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lunes, 8 agosto, 2022
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¿Qué esconde el “cambie la estrategia” y la mofa de “abrazos, no balazos”?

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

A los “críticos” encumbrados no les interesa la pacificación del país. Son falsos. Carecen de propuestas y acciones alternativas. “Hacen” política y mofa con las tristes noticias en su desesperación por retornar al poder con el que crearon el Frankenstein de la inseguridad del que se sirvieron, motivo de sus “críticas” y del que, algunos, forman parte activa.

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A ciencia cierta: ¿cuántos exgobernadores, y los actuales, dirigentes nacionales de partidos políticos, senadores de la República, diputados federales, locales, presidentes municipales, jefes policiacos o elementos rasos de cuerpos de seguridad, además de ministros, jueces, fiscales, agentes de los ministerios públicos, abogados, conductores de medios monopólicos, de la talla de Loret de Mola, etc. trabajan con el crimen organizado? ¿Quiénes de ellos, en su tradicional hipocresía, se erigen como fervientes “críticos”?

Tan solo mencionar a esa enorme estructura que, sin dudarlo, trabaja con el crimen organizado, nos damos cuenta de la inmensidad del problema. Más si tomamos en cuenta que sólo es el andamiaje de “apoyo” y logística desde lo institucional, habría que sumarle los miles de personas que operan directamente en el cultivo, almacenamiento, trafico, venta al menudeo de enervantes; químicos que procesan las fórmulas de las anfetaminas, fentanilo y muchas otras drogas.

Además, deben contabilizarse los miles encargados en distribuir drogas entre “puchadores” y tienditas, los “halcones”, responsables del espionaje y la vigilancia geográfica, los del lavado de dinero, contadores y abogados, cobradores de piso, los encargados del secuestro y extorsión, los sicarios, que son el brazo armado de los cárteles, a los especialistas en manejo de armas, decapitar, torturar, etc.

Crear y sostener estas estructuras lleva años y muchos recursos. Se sabe que tienen instructores por especialidad, centros de entrenamiento, sus propias leyes internas y de operación, además del bagaje ideológico y lenguaje que les da identidad y sentido de pertenencia. Todos son desechables, lo que perdura es la organización. Pero conservan sus características.

La realidad nos dice que la lucha gubernamental aún no ha sido suficiente para desarticular los cárteles. Éstos han hecho escuela y tienen mecanismos de rápida reproducción, incluso para sustituir, en cuestión de horas, a líderes regionales abatidos o encarcelados.

Pocos pueden desconocer que la mayor parte de los homicidios son entre miembros de los cárteles que se disputan territorios y plazas. O de personas que, de alguna manera, estuvieron involucrados. Para evitar manipulaciones, es de subrayar que entre los caídos hay inocentes. Por eso: ¿Hasta dónde las víctimas eran criminales que ya debían vidas?

Una de las observaciones de los “críticos”; ilegal, inmoral y contradictoria con sus dichos, se enfocan a que se apliquen medidas asesinas contra “los criminales” para disminuir las “víctimas” (que en su mayoría fueron criminales). Se refieren a eso cuando insisten en “que se cambie de estrategia” porque, en su opinión, “no han funcionado los abrazos” y que debe permitirse a los cuerpos de seguridad actuar con letalidad, oficialmente asesinando. Otros “críticos” hablan de negociar con los cárteles. Por algo será.

Se quejan de que México se ha militarizado y, paradójicamente, exigen que el ejército y la guardia nacional se apliquen usando las armas para garantizar la seguridad. Reclaman que se respeten los Derechos Humanos y, a la vez, piden se violente el Estado de Derecho. Dicen que vivimos una dictadura cuando se habla de “abrazos” y ellos prefieren los balazos. Los hechos de Calderón y Peña constatan que son falsos. Promueven el exterminio de unos y mantienen lazos selectivos con otros.

El presidente López Obrador ha sostenido que “la violencia no se combate con la violencia”. Más claramente: los homicidios no se evitan matando a los asesinos porque sólo cambia al causante directo de la mortandad. Ir a las causas significa cerrar la “fábrica” delincuencial.

“Los abrazos” sólo pueden entenderse frente a su contrario: “los balazos”. El día se distingue por la noche y viceversa. Como metáfora invita modificar represivas y excluyentes políticas públicas y las acciones de gobierno, muchas emergidas del modelo neoliberal y otras de una entrelazada convivencia con EEUU.

Eso es necesario, pero insuficiente. Ocupamos rescatar a la célula básica de la sociedad: la familia con sus principios y valores, sin toxicidades, con solvencia económica, oportunidades y sin exclusiones de ningún tipo. Urge abonar a los acuerdos internacionales para compartir esfuerzos en el combate al tráfico, consumo de drogas, financiamiento al crimen y exportación de armas de EEUU a México.

Es imperativa la reestructuración profunda de las instituciones de la administración y procuración de la justicia. También inducir a estados y municipios a aplicar iniciativas específicas, multidisciplinarias e interinstitucionales que resulten transversales en el que se evite el desprecio a los jóvenes. Urge combatir al oportunismo político-ideológico por desinformar mientras finge preocupación con el único propósito de sacar raja electoral.

 

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