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lunes, 26 septiembre, 2022
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El hombre providencial de la izquierda indefinida

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Por: ALBERTO VÉLEZ RODRÍGUEZ • ROLANDO ALVARADO FLORES •

El artículo 371 de la Ley Federal del Trabajo (LFT) establece una serie de procedimientos mínimos que deberán contener todos los estatutos de las organizaciones sindicales. La fracción XIV bis reviste un particular interés, ya que dice que todo estatuto debe contener un “procedimiento para llevar a cabo la consulta a los trabajadores mediante voto personal, libre y secreto para la aprobación de los contratos colectivos de trabajo iniciales y de sus revisiones”. Se debe enfatizar en la presente coyuntura del Sindicato de Personal Académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas (SPAUAZ), la parte de las revisiones. Cada vez que se haga una revisión de contenido del contrato colectivo (CCT) serán las bases las que decidan si están o no de acuerdo mediante un procedimiento que podrá ser impugnado o validado ante el Centro Laboral de Conciliación y Registro Laboral. Si no hay modificación de las cláusulas contractuales no se hace consulta. Más aún: el artículo 400 de la LFT establece que: “Si ninguna de las partes solicitó la revisión en los términos del artículo 399 o no se ejercitó el derecho de huelga, el contrato colectivo se prorrogará por un periodo igual de su duración o continuará por tiempo indeterminado”. De acuerdo a lo anterior, y con la cláusula 5 del CCT UAZ-SPAUAZ a la vista (la duración del contrato es por tiempo indeterminado), se concluye que éste continúa normando la relación entre los agremiados al SPAUAZ y la UAZ. Pese a esto, la delegación de la preparatoria 4 de la UAZ emite un “llamado urgente” para iniciar un proceso de legitimación del CCT en dos partes. La primera consiste en presionar a la rectoría, durante el mes de agosto de 2022, para que lo firme. ¿Para qué se requiere la firma si el contrato es vigente de acuerdo a los artículos ya citados? Si no se logra la firma entonces se deberá impulsar el paro general en la universidad. Con la firma dada, el siguiente paso es iniciar el proceso de legitimación para que concluya a fines de septiembre o principios de octubre. ¿Qué es legitimar un contrato? Es un proceso que se exige a todos los sindicatos como resultado de la reforma laboral de 2019, en la que se fijó de plazo límite hasta el 2 de mayo de 2023 para que esté concluido. Consiste en someter a consulta con los agremiados del sindicato el contenido del contrato. Deben leerlo, razonarlo y, si los convence, votar a favor. Si no hay convicción, votar en contra. De ser legitimado todo queda como hasta ese momento; de no serlo, se suprime y los trabajadores quedarán sin contrato, pero con sus prestaciones y condiciones laborales incólumes en contratos individuales. Para decirlo en palabras fatales: el SPAUAZ quedaría liquidado como sindicato mayoritario y no tendría capacidad de emplazamiento a huelga. De acuerdo al “Llamado urgente” de la delegación de la preparatoria cuatro existe un plan para no legitimar el contrato, operado y urdido entre la rectoría y el actual secretario general del SPAUAZ, José Juan Martínez Pardo. Al parecer la línea maestra de ese plan es mantener la pasividad de la base y dejar que se extinga, junto al SPAUAZ, por mera desidia. Sin embargo, el grupo que propone la movilización con urgencia carece de proyecto definido de sindicato, y sus concepciones respecto de éste son contradictorias o infantiles. Lo primero que se debe recordar es el diagnóstico que ofrecen del SPAUAZ. Según aquel, el sindicato no está organizado, el comité ejecutivo no cumple los estatutos, en las delegaciones no hay vida sindical, la Coordinadora de Delegados y la Asamblea General no funcionan. No defiende a sus agremiados, es opaco en el manejo de los dineros, no hay cumplimiento de los reglamentos, y en general, carece de visión y proyecto. Además, está en connivencia con el patrón. Ese es el diagnóstico, que es una reiteración de lo evidente. ¿La solución? Quitar al actual secretario general y colocar a uno “honesto y cumplidor”. Es decir, no hay problemas estructurales, sino personales: todo se deriva de la presencia de un dirigente corrupto. Si se elimina y se coloca a uno que sí sea sindicalista se soluciona todo. Por ende, el mero carisma de un “hombre providencial” logrará la organización de las bases. Cuando se razona un poco se descubren la contradicción y el infantilismo involucrados. Si el sindicato está mal, mejor dejar que desaparezca y que ese hombre providencial o una camarilla de estos, organicen a las bases y construyan, desde cero, un nuevo sindicato. Que tendrá por primer objetivo lograr la mayoría para poder emplazar a huelga. Una primera objeción contra este proceder es, dicen, que no se lograrían mejores prestaciones porque la UAZ está en quiebra. Es preferible creer que un hombre providencial puede enderezarlo todo desde el carisma, aunque esto no tenga la más mínima viabilidad. O bien, es mejor dirigir un sindicato desorganizado, corrupto, dineroso y con capacidad de emplazamiento para amenazar con la huelga al patrón, antes que partirse el lomo organizando a ras de tierra a los universitarios. Si estos son los planteamientos de una cierta izquierda universitaria, bien merece el epíteto de “indefinida”.

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