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martes, 31 enero, 2023
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Editorial Gualdreño 553

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Por: Xol Hernandez •

Por: JÁNEA ESTRADA LAZARÍN

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De los sismos en Zacatecas

Desde hace tiempo se ha venido escuchando que los habitantes del centro histórico de Zacatecas hablan de temblores, de sismos registrados en la ciudad, pero nunca con la frecuencia suscitada durante este año 2022. Previo a esto, recuerdo ahora dos momentos en los que los movimientos de la tierra en nuestra ciudad han tenido relación con temblores en otras ciudades del país; el primero de ellos fue en 1995 durante el mes de octubre, ese día me extrañó ver cómo una lámpara comenzó a moverse sin que hubiera corriente de aire que provocara el movimiento… más tarde nos dimos cuenta que el epicentro del terremoto  había sido en Colima y que hasta acá, una zona en la que no suelen ocurrir estos fenómenos -o por lo menos sentirse- habían llegado sus efectos. El segundo del que tengo memoria ocurrió en septiembre de este año y tuvo relación con el sismo cuyo epicentro fue ubicado en las costas de Michoacán; el temblor de ese día no solo se sintió en la capital del Estado, sino en algunos municipios como Jerez.

Pero los otros temblores, esos pequeños sismos experimentados recientemente, no han tenido relación con otros registrados en otros estados como en los casos descritos anteriormente. Las primeras veces que me percaté de estos movimientos “raros”, en los que la tierra parece cimbrarse debido a una especie de impacto muy fuerte, veía en las redes sociales que más personas daban cuenta de ello seguido de comentarios y cuestionamientos que hacían alusión a las posibles explosiones y detonaciones -supuestamente- controladas de las minas aledañas a la ciudad; la gente que vive sobre todo en el barrio de Mexicapan y en las colonias Lázaro Cárdenas y Díaz Ordaz es la que más hablaba de que este tipo de “acontecimientos” telúricos eran cada vez más frecuentes.

El sábado 26 de noviembre, alrededor de las 9 de la noche se registró uno de los más comentados, tuvo una magnitud de 2.7 de acuerdo con el Sismológico Nacional; pero más tarde, 5 minutos después de la media noche se sintió el que a mi parecer fue más fuerte: las ventanas vibraron y la casa pareció moverse, asentarse, como si un peso muy grande hubiera caído sobre el techo. Fueron solo unos segundos, como aquellos que dura un impacto seco si usted ahora mismo golpea con el puño una mesa de madera.

La casa donde vivo es de reciente construcción y así se sintió, no puedo imaginar lo que pasó, por ejemplo, con edificios más antiguos del centro histórico que conforman parte de nuestro patrimonio cultural. ¿Qué daños, perceptibles o no, sufrirán estos edificios con este tipo de movimientos? Es algo que tiene que registrarse y no tengo duda que las autoridades del INAH, por ejemplo, estén considerando realizar los estudios pertinentes. Independientemente de cuál sea la causa, debemos poner atención a los daños que estos temblores están ocasionando, sobre todo si se pueden evitar.

En el año 2018 publicamos aquí, en La Gualdra, el artículo del Dr. Hiram Badillo, profesor investigador de la UAZ, en el que nos decía que “de acuerdo a registros históricos existentes, se ha encontrado que en el Estado han ocurrido eventos sísmicos de baja y mediana intensidad desde la época colonial hasta nuestros días”,[i] y narra cómo en 1622 los movimientos sísmicos provocaron que los habitantes de la ciudad juraran “patrón a S. Nicolás Tolentino”.[ii] El dato es relevante porque nos indica que, pese a que Zacatecas se registra “como una región tectónica estable, caracterizada por una baja sismicidad”,[iii] ha tenido movimientos telúricos y los sigue teniendo.

Recomiendo a usted leer nuevamente el artículo mencionado, porque hace énfasis además en que “Para las distintas autoridades encargadas de la protección y conservación del patrimonio arquitectónico, el reto que se presenta ante esta situación es coyuntural, ya que debemos asimilar que prevenir el daño es preferible a repararlo una vez que éste ya ocurrió, sobre todo si se tiene en cuenta que el patrimonio cultural es mucho más vulnerable que otros bienes y además, que éste es un recurso no renovable”.[iv] Demos seguimiento a esto, la realidad nos dice que es impostergable.

Que disfrute su lectura.

 

Jánea Estrada Lazarín

[email protected]

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_553

 

[i] Badillo Almaraz, Hiram, “Zacatecas, sismicidad y patrimonio arquitectónico o la encomienda de San Nicolás Tolentino”, en La Gualdra No. 335, 24 de abril de 2018, p. 9. https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_335

[ii] Ídem.

[iii] Ídem.

[iv] Ídem.

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