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viernes, 1 marzo, 2024
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Sobre la necesidad de una nueva regulación económica mundial

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Por: José Luis Pinedo Vega •

Entre el 15 y 19 de enero 2024 se celebró la 54 edición de la cumbre de Davos, en donde se reunieron cerca de 100 jefes de estado, más de 1000 empresarios de multinacionales y aseguradoras, académicos, organizaciones sociales y medios de comunicación. El objetivo, como cada año, fue “reflexionar sobre los desafíos del mundo marcados por las tensiones geopolíticas y plantear posibles soluciones”. Este año el evento se tituló Reconstruir la Confianza. Los temas sobre la mesa fueron: la seguridad internacional, el crecimiento económico y, como riesgos de la economía mundial, se apuntaron en la agenda: la Inteligencia Artificial, las Fake News y los Cambios Climáticos.

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¿Son estos los principales problemas que ponen en riesgo la economía mundial? Depende del cristal con que se mire. Para capotear el temporal, tal vez sí, pero no para la humanidad. Los problemas cruciales más apremiantes, sin hacer énfasis en el orden de prioridad, son: la crisis climática, la migración, la violencia, y la corrupción. Y todos tienen raíces comunes. ¡Veamos!

Los principales responsables de la crisis climática son los países industrializados o el primer mundo, porque ellos, durante más de un siglo, en aras de la modernidad y el confort han liberado los mayores volúmenes de emisiones de gases de efecto invernadero resultado del consumo de los combustibles fósiles. Ciertamente, sin los combustibles fósiles no hubiera habido la modernidad y el confort, esas estrellas de occidente que guía y embelesa al mundo, no sin ser influenciado por las exorbitantes campañas de publicidad, que cuestan el 10 % del PIB mundial. 

Los costos de la modernización son: el agotamiento de los recursos naturales, el deterioro de la atmosfera, los cambios climáticos y las catástrofes producidas, y la profundización de las desigualdades. La modernización ha beneficiado prioritariamente al primer mundo durante más de un siglo, mientras que a los países pobres llega a cuentagotas y sigue siendo una aspiración. Sin embargo, las catástrofes climáticas, que se suceden cada año con mayor violencia y que afectan a todo el mundo, se sufren en extremo en los países pobres, donde reponerse de ellas suele tomar décadas, mientras que el primer mundo solo son pesadillas que se resuelven de un año al otro.

De ahí surgió el argumento de que los países industrializados debieran de indemnizar a los países pobres, a partir de un fondo de ayuda para desastres climáticos que debería ser aportado por el primer mundo. Los países ricos en su mayoría están ubicados en el hemisferio norte y la mayoría de los pobres en el hemisferio sur. Y fue en la COP 15 de Dinamarca donde se reconoció por primera vez la llamada controversia Norte-Sur; y se propuso crear el fondo de ayuda para ayuda a los países pobres afectados por las catástrofes climáticas. Dicho fondo se consideró que debería ascender a 100 mil millones de dólares. Aunque después de 13 COPs más, ese fondo jamás se constituyó. En la COP 28 en Dubái se puso en evidencia que solo hay posibilidades de reunir del orden de 1 mil millones de dólares. O sea que sigue la tendencia de que cada quien para su santo; y así, los países del tercer mundo, además de pobres seguirán siendo los más expuestos a las catástrofes producto del confort de los países ricos. 

Para resolver todo tipo de crisis –climáticas, sanitarias, económicas y de violencia- y para adquirir beneficios de la modernidad, los países pobres tienen que recurrir a la Deuda. Y el pago de interés de la deuda hace que siempre arrastren un enorme déficit fiscal, o que con la capacidad de recaudación no alcancen para cubrir el gasto social y por tanto que la deuda siga creciendo. Así que, a pesar de que persiste la idea, o mejor dicho, la ilusión de que en el mundo capitalista, o en la economía de mercado, todos los países tienen la posibilidad de convertirse en países ricos, la realidad es que no, la capacidad de crecimiento está negada para todo el tercer mundo, y severamente condicionada para países en desarrollo; y de eso se encarga el sistema financiero mundial.

