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domingo, 29 enero, 2023
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Inseguridad; ¿realidad versus percepción?

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

Perspectiva, es el ingrediente principal de todo análisis prudente. Se puede mentir diciendo la verdad si la perspectiva no está incluida en la receta porque difícilmente sabemos si lo que tenemos enfrente es mucho o es poco, es grande o es pequeño, es preocupante o es normal, si no le agregamos a eso perspectiva. 

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La percepción, en general, y la que tenemos, en particular, de la inseguridad y la violencia, está lógicamente influida por la perspectiva. 

Cuesta a los zacatecanos distinguir si la agobiante realidad que padecemos es la constante en el país, o si somos ahora la entidad que –entre la realidad y el estigma- suscita los miedos como en algún momento fueron Tamaulipas o Guerrero. 

Todo apunto a confirmar lo segundo porque, de lo contrario, seríamos uno más, y no uno de los estados que con frecuencia se convierten en noticia nacional e internacional por hechos sangrientos. 

En el mismo sentido están los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública urbana (1) que se dieron a conocer la semana pasada. El promedio nacional de personas que consideran que vivir en su ciudad es inseguro es de 64% de la población, la más baja de los últimos diez años, y casi 13 puntos menor que la de mayo del 2018. 

En contraste, son dos ciudades zacatecanas las que ocupan los deshonrosos primer y segundo lugar, con treinta puntos más que el promedio nacional: Fresnillo. 97.7%. y 93.3%. la capital. 

En la misma tendencia se encuentra la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (2) (ENVIPE) 2022, que arroja que en 2018 se registraron 33 millones de delitos, y tres años después, en 2021, la cifra fue de 28.1 millones, es decir, casi cinco millones de delitos menos.

Esa tendencia permanece con otros parámetros de referencia, por ejemplo, del 2019 a la fecha el porcentaje de hogares donde hay víctimas de un delito ronda el 29%, cuando del 2012 al 2018 estuvo siempre por encima del 30%, siendo el 2017 el peor de los años con 35 por ciento. 

Las estadísticas locales no son muy lejanas de esos parámetros. Si bien el año 2021 fue atroz, para el 2022 hay una disminución de casi 14% en el número de homicidios (3) y de 32% en el de desaparecidos con respecto al año anterior (4). Y sin embargo así no se siente, ¿verdad?, ¿por qué?

Es innegable que en ello puede influir la politización del tema, y que la baja popularidad del mandatario estatal predisponga a que se reste credibilidad a las estadísticas que contradigan la animadversión. Pero esto sólo fue posible porque los continuos errores políticos se acumularon a tal nivel, que pareciera que no hay manera de salir de esa espiral descendente a la que no se le ve fin apenas a un año y medio de gobierno. 

No ayuda tampoco el permanente silencio oficial que hace sentir la más absoluta de las soledades a la ciudadanía que es alcanzada, o salpicada por un hecho de violencia; lo cual, en una población como la nuestra, tiene una alta probabilidad matemática de ocurrir.

En este sexenio no nos alcanza ni siquiera para un “yo no la maté” porque ante el desacierto del “encomiéndense a Dios, y vámonos” y la nula capacidad de contener el daño de aquella ocasión, se optó por el más insultante de los mutismos que hace sentir que ni siquiera la lucha le hacen. 

El resultado en la percepción es, pues, el que deja la memoria traicionera que ya olvidó los “narcobloqueos” en el bulevar López Mateos; las horas de balacera en la Avenida García Salinas en la zona conurbada, o las ráfagas al bar el Cactus a veinte metros de Plaza de Armas. 

En cambio, en la discusión social está el peligro en Tepetongo, los jóvenes de Colotlán, la desaparición de la maestra Diana en Villa García, el secuestro de Teo en Villa de Cos, el ataque a policías mientras se ejercitaban en Calera. 

Ante todo ello perdió fuerza el argumento oficial de que la percepción de inseguridad era un asunto de la capital y las ciudades grandes como Fresnillo y Guadalupe, donde la grilla predominaba. 

Y no parece que esto vaya a cambiar pronto. No faltarán los silbidos y abucheos en eventos públicos mientras la responsabilidad se le aviente a la federación y al Santo Niño de Atocha.

Referencias:

(1) https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/ensu/doc/ensu2022_diciembre_presentacion_ejecutiva.pdf 

(2) https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/envipe/2022/doc/envipe2022_presentacion_nacional.pdf 

(3) https://ntrzacatecas.com/?p=11309 

(4) https://ljz.mx/03/01/2023/se-registraron-755-desaparecidos-en-zacatecas-durante-el-2022/

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