Sigo impresionado con las lecciones de la marcha del 15 de noviembre, mal llamada de la “generación Z”.
Cuando vi las vallas metálicas tan imponentes instaladas frente al Palacio Nacional, pensé que era demasiado. Pero después de la marcha me sorprendí de la inteligente y previsora decisión de la Secretaría de Seguridad de la CDM. Sin duda los ataques violentos tenían como objetivo incendiar el Palacio Nacional, generar caos y tal vez sacar a la Presidenta Claudia Sheinbaum, de manera semejante a como sacaron y acribillaron al presidente Salvador Allende de la Casa de La Moneda en Chile el 11 de septiembre de 1973, y/o provocar disturbios como los del Euromaidán en Kiev en noviembre del 2013 que terminaron en el derrocamiento del presidente Yanukovich en Ucrania.
Fue determinante para evitar la quema del palacio, el que los dirigentes del movimiento auténtico de la Generación Z, hayan reconocido oportunamente que les estaban usurpando y que se hayan deslindado. Y tal vez fue más determinante, la valentía y determinación de la policía, para contener sin armas una turba acelerada, solo anteponiendo su humanidad, su determinación y voluntad de defender el Palacio Nacional.
¡Bravo por todos! Eso demuestra que la soberanía tiene muchos defensores. Sin duda la moral del país sale fortalecida y se ha dado una seria lección para quienes servilmente no les importa ni la imagen ni el patrimonio del país.
Se puso en evidencia: que los líderes de la oposición, a falta de argumentos y de suficientes simpatizantes y militantes, han decidido usar la violencia como instrumento político. También se puso en evidencia que el espectro de la criminalidad no se reduce a los carteles, que hay mercenarios de oficio dispuestos a hacer cualquier cosa por unas cuántas monedas, lo que no es otra cosa que prostitución criminal, y que hay criminales ocasionales que pueden ser inducidos por bots y la inercia de provocadores y criminales silenciosos y de oficio, y que detrás están los autores intelectuales, desgraciadamente, protegidos por un fuero.
Los creadores y promotores de bots indudablemente no son unos angelitos, son en principio mercenarios inductores de delincuencia, o sea delincuentes con estudios, responsables en primer grado de la violencia generada, que debieran ser juzgados, en función de las consecuencias de sus actos.
México a nivel internacional ha tenido fama de corrupto desde hace décadas y merece sacudirse esa fama.
Cuando hice el doctorado a mediados de los 90’s, mi director de tesis con mucha frecuencia me pedía cálculos muy complejos. Yo me invertía lo mejor que podía, para dar una buena imagen como mexicano, pero mi decepción fue que él siempre ponía en duda mis resultados y seguido me pedía que los volviera a hacer por un método diferente. Una vez me confesó «que la razón era que los mexicanos teníamos fama de corruptos y que él se tenía que cerciorar de que yo no hubiera cuchareado los resultados» cosa que no hubiera podido hacer porque todavía no había internet ni IA. Y así tuve que remar 5 años. Pesaba sobre mí: el que un mexicano se haya orinado en la llama del soldado desconocido en Moscú, durante la Olimpiada de 1980, y que otro mexicano haya activado los frenos del tren bala en Japón cuando el Mundial Corea-Japón, y que en Europa en máquinas distribuidoras apareciera monedas de 5 pesos mexicanos en lugar de francos o Marcos. Quien cometía esos delitos seguramente presumía de astucioso, audaz o de ser muy inteligente, pero en los hechos ocurría todo lo contrario, ni modo que se pensara que eran alemanes o ingleses los que metían monedas mexicanas. Y eso hizo que frecuentemente fuéramos catalogados como corruptos y motivo de desconfianza. Mi asesor me dijo un día «criminales hay en todo el mundo, pero aquí en Francia se contienen porque la ley es inflexible». Y aunque la relación con él fue muy tirante, tuve que darle la razón. Y por eso me congratula el hecho de que comience en México la era de cero impunidad, porque esa es la manera de ir disminuyendo la delincuencia.
Parece que la lección de la movilización del 15 se aprendió muy pronto, porque la marcha anunciada para el 20 de noviembre, se redujo a su mínima expresión, y a cambio México se dio el lujo de tener un desfile militar, encabezado por la Presidenta con la frente en alto.
La oposición podrá seguir diciendo lo que sea, pero esta es una derrota aplastante. Comete el error primario de no cuestionar ni deslindarse de los actos violentos, cosa que pudo y podría hacer. Pero el que calla otorga. Y valla ingenuidad: ni modo que crean que promoviendo la violencia van a ganar más adeptos. Yo no conozco a nadie que después de la marcha diga «ya me convencieron de que está muy bien romper vidrios, saquear comercios, insultar, agredir y amenazar de muerte a los policías y a la propia Presidenta; me voy a integrar al movimiento para derrocar al gobierno».
Por el contrario, lo que hay es un Alejandro Moreno y una Lily Téllez desencajados con expresión de psicópatas. Y hay silencio y vergüenza y por eso lo que se verá es una mayor desbandada del PRI y del PAN y la incorporación de cada vez más políticos a Morena. Si, si, sí. Ya lo sé, esto es cuestionable y polémico: porque sabemos que muchos de ellos lo harán por oportunismo no por convicción y reconocimiento; y ciertamente muchos pueden buscar indulto o inmunidad por las corruptelas o los crímenes que hayan cometido. Pero corruptos y los criminales los hay por todos lados y se pintan de todos colores. Pero, yo confío en que no haya impunidad para ningún corrupto y mucho menos para los que hay en Morena.
Muestras grandes de combate a la impunidad las hay. Entre otras, es muy alentador que hayan detenido a los ex gobernadores de Nayarit por corrupción y se hayan decomisado sus cuentas y las de familiares y allegados por decenas de miles de millones, por usufructo y apropiación ilícita de playas y terrenos en Nuevo Vallarta, Bucerías y Guayabitos.
Despacio pero hay avances, sobre todo en la conciencia social.



