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domingo, 26 junio, 2022
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Pedro Páramo, de Juan Rulfo

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Por: Miguel Ángel De Ávila González •

La Gualdra 532 / Libros

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“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”. Después, los muertos de Comala van hilando la historia. El cacique formó su capital inicial del mismo modo que otros propietarios: la riqueza se levanta sobre el engaño y el despojo. La primera acción, después de recibir en herencia una propiedad endeudada, consiste en utilizar el matrimonio por interés como medio para saldar una deuda.

“Y la Lola, quiero decir, doña Dolores, ha quedado como dueña de todo. Usted sabe: el rancho de Enmedio. Y es a ella a la que le tenemos que pagar”, le informa su administrador Fulgor Sedano. “Mañana vas a pedir la mano de Lola”, le ordena; la acreedora convertida en su esposa, no solo anula la deuda, sino que aumenta el caudal de tierras. Pedro Páramo señala el mecanismo legal: “Que no se te olvide decirle al juez que los bienes son mancomunados”.

Además del engaño a una mujer desprevenida, el cacique inicia el despojo de sus vecinos: “─La semana venidera irás con el Aldrete. Y le dices que recorra el lienzo. Ha invadido tierras de la Media Luna / ─Él hizo bien sus mediciones. A mí me consta”, explica Fulgor. 

“─Pues dile que se equivocó. Que estuvo mal calculado. Derrumba los lienzos si es preciso / ─¿Y las leyes? / ─¿Cuáles leyes, Fulgor? La ley de ahora en adelante la vamos a hacer nosotros. / ¿Tienes trabajando en la Media Luna a algún atravesado? / Sí, hay uno que otro / ─Pues mándalo en comisión con el Aldrete. Le levantas un acta acusándolo de ‘usufruto’ o lo que a ti se te ocurra”. Su riqueza sostenida por el avasallamiento de la vida: “Con papeles o sin ellos, ¿quién me puede discutir la propiedad de lo que tengo?”.

La novela refiere los asesinatos cometidos: “Pedro Páramo causó tal mortandad después que le mataron a su padre, que se dice casi acabó con los asistentes a la boda en la cual don Lucas Páramo iba a fungir como padrino”. Y con respecto a Susana San Juan: “─Dile a su padre que vaya a seguir explotando sus minas. Y allá… me imagino será fácil desaparecer al viejo en aquellas regiones donde nadie va nunca. ¿No lo crees? / ─Puede ser. / ─Necesitamos que sea. Ella tiene que quedarse huérfana”. 

El cura, el administrador y el abogado, cada uno en distinta relación con el cacique, sirven a sus intereses, se convierten en instrumentos según la división del trabajo de su oficio. 

Dice el administrador Fulgor Sedano: “Palabra que me está gustando tratar con usted”. El padre Rentería que se culpa a sí mismo: “El asunto comenzó… cuando Pedro Páramo de cosa baja que era, se alzó a mayor. Fue creciendo como una mala yerba. Lo malo de esto es que todo lo obtuvo de mí”. El abogado Gerardo Trujillo, que inútilmente espera un premio a su corrupción porque al hijo de Pedro Páramo lo libró de la cárcel cuando menos unos quince veces, si no es que más. Y el asesinato que cometió con aquel hombre… El muerto llamado Rentería, al que pusieron una pistola en la mano…

La obra se ubica en la revolución y más tarde en la guerra cristera, el tiempo real del relato, el que recuerdan los muertos; se muestran las relaciones entre el poder local del cacique y el poder nacional del Estado, postrevolucionario. “¿Para qué crees que andas en la revolución? Si vas a pedir limosna estás atrasado… Contla está que hierve de ricos. Quítales tantito de lo que tienen… Hazles ver que no andas jugando ni divirtiéndote”. No solo señala a los logreros de la revolución, sino que muestra en una sola frase la visión del cacique sobre el poder central. 

Le pregunta el Tilcuate a Pedro Páramo: “…se ha levantado en armas el Padre Rentería. ¿Nos vamos con él, o contra él?”, y el cacique contesta: “Eso ni se discute. Ponte al lado del gobierno”.

La violencia ejercida contra los habitantes de Comala, se convierte en el temor de todos y en la aceptación resignada y dolorosa de un destino humillado y sin esperanza. El lugar es una síntesis de muchos pueblos de la región y sus características son comunes a todos ellos: el caciquismo, la desesperanza, la despoblación.

Esta brevísima novela refleja la condición humana. Todo un mundo de realidades concretas y dolientes. Pionera del realismo mágico. Gabriel García Márquez afirmó que si no hubiera leído previamente Pedro Páramo, jamás hubiera escrito Cien años de soledad.

* * *

Juan Rulfo, Pedro Páramo y Llano en llamas, Editorial Planeta-de Agostino, Barcelona, 1985.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_532_

Juan Rulfo. Foto tomada del FB de Juan Rulfo.
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