Impunidad: el combustible de la corrupción e inseguridad

Impunidad: el combustible de la corrupción e inseguridad

A partir del 2010 los estudios sobre corrupción crecieron como hongos y la percepción de la corrupción como un problema central de la vida pública de México subió como la espuma. Y para confirmar que la preocupación social, académica y periodística en torno a la corrupción estaba justificada, entró a la Presidencia y a las gubernaturas la generación de políticos más corrupta del siglo: Peña y sus secuaces (entre los que se cuentan varios zacatecanos). Dicha generación pasó a las grandes ligas: no hicieron simple corrupción individual, sino todo un programa de saqueo de los recursos públicos del país. Se pasó de un fenómeno de corrupción de grupos de interés político, a una estrategia de saqueo junto a empresas multinacionales que se hacían mega-ricas por contratos basados en ventajas absolutas. Es un misterio cómo este país sigue funcionando.

En este contexto periodistas daban a conocer lo visible del iceberg: el enriquecimiento explosivo de ciertos actores políticos; que indicaban lo más grave de la realidad: la apropiación en pocas manos (extranjeras) de la riqueza y recursos naturales del país. Las llamadas ‘reformas estructurales’ y las políticas públicas se convirtieron en estrategias de la depredación nacional. El país era conducido por auténticos piratas de la economía. En este marco es que emergió la candidatura de López Obrador, que logró articular el hartazgo de la población por esta situación y abrió la posibilidad de cambiar dicha realidad. Su triunfo en 2018 abrió grandes expectativas.

Tres años después la situación, pese al empuje del presidente López Obrador, la situación llevará más tiempo revertirla: las empresas mineras siguen ganando las mismas proporciones de riqueza, las empresas multinacionales continúan con la misma presencia, el monto de pobres por esta causa es idéntica, los caciques del dinero cambiaron de objeto de halagos. Y la corrupción cotidiana continúa en cifras similares a Peña por la falta de acción de las fiscalías. La reforma del Estado para desmontar la impunidad no ha ocurrido. Los personajes mega enriquecidos en el periodo 2012-2018 siguen disfrutando del fruto de su piratería salvo algunos personajes como Rosario Robles, Juan Collado o el ex senador Lavalle; los grandes capos de la corrupción siguen libres y para muestra los responsables de la ‘Estafa Maestra’ en Zacatecas.

Ya ni mencionar el Sistema Nacional Anticorrupción que nació pasmado: no funciona ni el nacional ni los estatales (el de Zacatecas ni ha podido arrancar).

La corrupción (dice Irma Eréndira en sus textos) es un efecto de ciertas relaciones de poder. Formas de poder que conforman redes de interés privado que se apropian del patrimonio público. El poder de la corrupción funciona con una gobernanza centralizada y separada de la sociedad. La única manera de resolver la estructura de la corrupción es eliminando formas de mando centralizadas y ocultas; y transitar a formas de distribución social del poder en un contexto de vitrina totalmente transparente. Pero en lugar de eso, la 4t pese al empuje del presidente sigue sin llegar a las fiscalías. Hay muchas cosas que deben cambiar, pero por lo pronto, debe pedirse la renuncia de todo aquel fiscal que no cumpla incluyendo al federal y obviamente al local que no tiene al momento resultados positivos. En conclusión: la impunidad que vivimos sigue siendo una constate.

PD Memorial: hoy 12 de octubre recordamos en encontronazo de 2 culturas (no un descubrimiento).

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