Y el pago de los intereses de las deudas a la banca internacional, al Banco mundial y al FMI constituye un flujo continuo de capitales, de los países pobres a los países ricos, del Sur hacia el Norte, que hace más ricos a los ricos, niega el desarrollo a los pobres y profundiza la conveniente diferenciación entre países. Al ritmo de crecimiento de los países en desarrollo y de tercer mundo, las deudas son impagable. Para muestras, ha sido evidente en múltiples foros, que el FOBAPROA es impagable o probablemente se termine de pagar hasta el 2070, si el estado le da prioridad y se olvida de atender el sistema de bienestar. 

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, al controlar la dirección del flujo de capitales controlan la economía mundial y tienen maniatados a los países pobres; para que sigan teniendo la función de proveer de materias primas y sean clientes cautivos de los países ricos. Es decir, el sistema financiero mundial, se encarga de que las desigualdades sean motor del capitalismo, con su flujo de mercancías y de capitales siempre en el mismo sentido.

Y las desigualdades son la causa principal de migración, de la violencia y de corrupción. Una de las causas de migración es la legitima búsqueda de mejores condiciones de vida, aunque se agregan otros factores, como la aspiración de mucha gente de tratar de hacer realidad, el sueño americano o el sueño europeo. Pero la diferenciación social, también induce a no poca gente a tratar de vivir bien y de manera fácil o con el mínimo esfuerzo. Y esta última aspiración, es la causa de criminalidad, de la multiplicación de bandas que se dedican a la extorsión, al secuestro, al cobro de derecho de piso…; en las que participan gentes de diverso estatus social y no propiamente gente pobre. 

La aspiración a vivir bien y de manera fácil es también la principal causa de la corrupción. El espectro de la corrupción se da a todos los niveles y es más amplio de lo que imaginamos. La más lesivas para la economía ha sido: las escandalosas desviaciones o malversaciones de dinero hechas por gobernadores y funcionarios de gobierno, la condonación de impuestos a los multimillonarios, la “venta” de empresas paraestatales so pretexto de ineficiencia, el tráfico de influencias para otorgar concesiones, el promover y hacer negocios a costa del presupuesto del estado,… Pero en otra proporción, también es corrupción: la venta, negociación o repartición de puestos políticos y de gobierno, la venta o renta de plazas de aviadores, las dobles plazas, los comerciantes que no enteran el IVA que cobran, los profesionistas liberales que cobran en efectivo y evaden o no pagan impuestos… Y toda forma de corrupción además de que es lesiva para la economía es causa de diferenciación social, que incita a otros a querer hacer lo mismo. 

La gran contradicción es que la riqueza en el mundo sigue aumentando. Según el informe de Davos, desde el inicio de la pandemia, a fines del 2019 y el 2023, los multimillonarios del mundo duplicaron sus fortunas, mientras que 5 mil millones de personas cayeron en extrema pobreza. Esto da cuenta del flujo y concentración de capitales, que hace que la estratificación económica sea cada vez mayor entre países y entre los habitantes de cada país.

El 2024 será un año difícil en todo el mundo. En el 2023, la sequía en algunas regiones y las inundaciones en otras, resultado de la crisis climática, amén de la guerra en Ucrania, han causado enormes estragos en la producción agrícola a nivel mundial, produciendo escases de unos productos más que de otros, que inevitablemente se traducirá en aumento de precios de los alimentos y en inflación, y sin duda se recrudecerá el problema de las desigualdades y incitará la migración y la violencia. 

La solución no es simple, hace falta una nueva regulación económica mundial, nuevas reglas para garantizar un nuevo equilibrio económico mundial. Se necesita un nuevo tratado Bretton Woods que promueva un nuevo equilibrio en el mundo. Este no tiene por qué inventarse, puede ser similar al que resolvió la Crisis de 1929 y que se instauró después de la II Guerra mundial. Aunque en efecto, hacen falta estadistas del corte de Roosevelt y Churchill, que además de tener las ideas tengan la facultad para llevarlas a la práctica. 

Es necesario contener el mercado financiero y combatir la especulación a nivel mundial. Hace falta poner en práctica el impuesto Tobin – premio nobel de economía en el 1981- que evite la especulación financiera, hace falta combatir o boicotear los paraísos fiscales.

Es necesario inducir una forma de consumo más racional; por respeto tanto a la preservación del medio ambiente como de los recursos naturales. Para ello hay que seguir fortaleciendo el pensamiento humano.

Así que Davos y las Cumbres no son más que simulacros de revisión de los problemas mundiales, para seguir igual.

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