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jueves, 6 octubre, 2022
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Insolubilia y los problemas de la UAZ

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Por: Araceli Rodarte • ALBERTO VÉLEZ RODRÍGUEZ • ROLANDO ALVARADO •

Un “insolubilia” es un problema insoluble. Durante la Edad Media fueron tratados varios de ellos, siendo el más famoso la paradoja de Epiménides –o del mentiroso-. Las “soluciones” propuestas quedaron resumidas en el libro Insolubilia de Thomas Bradwardine. En 1906 aparece, en el Revue de Métaphysique et de Morale (v 14, pp. 627-650), un artículo de Bertrand Russell –en francés- que en inglés lleva el título de On “Insolubilia” and its solution by Symbolic Logic. En tal artículo Russell se plantea resolver las paradojas del tipo de la de Epiménides, y otras más que había explicado en su The Principles of Mathematics de 1903.

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Es bien sabido que la propuesta de Russell fue su “teoría de los tipos” que consiste, grosso modo y desde el punto de vista sintáctico, en una severa regimentación sobre la formación de proposiciones. Por lo tanto, aunque podemos decir cualquier cosa, no todo lo que digamos tendrá sentido. Hemos argumentado en otro artículo que los problemas que afronta la UAZ, de los cuales el financiero es un aspecto, son insolubles si por solución se quiere una “solución técnica” que permita que no cambie nada, y que todo siga igual. Una de tales soluciones es la petición no matizada de incremento al subsidio ordinario.

Tal solución no es viable, y no debería ser creíble, porque el crecimiento del pasivo laboral debido a las obligaciones hacia los jubilados y pensionados es mucho más rápido que el crecimiento del subsidio ordinario en cualquier circunstancia, y dada la presión por el crecimiento de la UAZ debido a su dinámica interna, es imposible dedicar todo incremento del subsidio ordinario al pago de pasivos.

En el reciente artículo de Miguel Moctezuma Longoria (La Jornada 25/11/2014) se menciona que el incremento al subsidio no es solución, y se propone que se debe tener una visión amplia –nacional e internacional- de la situación. Pero si el incremento al subsidio no es la solución ¿cuál lo es? Nuestro insolubilia, para volverse tratable, debe primero reconocerse como tal y que se vuelva opinión generalizada que ciertos límites son necesarios en la conducción de la Universidad. Garrett Hardin sostuvo, en sus muchos libros y artículos y con variados matices, que la solución a la tragedia de los comunes se basaba en dos arreglos institucionales: o la eliminación de la propiedad común –o pública- que en nuestro caso equivale a privatizar la Universidad, o la administración centralizada del Estado –que equivale a abandonar la autonomía-. No es ilusorio asumir que el pensamiento de muchos universitarios se mueve en esas coordenadas. Sin embargo, Elinor Ostrom, en un artículo en Science (v. 302, pp. 1907-1912) no cree que esos sean los únicos arreglos institucionales que resuelvan el problema. Nosotros tampoco lo creemos, y sostenemos que ya existe la infraestructura institucional para controlar el problema porque:

(i).-Existe una estructura de consejos –universitario, área, unidad- que permite un  monitoreo del uso de los recursos con la capacidad de configurar el presupuesto universitario de acuerdo a necesidades reales de las unidades académicas.

(ii) Si esa estructura de consejos funciona, se puede crear una red de comunicación entre los universitarios que genere confianza en que el uso de los recursos es el correcto, además de que fortalecerá el respeto por las normas.

(iii).- Si esa estructura funciona, y se mantiene la red de comunicaciones, las intromisiones de actores extraños al sistema se puede controlar, y sus efectos disminuir.

(iv).- Si todo lo anterior perdura en el tiempo, la modificación del sistema para adaptarse a nuevas condiciones –i.e. la adecuación de las leyes condiciones de operación distintas- se volverá algo cotidiano y se reducirán los costos de las reformas.

Sin embargo estamos trabados en un andamiaje institucional pletórico de burócratas fatalistas que quieren renunciar a la autonomía para sostener sus estrechos intereses de grupo, como queda claro de la actitud defensiva de los directores ante la necesidad de que exista transparencia y respeto a la Ley Orgánica en la manera en que administran los recursos universitarios.

Nuestros insolubilia son tratables si podemos echar a andar aquella reglamentación que ya existe y que contribuye a generar transparencia y confianza, si podemos construir la que falta y, quizás más importante, eliminar la impunidad y la frivolidad en el manejo de los recursos mediante la aplicación estricta de las penas establecidas en la Ley Orgánica.

Hoy sabemos que Russell abandonó el método sustitucional  que propuso en su On insolubilia para enfocarse en el fallido programa de Principia Mathematica. Esperemos que nuestros dirigentes dejen de considerar las limitaciones y las leyes una burlería que pueden omitir, y comiencen a tratar con seriedad los problemas universitarios. De otro modo, el ominoso cuadro trazado por Moctezuma será la lápida de nuestras aspiraciones como universitarios. ■

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