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jueves, 26 mayo, 2022
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La esperanza puesta en las infancias

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Por: JÁNEA ESTRADA LAZARÍN •

Editorial Gualdreño 524

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La clave está en las infancias. Nadie podrá salvarnos salvo ellos, los niños y las niñas de ahora que en un futuro tendrán en sus manos los destinos de este país. No quiero caer en el lugar común de afirmar solamente que “el futuro es de ellos” porque eso es más que evidente; lo que deseo es proponer que nosotros, los adultos, propiciemos que nuevas políticas públicas sean diseñadas e implementadas para que los y las menores de edad tengan una educación diferente, nuevas perspectivas de vida, una nueva y diferente orientación -más efectiva- a todo lo que tenga que ver con la erradicación de las violencias y, por supuesto, estrategias diferentes para construir escenarios de paz que nos dejen vivir, así: que nos dejen vivir.

El caso de Debanhi Escobar -tal vez por la atención mediática que se le ha dado y por la movilización realizada por su familia primordialmente en las redes sociales-, nuevamente cimbró a una sociedad que ha tendido a normalizar -tristemente- casos como el de esta joven, quien, como cientos de mujeres en México, apareció muerta después de días de no ser localizada. Lo hemos normalizado, así como el hecho de tener noticias todos los días sobre asesinatos, secuestros, extorsiones, desapariciones, índices delictivos al alta, y una la subsecuente discusión -entre aquellos que aún les interesa- que tienden a politizarlo  todo, y, por ende, a polarizar sin proponer, y eso va para todos independientemente del partido político al que pertenezcan. 

De manera reduccionista, esta generación de “opinadores profesionales” -profesionales en opinar solamente, no necesariamente en el tema- vierte su dosis de odio condenando a diestra y siniestra lo que se ponga en frente: a las mujeres por salir solas, a los padres por dejarlas salir, a ellas por tomar o vestirse de tal o cual forma, a las amigas que dejan solas a sus amigas, a los políticos porque no hacen nada -o porque hacen también-, al clima, al destino, a la sequía… hasta caer en el absurdo. A muy pocas personas he leído o escuchado que estén enfocados por lo menos a preguntarse qué es lo que podemos hacer, en qué puede contribuir la ciudadanía más allá de exigir a las autoridades que haya seguridad y que se haga justicia. Y mientras los adultos opinamos, los niños y las niñas escuchan, asimilan y establecen diferencias -de acuerdo con sus capacidades y desarrollo cognitivo- entre todo lo que consideran que es bueno y lo que es malo; porque también es un hecho que mientras no hay una buena guía, existe el peligro de caer, inocentemente incluso, en un maniqueísmo que no beneficia a nadie.

Hace poco, en una reunión le preguntaba a un adolescente que me dijera a dónde le gustaría viajar, a qué lugar más que a ninguna parte… me sorprendió su respuesta, sin titubear me dijo que a Medellín, Colombia, para estar en el “mismo lugar en el que estuvo Pablo Emilio Escobar”; luego me contó que había visto la serie sobre su vida y que le parecía “un tipo admirable por todo el poder que había logrado tener”. Me dejó sin palabras no solo la respuesta, sino la actitud de su madre, quien con cierto orgullo agregó: “Así es desde chiquito, le gusta todo lo que tenga que ver con el poder”, y volvió a chatear en el celular que no suele dejar ni para comer.

Otro ejemplo: recientemente me enteré de que la hija de una amiga tiene novio; tanto la hija de mi amiga como su novio están en secundaria. Ella me contó que está muy enamorada y a mí se me hizo fácil pedirle que me enseñara una foto para conocerlo; me mostró una serie de imágenes en un video de Instagram que no pude ver porque la música de fondo me distrajo por completo: era una canción que hablaba de trocas, de morras, de fuerza, de “topones”, de hombres “valientes” dispuestos a todo por conseguir lo que quieren. Me quedé muda, y mientras veía la emoción de esta niña de 14 años mientras me mostraba la imagen de su novio “bien macho” a quien le gustan estas canciones, pensaba en lo mucho que nos queda por hacer.

Yo propongo un plan de sensibilización artística, por lo pronto, para niños y niñas que estén en primaria; hagamos un proyecto piloto aquí, en la ciudad de Zacatecas. Necesito aliados y voluntarios que se sumen a este plan, que tengan esperanza en que esta situación de violencia se puede cambiar. ¿Quién se une? Espero sus comentarios.

Que disfrute su lectura.

Jánea Estrada Lazarín

[email protected]

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-524

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