No hay mejor manera en que un representante de un pueblo, un gremio o una colectividad respete a sus representados, que apegándose a la voluntad mayoritaria. Este es un principio democrático elemental. Para conocer su sentir y gestionar en función de ello, se necesita implementar de manera periódica la asamblea, el plebiscito, el referéndum, el pleno, el congreso, además de promover el debate y construir consensos. Así mismo, es de suma importancia ejercer la representación encomendada únicamente por el periodo estipulado en la Constitución, los documentos que rigen la vida interna de la organización, o bien, lo señalado en un congreso. Ni un día más.
En caso contrario, se menosprecia la voluntad de las y los ciudadanos, o los agremiados a un sindicato, cuando se adoptan posturas caciquiles, se ejerce una representación autocrática y se anteponen los intereses personales o de grupo a los de la comunidad. En el caso de los sindicatos, cuando se actúa de esta forma, es común que los derechos laborales sean moneda de cambio en las negociaciones con la parte patronal. Ejemplo de ello fue en 2007 con la imposición de la reforma a la Ley del ISSSTE, los entonces dirigentes del SNTE no solo se cruzaron de brazos ante el menoscabo del derecho a la jubilación, sino que hicieron labor de persuasión para que los trabajadores en activo eligieran el pernicioso régimen de cuentas individuales, hoy la gran mayoría de quienes se dejaron llevar por “el canto de las sirenas” lamenta amargamente el haber creído en ellos. Otro botón de muestra fue la postura acomedida de Juan Díaz de la Torre, Secretario General del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del SNTE, coincidentemente durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, quien no solo avaló la “Reforma Educativa” en ese periodo impuesta, con la cual se perdió la plaza base y se sentaron las bases para la privatización de la educación, sino que exigió su pronta implementación. Por esta felonía al magisterio el SNTE recibió más de 3 mil millones de pesos.
Todo sindicato de trabajadores debe cumplir, en su primordial función, con la defensa de los derechos laborales de sus agremiados, además, es imperativo que la vida sindical sea dinámica, es como un reloj automático, que necesita del movimiento para que la maquinaria pueda realizar su cometido. Si lo que impera es el anquilosamiento, la antidemocracia, el privilegio de unos cuantos, entonces es momento de que las bases se organicen e impulsen el cambio de representación.
El actual CEN asumió funciones el 22 de noviembre de 2018, bajo un procedimiento bastante turbio que por razones de espacio no se describirá aquí, pero que quien desee profundizar en el tema puede investigarlo en la Red. El periodo estatutario para la representación nacional es de 6 años, por tanto, se debió de convocar a elecciones de una nueva directiva el 22 de noviembre de 2024 a través del voto directo, universal y secreto, tal como se establece en el Capítulo II de la Ley General del Trabajo de 2019.
El Estatuto actual no esta acorde al ordenamiento de la más reciente legislación en materia de trabajo, por tanto, es necesario que se reforme este documento que rige la vida orgánica del SNTE, lo cual debe realizarse en un Congreso Nacional, sin embargo, es poco probable que en el corto plazo el CEN del SNTE publique una convocatoria para un evento de esta naturaleza, ellos están cómodos con el poder que ostentan. El talante antidemocrático esta en su ADN, pues en sus 82 años de vida, nuestro sindicato ha tenido tres cacicazgos: el de Jesús Robles Martínez con 25 años al frente de la organización, Carlos Jonguitud Barrios con 15 años en el poder, y Elba Esther Gordillo Morales con 24 años usufructuando las cuotas del magisterio nacional. Alfonso Cepeda Salas se perfila por ese camino. Deben ser las bases quienes de manera organizada empujen la realización a la brevedad de dicho Congreso.
Para poder transformar la realidad de opresión y de precarización tanto laboral como salarial y ver triunfar las causas colectivas, es de suma importancia contar con una dirigencia nacional democrática que ejerza un poder obediencial, es decir, que mande obedeciendo. Si este sentir es compartido por la mayoría, es tiempo de exigir el relevo del CEN del SNTE en este 2026 que está ya a la vuelta de la esquina. Que ese sea un propósito colectivo de Año Nuevo, ¡Trabajemos también en ello para concretarlo! ¡Vale la pena! Las condiciones de vida de las y los Trabajadores de la Educación del País pueden mejorar sustancialmente con este cambio.
Nos interesa tu opinión sobre este tema, si deseas compartírnosla, puedes enviárnosla al correo electrónico [email protected]
*Secretario General del Comité Ejecutivo de la Sección XXXIV SNTE-CNTE.




Sin duda alguna, estoy de acuerdo en que se debe actuar ya, y que toda la base trabajadora del magisterio nos organicemos y participemos de manera decidida para lograr la renovación del CEN y obtener mejores beneficios todas y todos los docentes del país en todos los aspectos, creo que se puede lograr, pero para eso es necesaria ya la movilización consciente del magisterio nacional para hacer posible ese cambio que tanta falta hace…