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sábado, 28 mayo, 2022
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El ídolo de la Tribu: signo de los tiempos que llegan

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Por: MARCO ANTONIO TORRES INGUANZO • admin-zenda •

Tomamos de manera no-estricta una de las ideas de Bacon, la noción de ‘Idola Tribu’ (ídolo de la tribu), que él lo caracterizó como uno de los cuatro principales obstáculos para el progreso de la naciente ciencia moderna. La tendencia natural de los hombres a apegarse a sus sentidos e ideas que rodean su entorno, provocan que se convierta en una criatura conservadora que repela de la novedad y termine bloqueando la actitud con la cual avanza el conocimiento y la verdad: la racionalidad basada en evidencias. El comportamiento de los hombres conducido por ese prejuicio o ídolo (la tribu) resulta falso y altamente dañino. Este ídolo, no sólo absorbe los prejuicios del entorno (por medio de los sentidos), sino que decreta los prejuicios de la tribu como los únicos verdaderos y, con ello, los convierte en banderas activas de su política.

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Una nube invade la mente de nuestros contemporáneos: la niebla de la tribu. El comportamiento no se funda en el ejercicio de la inteligencia, sino de fantasmas producto de miedos y odios. Regresan antiguas sombras que creímos desterradas o, al menos, en procesos de extinción. Como los criterios de la raza, el color de piel, la lengua y la nación, para normar la conducta política. No es así. No hay progreso acumulativo en la historia. En los cambios generacionales pueden renacer y destruirse valores cultivados por siglos o decenios. Esa es nuestra condición (terrible condición): seres históricos que se inventan o rehacen destruyendo su memoria. En la memoria de la humanidad están los campos de concentración, los imperios coloniales y la segregación racial. Sin embargo, esa memoria se nubla y, en amplias capas de la población, se borra. Por ello, los atroces acontecimientos que han marcado con sangre y sufrimiento la historia, pueden volver a pasar. Se pueden repetir.

Las desventajas de la globalización han provocado que ciertos sectores de la población en el mundo vean afectados sus intereses, como el deterioro del mercado laboral que se expresa en desempleo o bajos salarios. Y reaccionan con falsedad (como los señala Bacon) culpando a los que ven. Como los obreros que destruían las maquinas porque las culpaban de su desempleo, los blancos de clase media norteamericana, de la misma manera acusan a los latinos de su suerte laboral. Ambos navegan en la falsa niebla de sus sensaciones. Resultan incapaces de hacer uso de la inteligencia porque son atrapados por sus miedos que explotan políticamente los demagogos. Masas que han abandonado el pensamiento (el diálogo interior). El miedo y el odio son las dos pasiones que respiramos ahora mismo. Como el caso de Colombia, el resentimiento promovido o usado como arma política por la ultraderecha tuvo éxito y triunfó en la consulta popular y le dijo ‘no’ a los acuerdos de paz. Estamos entrando a una etapa de decadencia por la hegemonía de pasiones brutales en el comportamiento político. Se juntó el miedo y el odio en el lado de unos, con la indiferencia de las jóvenes generaciones. Los ciudadanos activos y en resistencia se mueven en minoría. En este contexto surge la revancha de los sectores conservadores de la iglesia y su tremendo resultado: se revivió la agresión contra las minorías sexuales.

El Brexit, la consulta colombiana, la elección de Trump, la emergencia del conservadurismo eclesial y el separatismo californiano, todas y las que siguen, son del mismo signo. Apuntan al mismo lugar y las guía el mismo ídolo: la tribu. Y ahí donde no habitaba ese ídolo, lo hará por efecto de reacción. Países y sectores sociales se defenderán desenterrando sus ídolos propios. Y como toda política tribal, creará una explosiva atmósfera de conflicto. En las próximas elecciones mexicanas aparecerá (así pinta) una candidatura indígena, y las reacciones de políticos de muchos colores tuvieron expresiones colindantes con el racismo. La manera de tratar a los migrantes centroamericanos es de una agresión parecida a la recibida por los mexicanos en EEUU. Es decir, los ídolos se reproducen al interior del país.

Puede haber un positivo efecto de esta emergencia idolátrica. Cierto sentido nacionalista que empuje una conducción de la economía hacia el mercado interno. Por necesidad o exigencia. Lo cual puede significar cierta retirada de las políticas neoliberales. Pero no significa que no surjan nuevas formas de injusticias: dominios tiránicos de caciquismos locales, autoritarismos regionales o institucionales, liderazgos carismáticos con el mismo signo tribal. Son tiempos aciagos para la democracia, en sus valores y en sus procedimientos. De grandes retrocesos. Pero como lo dijo el poeta: lo que salva habita ahí donde está el peligro. La reconstrucción de tejidos comunitarios y lazos de fraternidad anuncian la restauración de la ética de la solidaridad que peleará su presencia en medio de los ídolos. Va. ■

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