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domingo, 4 diciembre, 2022
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■ Historia y Poder

De Libros Intonsos, búsquedas y encuentros milagrosos

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

Seguido me encuentro con los famosos lntonsos, es decir, aquellos que jamás pasaron por la operación de cortado en su cuadernación, teniendo sus hojas unidas por sus pliegues y siendo una auténtica ofensa para editores y autores, que querían con el alma entera, fuesen leídas sus líneas que escribieron con el amor, la desdicha y hasta el odio de haber vivido en soledad o en la amargura.

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Los libros nos escogen, los libros quieren que los leamos, hoy en día millones de libros son destruidos a lo largo del mundo, ya por incendios, inundaciones o simplemente por la maldad de las dictaduras fanáticas, los intereses creados, los desmanes espirituales, el anexo de una locura ya engendrada en el corazón de los hombres.

Se lee o no se lee. Durante años he disfrutado, y con los ojos bien abiertos, como por vez primera, abrir un libro intonso, cortar con una navajita cada pliegue para que por vez primera fuese leído después de 120 años, 90, 70 y ayer, 3 que me fueron donados y cuyo silencio estuvo guardado por 87 años.

Despreciar un libro es cosa maligna. Aparentemente los libros están en desuso en amplias campas de la población, sirven de adorno para la doble moral, sin embargo, las industrias editoriales también tienen éxito ante el embate de los celulares que han opacado la costumbre libraría pero incentivan a la vez a la lectura, la escritura loca y la sintaxis pandillera; ante todo eso, es buena la perspectiva en todos los órdenes, pues hay campos fértiles para que absolutamente toda la población deba leer más allá de la biblia, los poemas de Darío, las eficacias de Mandino.

Colecciono libros, doy viajes al fin del mundo por uno de ellos que me interese, he vendido libros rarísimos a empresarios farmacéuticos, he tenido libros de verdadera belleza, otros los perdí en las borracheras inmundas, imperdonables, pero mi pasión es tener siempre libros y más libros, he vendido creo más de 50 mil de ellos; en 2020 me traje 400 libros de Argentina y de ellos solo me he desprendido de 3 o 4, quisiera no venderlos nunca, libros de magia, teosofía, telepatía, historia, numerología, poesía, ensayos, bitácoras y un larguísimo etcétera impresionante.

Me he sentido orgulloso de haberme topado con libros impresionantes, de ese recaudo de Argentina pude traerme las ediciones primeras y en francés del libro de los médium y espíritus del gran Allan Kardek, otros sobre la revolución francesa en ediciones espectaculares de 1860, alguna vez tuve libros de 1669 y otros de 1789 y que me sirvieron para sacar a un hermano de un hospital demasiado caro, para su entonces, enfermedad legal y ampliada.

Son de justicia mis libros, son de justicia los libros del mundo, hace días me acordaba del prodigio de la vida que en una feria del libro, en el palacio de minería, luego de haber sustraído ilegalmente más de 30 libros, regresé a lo loco como última travesura a agarrar un paquete más, alcé la mano derecha y en un estante alto agarré 5 libros y ya en la calle me voy dando cuenta que era una antología donde yo aparecía AHORA MISMO HABLABA, editado por la UNAM en 1982, y bajo la dirección editorial del maestro Miguel Donoso Pareja, mi antiguo maestro ecuatoriano que me enseñó desde los 17 años muchos de los secretos de la buena escritura en la poesía y cualquier acción de la redacción y sus padecimientos.

Fue una lección.

Un aviso.

Una odisea.

Era intenso robar libros, hace años ya no lo hago, los libros vienen a mí, a veces cuando acudo a librerías hago una oración previa para encontrarme con ellos, los precisos, cuando acudo a las ferias de pulgas o las vías donde los domingos se instalan vendedores, desde muy temprano realizo mi oración para encontrarme con los libros precisos y he tenido obras teatrales del padre Hidalgo editadas en 1800, biblias en japonés o en hebreo, colecciones de revistas estudiantiles de 1919 que me costaron 60 pesos, y en una semana la universidad dándome 16 mil pesos por ellas, libros con líneas de oro que compré en 250 pesos y en un lapso de un mes sacarles 20 mil pesos con empresarios funerarios o notarios públicos.

Aclaro que jamás me he considerado un vendedor de libros formal, siempre ha sido por necesidad, mi labor profesional es ser revistero, editor de libros de historia y de revistas de historia, mi revista RESPUESTAS, la REVISTA JUVENIL DEL CENTENARIO, pronto cumplirá 32 años el próximo febrero 5, pero desde años atrás, a los 16 años ya imprimía revistas como el Cornográfico, el Rinoceronte Enamorado, el Francomirador, etc.

Mi escuela fue LETRAS POTOSINAS, donde don Luis Chessal fue su director y editor durante 55 años de esa famosa revista, y al decir de estudiosos, la más longeva del continente.  Tenía 16 años floridos y rebeldes cuando don Luis me pagaba por crítica de libros.

Yo quiero que mi revista viva 100 años y para ellos alisto a mi hijo y a las nuevas generaciones.

Y a seguir encontrando libros intonsos, intensos, maravillosos y llenos de sabiduría que nos haga cambiar para siempre.

Pd. En una librería en Av. Mayo, en Buenos Aires, dejé escondido un libro que me interesa y espero no se haya vendido, -no pude comprarlo por su precio- es una edición de 1891: LA VIDA SECRETA DE LOS PÁJAROS. Lo quiero.

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