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martes, 29 noviembre, 2022
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27 años del Museo Zacatecano

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Por: Víctor Hugo Ramírez Lozano •

La Gualdra 544 / Museos / Museo Zacatecano

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El pasado 7 de septiembre el Museo Zacatecano cumplió un año más de servir a la sociedad desde el baluarte de la cultura; su misión de preservar, investigar, exhibir y difundir sus colecciones con que se ha ido formando y robusteciendo sigue vigente y más que otras veces, se enfrenta a la necesidad de adaptarse a las nuevas realidades para atender a públicos más amplios y diversificados.

Cuando abrió sus puertas en 1995, en la planta alta de la antigua Casa de Ensaye, lo integraban únicamente las colecciones de Hierros Forjados Coloniales, donada por don Guillermo Tovar de Teresa; la de Retablos Populares Mexicanos del siglo XIX (200 obras) formada y donada por don Fernando Juárez Frías y la colección de 176 bordados de arte huichol y otros objetos rituales reunida por el médico belga Enrique F. Mertens, la que desde 1942 había sido adquirida por el Gobierno del Estado. Para complementar esta última se montó una serie de fotografías etnográficas del jalisciense Víctor Arauz y un diorama con esculturas del maestro Jorge Ismael Rodríguez López de Lara alusivo a la vida cotidiana wixárika.

En aquel primer momento aún permeaba en el ambiente museológico de la ciudad la constante de exhibir colecciones con cantidades exhaustivas de objetos relativos a un tema o a una estética, en este caso solo se buscó que tuvieran como gran hilvane un vínculo con “lo zacatecano” y no tanto atender la calidad, originalidad o valor artístico de las piezas; sin embargo, no podemos dudar del impacto que generó (y aún sigue provocando) el ver reunidos este importante número de objetos culturales. En el transcurso de sus primeros 15 años se sumaron paulatinamente conjuntos igualmente valiosos, como los de fotografía etnográfica de los antropólogos Colette y John Lilly; el de foto digital sobre el mundo indígena del Dr. Leobardo Villegas y el mural de chaquira -pieza icónica de este museo- “Visión de un mundo místico” del maestro wixárica Santos de la Torre.

El 2010 significó un parteaguas para el Museo Zacatecano, pues además de reubicarse en su sede actual (antigua Casa de Moneda), los acervos se exhibieron bajo nuevos criterios curatoriales y con montajes museográficos innovadores. Además de contar con espacios más amplios y acondicionados plenamente para un uso museal, se adicionaron una sala introductoria, una para usos múltiples y un área lúdica; asimismo se destinó una crujía para hablar -a grandes rasgos- de la historia del Estado; por primera vez se expusieron las máquinas con que se acuñaba moneda en el siglo XIX acompañadas de la colección de numismática zacatecana “Enrique Torres de Alba”, todo magníficamente montado en los espacios que fueron destinados a la fabricación de moneda desde 1810. 

Por si lo anterior fuera poco, se añadieron las exhibiciones de la obra plástica de los maestros Antonio Pintor Rodríguez, Mario Arellano Zajur y, desde 2018, la de Humberto Carrasco. Cabe mencionar que durante cuatro años se destinaron dos salas para mostrar parte de lo que hoy conforma el Museo Manuel M. Ponce. 

Si bien es cierto los esfuerzos han sido notables, aún resta mucho trabajo por realizar; es necesario más que nunca acercar este patrimonio a la población para que sea mejor entendido y apreciado; utilizar los medios electrónicos, redes sociales y visitas virtuales aún son temas pendientes al igual que contar con cedularios y guías bilingües. 

La atención a los principios de la agenda internacional de desarrollo sostenible, entre cuyos paradigmas más importantes están el derecho a la educación, el fomento a la cultura de paz y la reducción de las desigualdades también son ejes que debemos enfrentar; por ejemplo, es necesario que el Museo Zacatecano (y otros museos) garantice la accesibilidad a todos sus visitantes; debemos eliminar los obstáculos que impiden que una persona mayor de edad o con alguna limitación física transite entre las salas sin problema y sobre todo, pueda acceder a la información y experiencias visuales o auditivas que se ofrecen en el espacio museístico. 

El mantenimiento físico del propio inmueble es otra línea de trabajo que es ineludible; como inmuebles históricos, los procesos para conservarlos conllevan una serie de técnicas de restauración cuya naturaleza de los materiales (piedra, cantera, cal, madera, etc.) es onerosa; por ejemplo, para sustituir tres piezas de cornisa de cantera es necesario invertir alrededor de 35,000 pesos según las condiciones de altura, mano de obra, complejidad del labrado y banco del material. Si en un determinado caso se omitiera sustituirlas, la humedad comenzará a extenderse como una gota de tinta en el agua, poco a poco, silenciosamente, ocasionará desprendimientos de aplanados y lo que puede ser más perjudicial, daño al patrimonio cultural que se resguarda.

Son varias y afiladas las aristas por las cuales podemos abordar las problemática, necesidades y también las bondades de los museos como herramientas educativas; estamos convencidos que la semilla que hace 27 años dio vida al Museo Zacatecano, acrisolada en la mente y corazón de varios coterráneos, entre ellos las de sus fundadores, los señores Federico Sescosse y Eugenio del Hoyo, continuará creciendo y desarrollándose para la consecución de un objetivo más grande que solo cuidar de sus colecciones, el de generar un sentimiento de identidad a través del arte y la cultura que contribuya a formar mejores ciudadanos.

* Coordinador académico del Museo Zacatecano. 

Todas las fotos, salvo la de la fachada del museo, son de Antonio Ambriz.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/lagualdra544

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