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■ Historia y Poder

Marco Polo, de la perrada más alucinante

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

Los navegantes italianos asombraron al mundo entero, lo transformaron, lo hicieron llegar hasta nuestros días, popularizando países y costumbres, fronteras y batallas, números mágicos, la fiesta de la interminable belleza, las multitudes de la historia que hicieron de su tiempo los relatos más fascinantes, de ahí que una pléyade de nuevos navegantes resolvieron al mundo y permitieron la imaginación alzara los vuelos y el planeta entero se transformase.

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Italia siempre ha sido fascinante, -más ahora con el nuevo embajador mexicano que desata todas las pasiones humanas y visionarias- Marco Polo fue testigo de los acontecimientos más asombrosos y la apertura de nuevas visiones que le dieran al arte de la política, los negocios y los viajes, el supremo dominio del saber, del actuar, de hablar nuevos idiomas y de ser testigos privilegiados de una época que fue muy necesaria para el mundo entero.

Le digo a mis amigos que en las famosas vías de los domingos compré un libro viejo sobre Marco Polo, apenas lo ojeé y no quise contaminarme ni consultar con nada más, solo la percepción ilustrada de un hombre que inspiró a su propia generaciones y a muchas posteriores, arrojos y aventuras que dieron por lastre o infortunio haber sufrido y hambre y sed y frio y peligros reales donde las tribus guerreras conformadas por cientos de miles, arrasaban pueblos en pos de imponer su sabiduría , su forma de penetrar al mundo y domarlo y desaforarlo en la moral del no matarás a tu prójimo ni falsearlo.

No contaminarse, no buscar más asombros a la sombra de un navegante, de un viajero, de un gran ilustrador que desde sus 14 años le fueron dados los caminos iniciales, ya su señor padre, su tío-, le plantearon el ejercicio  fascinante; recordar -sin alucinar ni fantasear ni mucho menos mentir- de lo que Marco polo rehízo al mundo de su época, los países que atravesó, las oportunidades que aprovechó para que conocer a los reyes más extravagantes, las mujeres más hermosas del hemisferio, los dramas más alucinantes en la misericordia humana y los triunfos de los imperialismos tártaros y chinos y de la vieja Manchuria devorándose así mismo sin robarle la cara a  nadie, ni la fe ni la esperanza en las personas extrañas.

Recordar sí, pero lo que el mismo mundo me dio, así de desordenado y loco para entrar en bibliotecas baratas o vendimias de libros viejos donde muchas sonrisas tuvieron la respuesta de que muchos sentimientos entraron con el día en que los navegantes italianos – Colon, Vespucio, Tataglia, Tornatore, etc.- y rememorar lo que el intruso diplomático logró, disipó y acumuló.

A todos nos fascina que nadie le creía de sus historias y que en un rasgo asombroso de sus ropas mugrosas y pestilentes -luego de tantos años del regreso peligroso-, brotaron las joyas más bellas y vistosas, el oro, el rubí, la plata y el jade, los diamantes más luminosos, los arreglos artesanales más espectaculares y nunca austeros,  el ónix y la multitud de piezas de una hechura jamás realizada -eso me imagino, con las patotas en la tierra y agarrándome de la ventana- y que su ofrenda era más que verídica: millones de pesos trasformados en la extravagancia, lo idílico que revolucionó a los profetas de las montañas, la aceptación  de ser un nuevo rey plebeyo, aunque no exento aun de muchas batallas y finales quizás infelices, antes, repartir sus riquezas, enriquecer a Media Italia, atraer moda, fama, envidia culera.

Me siento feliz al evocar al italiano y recurrir a que sus pies doblaron la esquina del mundo y de la historia entera, que ellos se dejaron llevar por las circunstancias para que nunca más nadie los olvidara y refrendara sus nombres en pos de descubrir que el mundo era una cosa más esplendida ante el fracaso de pandemias demoniacas, la miseria medieval, la esperanza derrotada y la horrenda inquisición que aterrorizó y mató a cientos de miles y que nunca jamás eso lo olvidaremos.

Nos quedamos cortos, lo que Marco polo y su gente vivió fue una copia exacta de la maravilla, lo mismo los pueblos asiáticos que los vieron y descubrieron allá por 1290 en  que el mundo era una nueva consulta, otra dinámica, otro llevarse por las rutas del asombro, de la numeraria, del triunfo y el alucine, de saber que finalmente todos los pueblos de todas las tierras del cosmos, nos pertenecieron, nos agarran su historia, nos tumban y nos levantan con orgullo y las muchas  ganas de mirar al mundo.

(sé que le entraré al toro, que detallaré una a una las acciones del audaz Marco Polo y sus relatos que tienen en su soporte la salud de haber sido digno cronista de lo más alucinado y con cientos de miles de retratos e interpretaciones que confesaron ser demasiado humanas, pueriles, de la perrada más vagabunda e intrépida, capaz de asombrarnos siempre y darnos postales que nunca serán psicopatías sino mandalas de la belleza humana y su historia en el mundo jamás soñada).

Marco Polo. Vaya camarada!

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