna ocasión sin ser visto has llorado como niño, por el recuerdo del servicio en el que horas antes enfrentaste como adulto…

Si al regresar a la estación te has mirado en el espejo empapado, sucio y agotado, pero has disfrutado esa imagen como la mejor de ti…

Si en un sótano con asfixiante atmósfera has estado dispuesto a sepultar tu vida para salvar la de quien no conoces…

Si la pareja que amas te ha pedido decidir entre ella y tu deber y, aun con dolor, has optado por éste…

Si has esgrimido tu lanza de agua para defender lo mismo a ricos que a pobres…

¡Entiendes bien lo que es la dignidad de un bombero! Respetarla es obligación de todo gobierno y sociedad, sabedores del papel que tienen estos servidores públicos para proteger la vida y el patrimonio de las personas.

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