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sábado, 24 septiembre, 2022
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Syriza: entre la esperanza y la inspiración

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Por: LEONEL CONTRERAS BETANCOURT •

Grecia, el país península, cuna de la civilización occidental y de las ciudades estados, asiento de la cultura clásica y la fundadora de la democracia levanta la voz. Los Helenos vuelven por sus fueros y dan al mundo una lección de dignidad. Tratan de salir del extravío por donde los condujo el credo neoliberal dominante.

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Tomo el título de estas notas de la paráfrasis de las últimas líneas del artículo  sobre el triunfo de la oposición en Grecia, publicado el martes en La Jornada, por Pedro Miguel en que menciona: “…el vuelco marcado allá por la victoria de Syriza es esperanzador para los griegos e inspirador para nosotros”. Efectivamente, la alianza opositora de los partidos que se unieron bajo un programa y el líder que la encabezó de signo socialdemócrata, es una muestra de la forma como se puede frenar la embestida del capitalismo financiero salvaje. Busca reformar al capitalismo dentro del capitalismo con medidas que sirvan a la gente y no que la jodan más de lo que ya estaba.

El reto está por delante, revertir el estado de ruina social que dejó la banca europea en complicidad con los gobiernos griegos. Por lo pronto la mayoría de los electores griegos con su voto han dicho no a la política usurera impuesta por la Troika. Le han puesto freno al saqueo de la riqueza de la vieja Hélade a la que llevaron a un endeudamiento bárbaro al grado que entre más pagaba más crecía su deuda. Usura pura. El endeudamiento de la nación griega al momento de las elecciones celebradas el domingo anterior se ubicaba cerca de 175 por ciento de su PIB, equivalente al total de la riqueza producida y tres cuartos más. Su deuda se acercaba al doble de lo que producían, por lo que ya resultaba impagable con las condiciones impuestas por los banqueros. ¿Quién puede vivir con dignidad cargando el peso de un endeudamiento como ése? El saldo de las políticas impuestas por los dueños del dinero para supuestamente salvar la crisis que contrariamente día a día seguía aumentando, ha sido el desempleo de 26 por ciento de la fuerza laboral, los niveles de pobreza se duplicaron en cinco años por lo que el griego común es doblemente pobre a lo que era hace un lustro; a los jubilados se les fueron recortados parte de sus pensiones, los trabajadores y empleados públicos que mantuvieron su trabajo vieron reducidos drásticamente su salario y por contrapartida los precios de los servicios públicos y mercancías se dispararon a precios estratosféricos, en medio del cierre de un sinnúmero de empresas; todo esto y más mientras la deuda seguía creciendo. Esa política de saqueo obligaba a la organización, a la indignación y lanzarse a una lucha pacífica por la reivindicación de la justicia y la dignidad pisoteadas. Lo que sigue para Syriza y su líder Tsipras será seguir dentro de la CE con el euro como moneda pero con sus métodos y propuestas para pagar la deuda a partir de una renegociación que implica ampliar los plazos y pagar cuando tengan y en la medida que puedan. El expolio ya ha sido grande y los griegos lo han pagado con un empobrecimiento extremo y un retroceso en la educación, la salud y el empleo. Por lo pronto se han dado pasos radicales por necesarios: no cobrar la luz eléctrica y aumentar los salarios para resarcir su poder compra. Lo que sigue es levantar el nuevo edificio social a partir de las ruinas.

Cuánto parecido existe entre Grecia y México por lo que hace a las políticas expoliadoras impuestas por el consenso de Washington y el gran capital. Aquí nuestros gobiernos desde que nos fue impuesto el modelito hace ya más de tres décadas, cuyos saldos son parecidos a los observados en Grecia, gobiernan según los dictados del capitalismo financiero y del vecino del Norte. Lo hacen además con una voracidad y corrupción rampantes. Y sin embargo, por desgracia México no es Grecia o por lo menos todavía no, pero como se parecen las consecuencias en los estragos ocasionados por el neoliberalismo. Son las mismas aunque en otra dimensión. Nuestro problema es que entre nosotros aún no es lo suficientemente grande la organización social para terminar con los malos gobiernos. Todavía no tenemos nuestro Syriza y el líder que unifica a la mayoría del electorado, tampoco contamos con un Podemos, el emergente partido español que amenaza aplicar la misma receta que la de su par griego para imponer un nuevo programa político con reformas económicas que beneficien a la población y reviertan el estado de cosas. Nuestras izquierdas en lugar de aliarse y unirse se dividen. Les interesa más seguir como franquicias que esforzarse en la salvación del país a través de un programa común. Por lo pronto el ejemplo que puede inspirarnos a optar por el cambio ahí está, se llama Syriza. ■

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