14.8 C
Zacatecas
jueves, 11 agosto, 2022
spot_img

La estupidez de la izquierda electoral: Narciso contra el cambio de hegemonía

Más Leídas

- Publicidad -

Por: MARCO ANTONIO TORRES INGUANZO • Admin • admin-zenda •

A hora vivimos la hegemonía de poderes económicos multinacionales actuando a través del PRI, y su signo distintivo es el ramillete de reformas estructurales. En el tablero político aparece dominando la escena la tensa relación del grupo Atlacomulco con el sonorense. En torno a ellos se aglutina toda la estructura política del Revolucionario Institucional. Y es hegemónico porque genera en torno a sí un consenso que, a la vez, es una relación de dominio que subordina de alguna manera al resto de actores políticos. Ha logrado integrar al PAN y al PRD y, con ello, incorporar algunas de sus demandas (sobretodo regionales) pero bajo el orden que él establece. Así es la hegemonía: integra a otros pero les impone su orden. Los resultados de esta situación es el saqueo de la riqueza nacional. Es como haber puesto al tigre al cuidado de la carnicería. Hay pocos equilibrios en la correlación social de fuerzas que impida que el tigre se sirva como quiera. Para generar dicho equilibrio debe ascender otro bloque de fuerzas sociales alrededor de un actor hegemónico emergente que combata la extrema desigualdad que provocan los poderes multinacionales.

- Publicidad -

Sin embargo, ese actor emergente no brota porque las izquierdas están en una fragmentación narcisa: dividida en grupos que sólo se ven a sí mismos. Como el caso de la designación de candidato a gobernador en Zacatecas, la lucha de grupos alrededor de un aspirante se hizo de imposible solución porque el único criterio de alianza era el propio aspirante. Para hacer posible una amplia unidad se requería poner un programa en el centro y no a una persona. Pero nunca se logró hacer esto último, porque no está en su interés primario ningún programa, sino la ambición de personas tejidas en grupos que pretenden adueñarse del mando y los recursos públicos. Esta conducta narcisa hace imposible tejer la creación de un actor hegemónico. El narcisismo político impide también la representación activa de las fuerzas de izquierda, y este es el mecanismo esencial del letargo en las posibilidades de movilidad política. Expliquemos esto con más calma.

La “Representación” no es sólo el eco que las élites hacen de grandes clases sociales (el sentido de representados a representantes), sino —recordando a Gramsci— la constitución de “voluntades colectivas” (el sentido inverso, de los representantes a representados): es en los procesos de representación donde emerge algo que no había, a saber, una voluntad colectiva que, por serlo, es un conglomerado actuante.  Se construye un conglomerado de actores heterogéneos, pero en el cual un actor logra generar cierto consenso porque pone en el centro algo que interesa a todos, un programa emergente que tiene una cualidad especial: es un sistema equivalencial de todos los intereses parciales o sectoriales que confluyen en el bloque (como lo dice Laclau). Pues bien, el narcisismo es el antídoto para construir dicho bloque, porque elimina la posibilidad de construir articulaciones de representación activa. Así las cosas, no hay voluntades colectivas en base a un proyecto contra-hegemónico, porque sólo campea la voluntad narcisa del candidato, que se dispone a la alianza si y sólo si él, y sólo él, encabeza en mando.

Los tres narcisos, en este caso, son los señores David Monreal, Pedro de León y Rafael Flores. Y los equipos que se forman alrededor de ellos son activistas de su propio proyecto: los apoyan porque tienen la expectativa de ganancia inmediata mediante una retribución o pago en las estructuras de mando estatal. Luego entonces, no es sólo un candidato narciso, sino una red de grupos narcisos. Por ello, como grupos están imposibilitados de generar una nueva hegemonía, y por tanto, son en realidad un obstáculo para el cambio de políticas. Serán grupos subordinados a la hegemonía actual. No representan ruptura del orden contemporáneo.

Pensar en la posibilidad de cambiar el orden existente, pasa por impulsar o crear un actor que sí pretenda ser hegemónico. Hay una fórmula que ha tenido cierto éxito en el impulso de cambios esenciales en las políticas contra la corrupción, y que lo ha tenido a pesar de la clase política: el enlace orgánico entre equipos académicos y organismos de la sociedad civil a rededor de propuestas muy puntuales sobre temas puntuales. En este caso, el ejemplo es la iniciativa de ley de Responsabilidades, mejor conocida como 3 de3. La pregunta es si una red como la mencionada, puede en Zacatecas llegar a convertirse en un futuro actor hegemónico. Es una posibilidad, porque en la vía de los partidos políticos está negado el cambio.

Así las cosas, cualquiera de los partidos que gane la gubernatura será casi lo mismo en términos de su forma de gobierno, sólo cambiarían los grupos de interés. Están imposibilitados para generar una nueva hegemonía, luego entonces, están imposibilitados para representar cambio alguno. Estamos ante una clase política que se recicla a sí misma y sólo contemplándose a sí misma. ■

- Publicidad -
- Publicidad -spot_img

Noticias Recomendadas

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

- Publicidad -spot_img

Últimas Noticias