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miércoles, 30 noviembre, 2022
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El precio de las ideas

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

No se puede saber si falló el “timing” del vídeo en el que un grupo de actores y cantantes rechazan el tren maya, o si salió en el momento indicado, si no se tienen claras sus intenciones

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La salida al público ocurrió justo después de la inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, quizá por mera casualidad, porque hasta entonces terminaron la edición del mismo, o porque creyeron que sería entonces cuando recibiría más atención. No se sabe…

Lo cierto es que el momento dio margen a pensar que su surgimiento es la fase siguiente de un movimiento opositor que ya agotó los discursos sobre el manejo del Covid, la vacunación, los medicamentos para niños con cáncer, y recientemente el aeropuerto que está ya en funcionamiento.

Parece que lo previeron, porque en el propio vídeo advierten con toda literalidad que no son opositores, ni están en contra del gobierno. Aunque a decir verdad, si así fuera, estarían en todo su derecho.

No les ayuda en el desmarque el rápido respaldo de Felipe Calderón, quién hace méritos para convertirse en el némesis del presidente, aunque hasta ahora ha recibido menos atención que Carlos Loret de Mola o que Chumel Torres.

Poco puede decirse en este espacio sobre la discusión técnica sobre el tren maya. Pareciera de por sí, que cualquier cosa que se diga llega tarde, no sólo por el avance de la obra, sino porque ésta ya fue legitimada a través de una consulta que arrojó un 92% favorable a la obra, que coincide con la aprobación a la misma que reporta la encuestadora de María de las Heras.

Por si no fuera suficiente, el tren maya también ha recibido elogios de la ONU, que consideró este proyecto como una palanca de desarrollo del sureste, en un lugar en el que urge oportunidades para los habitantes del lugar, que hasta ahora solo ven enriquecerse a las grandes cadenas hoteleras beneficiarias de la belleza del sur, a costa de la naturaleza y de la mano de obra barata y semiesclavizada.

Por todo ello, y con todo ese trecho andado, no queda claro el detonante que dio pie a la movilización contra el tren maya de estos artistas de variopinto estilo.

Buscándole, algunos atribuyen la manifestación que a simple vista parece trasnochada, a las modificaciones al tramo 5 que se anunciaron recientemente.

Es posible, pero los vídeos difundidos no lo explican así, o no lo suficiente. El rechazo al tren tiene argumentos generales sobre que “no necesitamos un tren” o que “se han talado cientos, miles de árboles y podrían ser millones más”.

A ello, responden ambientalistas hablando del trasplante de árboles, y de otras medidas ecológicas relacionadas con el tren.

Al discurso también es fácil de atribuirse ese ecologismo “blanco” y barato, que carga la responsabilidad ambiental a los individuos y calla ante las acciones empresariales. Ese discurso simplista que presiona rigurosamente a los países “en desarrollo” en aplicar medidas ecológicas limitantes a u economía, mientras le aplaude las migajas ambientalistas a las potencias aunque son ellas las que tienen los hábitos de consumo, que más daño causan al planeta.

Pero el discurso en respuesta se ha centrado en la presumible incongruencia de algunos de estos artistas quienes han callado ante muchos desastres ecológicos.

Es difícil meter a todos en esa misma cubeta, porque la trayectoria de izquierda y activismo de doña Ofelia Medina no puede equiparse con la carrera banal de Bárbara Mori, o los tropiezos de Kate del Castillo, cuyos esfuerzos de construir discurso político se han traducido en su hundimiento y desprestigio.

Aún si ésta fuera la primera vez que hablaran, eso tendría que ser motivo de aplauso y no de recriminación porque en algún momento tendrían que empezar a preocuparse por algo de lo que sucede más allá de sus privilegiadas burbujas. Y si este es el momento, enhorabuena.

El problema reside en otra cosa, el problema está en que nos hemos acostumbrado a que discursos como este tengan patrocinadores, y se vea las decisiones políticas como decisiones de consumo; como si elegir entre una opción política y otra fuera tan superficial como elegir una cerveza clara u obscura.

Quizá, no lo sabemos, este no fuera el caso, pero ha sido esta una constante reciente en nuestra cultura política, desde la Gaviota hasta los influencer contratados por el Partido Verde Ecologista de México, y las sanciones a ello han sido insignificantes para ese gremio, por lo que en la relación costo-beneficio es más sencillo pagar una multa, que dejar de engañar a su público diciéndoles que piensan de determinada manera.

No sabemos si nos encontramos en uno de esos momentos, pero esta es una buena oportunidad para que por el bien de todos, se empiece a discutir si a las ideas, sean las que sean, se les puede poner precio.

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