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jueves, 26 mayo, 2022
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La pobre realeza de sangre azul

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Por: JORGE ADÁN HERNÁNDEZ LÓPEZ •

Léase lo siguiente imaginando que trae una papa en la boca: Como es posible que un presidentillo de apellido López haya hecho tal cosa; hay que viajar para poder opinar; parece central avionera; ¡que oso, vendían tlayudas!; necesitamos aeropuertos de calidad; era mil veces mejor el aeropuerto de Peña Nieto.

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Todo lo anterior, son parte de lamentables opiniones y comentarios que hicieron algunos mexicanos y mexicanas con respecto a lo acontecido en el marco de la inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Usted pensará, que se tratan de comentarios por parte de los más poderosos empresarios del país, pero no es así, pues quienes sí tienen para comprar un avión particular y tener su propio aeropuerto, ven con beneplácito el nuevo aeropuerto inaugurado esta semana. Resulta, que los tan clasistas comentarios realizados respecto al nuevo aeropuerto, los hicieron personas tan comunes, tan mexicanos como cualquier otro, tan pueblo como todos y todas.

Tal parece, que, ante la falta de argumentos válidos, irrefutables, coherentes y sólidos, a quienes se hacen llamar opositores del Presidente Andrés Manuel López Obrador, no les quedó de otra más que criticar y opinar desde un punto de vista clasista y elitista, criticando hasta los puestos de comida típica mexicana que se pusieron el día de la inauguración del nuevo aeropuerto.

Para entender el odio de quienes infructíferamente se opusieron al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), debemos comprender lo siguiente, la oposición al AIFA no se tiene que ver con cuestiones de la aeronáutica, ni por cuestiones turísticas, tampoco tiene que ver con el tiempo de traslado de un punto a otro, se trata de oponerse a una ideología política no a una obra de un sexenio.

Usted recordará, que originalmente, un nuevo aeropuerto, estaba planeado durante el sexenio de Enrique Peña Nieto; dicho aeropuerto se comenzó a construir en lo que se conoce como el Lago de Texcoco. Andrés Manuel López Obrador, desde su campaña presidencial, prometió cancelar el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, por ser una obra faraónica del Gobierno de Peña Nieto, que tenia de fondo ser un negocio redondo para las élites políticas y empresariales que estaban acostumbradas a hacer negocios bajo el amparo del poder público. Alrededor de la obra de Peña Nieto, existían conflictos de interés como contratos a amigos y familiares, costos a sobreprecio, presupuestos inflados; pero la forma en que se beneficiarían por la plusvalía que adquirirían los terrenos alrededor del aeropuerto, sin duda era lo más reprochable. Desde mucho antes que se comenzara a construir dicho aeropuerto, “la élite” ya había comprado a precio bajo todos los terrenos cercanos al aeropuerto, pues pensaban tener una zona exclusiva con alta plusvalía, está situación no sería tan repulsiva, si no se hubiera hecho por medio de, tráfico de influencias. Hoy, ese proyecto está bajo el agua, pues como se advirtió en su momento, el lago de Texcoco reclamaría lo que es suyo. Por lo anterior, López Obrador tomó la decisión de no continuar con ese proyecto, terminando con los jugosos negocios que harían unos cuantos a costillas del pueblo.

Al proyecto de Peña Nieto lo vino a sustituir el proyecto del AIFA, que significaba en términos muy prácticos, acondicionar el ya existente aeropuerto militar de Santa Lucia. El AIFA, representó una obra con un presupuesto mucho menor que el de Peña Nieto; representó cerrarle el paso al tráfico de influencias, pues sería un aeropuerto operado desde su construcción por la SEDENA, lo que también significa precios más bajos, pues el TUA sería mucho más bajo; un vuelo redondo desde el AIFA a Cancún podría costar hasta mil pesos. Con la determinación de cancelar el aeropuerto de Peña y darle paso al AIFA, se pone un límite muy claro entre el poder político y el poder económico, pues las grandes obras de nuestro país ahora se hacen en atención a las necesidades de la población y no en capricho de la clase empresarial.

La oposición que existe hacia el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, no se trata de cuestiones “estéticas”, pues su construcción cumple con las normas internacionales en la materia; tampoco existe una oposición por cuestiones aeronáuticas, nadie pondría un aeropuerto en una zona de imposible aterrizaje; es solo un pretexto exagerado el tiempo de traslado desde algunos puntos de la CDMX hasta el AIFA; a lo que realmente se oponen quienes infructíferamente vociferan en contra del aeropuerto de la 4T, es a una ideología política, que tiene como eje rector velar por los intereses de quienes más lo necesitan.

Ante la falta de argumentos válidos, coherentes, sustentados, y razonados, la débil oposición a AMLO, tuvo que valerse de expresiones de odio, expresiones clasistas, hasta los puestos de tlayudas criticaron. Lo peor de todo, es que a las expresiones de odio le entraron hasta los opositores de Facebook, esos que ni siquiera tienen un cargo político que defender con uñas y dientes, esos que son tan pueblo como cualquier otro.

Falta todavía el “Tren Maya” y la refinería “Dos Bocas” la oposición echará espuma hasta por las orejas.

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