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La educación

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Por: CITLALY AGUILAR SÁNCHEZ •

A causa de mi perfil académico, que es el de las humanidades, en el campo laboral me he desempeñado como docente en el área de valores en algunas universidades privadas. He notado en los jóvenes mucha resistencia a este tipo de materias, a las que catalogan de “relleno” y sobre las que demuestran el más vivo desinterés.

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Por su parte, al sistema educativo nacional, le importa poco implementar una enseñanza de los valores morales en sus ciudadanos, dando poco valor (valga la redundancia) al tema. No se nos enseña a ser críticos, no se nos enseña a no temer, no se nos enseña a amar, no hay organismos para ello. Ni la iglesia ni la familia, instituciones que por antonomasia proclaman ser los encargados de hacerlo, han logrado integrar de forma sana un pensamiento del todo honorable en sus integrantes. Sólo nos enseñan a vivir bajo este régimen de apatía, a repetir los patrones establecidos sin cuestionarlos; somos como robots que se limitan a hacer determinadas funciones sin renegar.

En esta era, tan embadurnada por las nuevas tecnologías, los humanos tendemos a deshumanizarnos. Ya lo explica Nicolas Bourriaud en su Radicante, que vivimos en la altermodernidad, la era de los “discursos estéticos que exaltan la diferencia y lo ‘multicultural’ sin saber claramente por qué”, puesto que tenemos, en general, acceso a información rápida y variada: pasamos de un canal de televisión a otro en segundos, en Internet podemos tener múltiples ventanas abiertas a textos y formas tan diversas e instantáneas.

Vivimos tiempos en que la vida humana convive con la virtual casi al mismo tiempo, pero la virtual le lleva muchas ventajas a la humana, puesto que es más permisible y controlable. Por esto mismo, pareciera que intentamos mecanizarnos a tal grado que se intenta que la vida natural sea más artificial. Queremos todo rápido y fácil. De ahí que las generaciones más jóvenes se exasperen con mayor facilidad en conferencias, o que las dinámicas en las escuelas, donde el profesor se limita a dar una cátedra continua, sean cada vez más obsoletas. De igual forma, la literatura (sobre todo la posterior al año 2000) tanto como los programas de televisión, tienden al exceso, puesto que ya no es fácil lograr la catarsis insinuando enfermedades, asesinatos, violaciones y demás, sino que tenemos que llegar al límite y ver sangre, vísceras, dolor, aquello que nos recuerde que no somos autómatas, que aún logramos sentir algo. Es esta deshumanización la que está educándonos, la que rige y manda en nuestra sociedad.

Entonces ¿cómo se educa en valores a una persona?

Principalmente la familia, donde los vínculos afectivos y el ejemplo de los padres, funciona como guía para una mejor y más sana convivencia en sociedad. Sin embargo, padres sin valores (que a su vez tuvieron padres con las mismas características) educan a hijos sin valores, lo que conlleva a un círculo vicioso.

¿Puede la escuela dar solución a la educación ética y moral? Creo que sólo en parte. El maestro tiene un papel importante en la concepción social del alumno en dos principales funciones: La primera es recordar al educando que los conocimientos no son únicamente un negocio, es decir, no sólo se estudia una carrera para entregar la vida a un oficio o empresa.

Es cierto que en estos tiempos la productividad es lo que está dictando el valor de una persona, sin embargo, es de crucial importancia recordar que no todo tiene una función inmediata, sino que la educación tendrá su impacto en nuestra vida cotidiana, en el ámbito personal y en la convivencia con los demás a lo largo de nuestro desarrollo y no como meta exclusiva de un trabajo determinado.

La segunda función del maestro es el ejemplo, ya que sin este, el alumno no materializará mucho de lo aprendido. Si el docente es impuntual, irresponsable y sumiso, si realiza su trabajo con monotonía, sin entusiasmo, lo que en realidad está enseñando es el desinterés por él mismo y hacia los otros, y cómo una labor puede llegar a ser una cárcel en la que los “superiores” pueden pasar por alto nuestra dignidad. Así, lejos de lo que muchos podrían pensar sobre la huelga que está llevándose a cabo en la Universidad Autónoma de Zacatecas en estos días, los maestros están demostrando decoro al exigir sus derechos y luchar con responsabilidad por ello, ejemplo que muchos de los alumnos deben seguir en su vida diaria: es uno de los mejores valores que se pueden inculcar.

Es inapelable que urge un cambio en la educación del país, pero no sólo en el aula o en la institución a cargo, sino en la responsabilidad de nuestros conocimientos y de lo que aportamos a los demás. Es algo que debe hacerse en el día a día, en la convivencia con los otros. Yo abogo por la autodidaxia y la conciencia, la primera nos ayuda a no depender de nada ni nadie para aprender, mientras que la segunda nos permite lograr respeto y compartir nuestros conocimientos, de forma activa, con los demás, para revelarnos a la inercia que nos mueve. ■

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