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Un año con Peña Nieto

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Por: DANIEL SALAZAR M. •

En otra elección de Estado –se recordará– hace más de un año que el PRI regresó a la Presidencia de la República por la vía de la imposición. Una ilegal campaña mediática y la compra masiva de votos lo instalaron al frente de un país que se hunde.  

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No es, sin embargo, el viejo PRI quien regresa al poder. Está de vuelta un PRI neoliberal, derechizado y más extraño que nunca a la vieja tentación nacionalista.
Más que gobernarla, afronta una nación con 60 millones de pobres, 300 mil rechazados de las universidades, 14 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan y más de 25 millones de personas sin empleo.

Un panorama difícil para el nuevo gobierno. En búsqueda de legitimidad, hizo del -Pacto por México- su mejor instrumento. Ideado originalmente para impulsar consensos entre las diferentes fuerzas políticas, se convirtió rápidamente en el mecanismo regulador de la actividad legislativa y en el procesador, redactor y rector de las reformas estructurales que transgredieron insolentemente la vida interna del Congreso de la Unión.

No sólo eso, el Pacto por México –que reafirmó y confirmó la vieja alianza histórica del PRI con PAN establecida a partir de 1988 por Salinas de Gortari– logró integrar y hasta cooptar a una izquierda “modernizada y neoliberal” con pretensiones de convertir al PRD en la izquierda oficial del régimen. Peña Nieto pudo entonces placearse libremente en Davos anunciando a los inversionistas del mundo la “firmeza y legitimidad” de sus reformas.

En materia de seguridad, pese a que Peña sigue intentando “distanciarse de la política de Calderón”, se mantiene la misma estrategia. Resultado: 13 mil muertos en el primer semestre de su mandato.

Desde su regreso, el PRI se dedicó a promover las contrarreformas que tenía pendientes (laboral, telecomunicaciones, etc.). Duele decir aquí que AMLO desatendió la lucha democrática contra el fraude y la imposición de Peña Nieto, para reconducir el impulso democratizador y la protesta ciudadana hacia la formación del Morena, permitiendo no sólo que el gobierno recuperara cierta legitimidad, sino que con esto, se dio oportunidad a que Peña Nieto impusiera las contrarreformas neoliberales que un Felipe Calderón -duramente impugnado por AMLO- no se atrevió a concretar en su momento.

Sin importar el desorden político que provocaran sus primeras acciones, Peña Nieto prosiguió con la Reforma Educativa para golpear al sector más combativo de los trabajadores organizado en la CNTE; luego, con la Reforma Política cuya pretensión es la de centralizar el poder en demérito de la perspectiva federalista. El sustituir a un descalificado IFE por un todavía más controvertido Instituto Nacional Electoral, sólo ofrece circo y confeti sin que el problema de la certeza electoral se resuelva.

Peña Nieto, que había declarado en Estados Unidos estar dispuesto a impulsar cambios constitucionales para que inversionistas extranjeros participaran en la exploración y extracción del petróleo mexicano, consumó su compromiso al concretar en iniciativa de ley su Traición a la Patria. El petróleo mexicano –ese recurso no renovable y estratégico de cuyos ingresos se sostienen gran parte de nuestras instituciones sociales (educación, salud, etc.)– será ahora explotado y controlado por empresas privadas. Como puede pronosticarse, los ingresos federales por este concepto se verán reducidos, por lo que el gobierno de Peña hubo de promover una contrarreforma más –la Fiscal— para recaudación de nuevos impuestos que compensen los ingresos petroleros comprimidos.

En todo, la izquierda capituladora representada por la dirección nacional del PRD, ha pretendido disimular su respaldo al gobierno priísta “rechazando de última hora” los cambios a la Constitución. Pero los coordinadores parlamentarios en el Senado –Luis Miguel Barbosa, Emilio Gamboa y Jorge Luis Preciado– han puesto nuevamente en evidencia su capitulación al crear “una mesa de diálogo” que sustituirá al Pacto por México. La denominan Pacto en el Senado y será la encargada de procesar 79 leyes secundarias pendientes que se desprenden de la Reforma Energética, de la político electoral y de la reforma en telecomunicaciones entre otras.

Morena, que reiteradamente se ha manifestado en contra de todas estas reformas, por ahora no ha desatado acciones concretas que no tengan otro horizonte que el de avanzar en el camino de su registro como partido. Seguros están de que en 2015 lograrán convertirse en la primera fuerza política del país.

La situación de México es grave y su violencia cotidiana se desdobla en escenarios inimaginables. Muy lejos está el gobierno de Peña Nieto de poner remedio. Su indiferencia y frivolidad han hecho de su administración una mascarada. Ahí está la más reciente portada del Time para ocultar al mundo la gravedad del país. Treinta y cinco familias acumulan la riqueza nacional; corporaciones extranjeras se apoderan de nuestros bienes naturales amenazando nuestra soberanía y nuestra independencia; se vive diariamente en los estados el horror de los asesinatos masivos y, ni quién lo dijera, a cien años de la Toma de Zacatecas, todo indica que el Gobierno Federal y sus emisarios en las entidades, se encaminan a derogar las conquistas que aún quedan vigentes de la Revolución Mexicana y de la Constitución de 1917. ■

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