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domingo, 27 noviembre, 2022
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Ayotzinapa: El triunfo de los necios

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La “verdad histórica” se hizo pedazos. A pesar de los supuestos nuevos hallazgos, nada queda de ella, sólo la vergüenza.

Murillo Karam y su increíble y penosa hipótesis del incendio en Cocula, pasarán a ese lugar de la historia que asquea, que apena y que persigue; tal como el que anunciaba tener la mano tendida y poco después mandaba masacrar estudiantes, o el que dijo que se calló/cayó el sistema, a quien no le han bastado años en la defensa del patrimonio nacional para reivindicarse.

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Muchos influyeron para que lo sucedido en Iguala la noche del 26 de septiembre de 2014 no quede en el olvido, en la ignominiosa aceptación de que las víctimas tenían nexos con el narcotráfico, y menos aún en la resignación desesperanzada en la que se han hundido las peores tragedias de este país.

El mérito, sin duda es de los padres; incansables luchadores que ponen el valor de un hijo por encima de indemnizaciones e incluso de sus modestos medios de subsistencia, pues en la lucha han descuidado las milpas, ganado, talleres, y actividades diversas con las que mantenían a sus familias.

Ellos, que han vencido sus límites culturales, económicos y políticos, recorren el país y buena parte del mundo exigiendo justicia, gracias al apoyo de los compañeros de sus hijos, y de muchos otros que ni siquiera los conocieron, pero que han hecho de esto, causa propia.

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional además de brindarles su apoyo, les advirtió que ésta sería una lucha de largo aliento, y que -tenían que saberlo- no permanecería el tema en la efervescencia de los niveles iniciales. Pues, como en todo movimiento social, por momentos la indignación desborda, y en otros parece volver la calma.

Aunque el reclamo social permanezca, la vida cotidiana y los asuntos personales engullen a la mayoría, lo que aunado a la acumulación de problemas obliga a que el tema se convierta en uno más de los muchos pendientes que la justicia tiene con este pueblo.

Lejos del olvido, la ira de los primeros meses se transforma en energía potencial, latente, que espera el chispazo que convierta la revuelta en revolución. No hay amnesia, ni perdón. El coraje acumulado brotará el día menos esperado logrando, por fin, cambiar la situación del país.

Los más necios, no esperan; desde la tragedia, están el 26 de cada mes en algún lugar de sus ciudades (en el Teatro Calderón en el caso de Zacatecas) con sus modestas cartulinas recordando que el crimen no se olvida.

Adrián, José Luis, Javier, Rogelio, Fabiola, Rubén, el maestro Cuauhtémoc y varios más, sin esperar entrevistas o aplausos, sin saber si quiera hasta donde llega su ejemplo, y con la misma locura con la que las madres van cada lunes a la Plaza de Mayo, juegan a lo perdido.

De necios como ellos es el triunfo de Ayotzinapa sobre la “verdad histórica” y el olvido.

 

* Zacatecas. Psicóloga social.

Necia y optimista.

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