Las relaciones entre el sector financiero y la economía real son cruciales para entender la situación económica en México. Un sistema financiero eficiente contribuye a elevar el crecimiento económico de un país, al desempeñar la función de intermediario entre los ahorros que la población genera y las inversiones productivas que se puedan realizar con esos ahorros; para lo cual resulta indispensable contar con un marco institucional sólido y una regulación y supervisión financiera en pro de ese objetivo. Sin embargo, en México la liberalización y desregulación financiera, concesiones que el Estado mexicano otorgó al sistema financiero en la década de los 90, provocaron que este sector quedara aislado de la dinámica económica real, al desplazar el centro de gravedad del poder hacia las grandes finanzas, desde donde se impulsa la actual lógica económica en el país.
En este sentido, los intereses que se priorizan en materia de política económica son los que favorecen a la banca comercial, a la bolsa de valores, a las compañías de seguros, los fondos de pensión, los fondos de inversión especulativa y otras instituciones de la misma naturaleza. Dando como resultado que las ganancias en su mayoría sean ganancias ficticias (sólo registradas en el papel), y la relación que predomina es la de capitalistas financieros con capitalistas financieros, y no la de capitalista financieros con capitalistas productivos.
Las ganancias del sistema financiero provienen de los intereses recibidos y de las ganancias obtenidas en los mercados especulativos. Lo que significa que el capital que circula en esta esfera es un capital no productivo, un capital que no produce plusvalía o excedente y no favorece o contribuye a su producción. Su lógica es la apropiación del excedente generado en la esfera productiva y el crecimiento de las ganancias especulativas. Ejemplo de ello tenemos que en 2013 el sector financiero concentró alrededor de 40 por ciento del total de ingresos de la economía mexicana, con una tasa de crecimiento de sus ganancias en el último año de 20.7 por ciento, que contrasta con la tasa de crecimiento registrada en el país en el tercer trimestre de 2013 de 1.27 por ciento y con la actividad industrial que en el mismo periodo decreció en 0.33 por ciento, de acuerdo con cifras de Inegi.
En el más reciente Informe sobre el Sistema Financiero publicado por el Banco de México en 2013, se habla de un sistema financiero sano y bien capitalizado. Sin embargo, en México el capital especulativo sobrepasa los límites soportados por la producción en el país, amén de que el predominio de este sector agudiza la polarización de los ingresos en el país: magnifica la riqueza en un polo económico y acrecienta la miseria en el otro. Para muestra basta ver la concentración de casi 90 por ciento de los activos financieros que poseen los 7 principales bancos en el país: BBVA Bancomer con 23 por ciento, Banamex con 19.4, Santander con 15.4, Banorte con 12.6, HSBC con 8.1, Inbursa con 5.5 y ScotianBank Inverlat con el 3.8 por ciento; cuyas ganancias se han incrementado alrededor de 280 por ciento en los últimos 9 años, como resultado principalmente del aumento de los ingresos provenientes de la negociación y de la revalorización de las posiciones en títulos, más que por “la aprobación de la Reforma Energética en el Congreso de la Unión, la mejora en la calificación soberana por parte de Standard & Poor’s (de BBB a BBB+) y el mejor panorama económico para 2014” como los señala la minuta 25 emitida por el Banco de México publicada el 31 de enero de 2014. Este escenario de concentración se traduce en un escaso financiamiento al área productiva propiciando que las empresas más bien se financien con recursos propios o mediante crédito de los proveedores: el sistema financiero no financia la inversión productiva.
La desregulación financiera se instrumentó ante la exigencia de los grupos financieros por eliminar el intervencionismo y control que el Estado ejercía sobre ellos. En este sentido, el sistema financiero pasó a ser controlado por especuladores, y los recursos financieros disponibles en el país no son destinados a la esfera productiva en pro de la dinamización de la economía. Esto coloca a la economía mexicana en un contexto de alta vulnerabilidad, pues la estabilidad financiera que tanto se ostenta, está respaldada en las reservas internacionales del orden de 179 mil millones de dólares y un conjunto de líneas de crédito disponibles para invertir en el mercado. Pero este resguardo es limitado ante los cambios bruscos y rápidos de las corrientes de capitales que se prevén por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), institución que en su último informe declara que las autoridades de las economías emergentes (entre las que se encuentra la mexicana) deben plantearse “un endurecimiento de las políticas macroeconómicas combinado con esfuerzos redoblados en materia de política de regulación y supervisión” (FMI, 2014). El endurecimiento de políticas macroeconómicas hace referencia al manejo del tipo de cambio y el efecto que esta variable tiene sobre el balance de pagos, en aras de controlar los riesgos que se pudieran producir ante repentinos cambios en la dirección de flujos de capital dado las medidas anunciadas por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos.
De no atenderse esta sugerencia emitida por el FMI, antes de mejorar, las cosas tendrán a empeorar. Pues el país presenta una situación de alta dependencia de los flujos económicos del exterior, y este asunto no debe ser eludido por las autoridades en materia monetaria, que se ven en la obligada tarea de pulir el orden institucional en el sector financiero. ■
Referencias
Banxico. Minuta número 25.Reunión de la Junta de Gobierno del Banco de México, con motivo de la decisión de política monetaria anunciada, 31 de enero de 2014.
Banxico. Reporte sobre el Sistema Financiero. Años 2010, 2013
FMI. 2014. Perspectivas de la economía mundial. Actualización de las proyecciones centrales. Publicado el 21 de enero de 2014.



