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miércoles, 27 octubre, 2021

Capacidades anticorrupción: el reto permanente y pendiente

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En 2015, derivado de un contexto de creciente demanda y malestar social, con respecto a los escándalos de corrupción que pusieron fin a la expectativa del gobierno en turno, se llevaron a cabo sendas reformas constitucionales para integrar un sistema consolidado, horizontal y vertical, de rendición de cuentas, con el nombre de Sistema Nacional Anticorrupción. Entre las novedades que presentó, además de articular las instituciones preexistentes, reformar algunas de ellas para mejor encuadre en la nueva lógica, y fortalecerlas, está la de insertar la incidencia ciudadana directa, a través de la creación de un mecanismo de participación social directa, conocido como el Comité de Participación Ciudadana, cuyo presidente, coordinaría al ya citado sistema, incluidos los representantes de otras seis instituciones: la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), la Fiscalía Especialidad en Materia de Combate Corrupción (FECC), el Tribunal Federal de Justicia Administrativa (TFJA), la Secretaría de la Función Pública (SFP) y el Consejo de la Judicatura Federal (CJF).

En su momento, esta innovación política y jurídica, se celebró por las bondades que ofrecía, al incluir, de manera más consistente y clara, la participación de la sociedad civil, a través del ya citado Comité de Participación (CPC). Sigue siendo el esfuerzo más importante en materia de rendición de cuentas, de manera integral, que hasta el momento ha implementado el Estado mexicano, sin embargo, cada vez es más claro que no es suficiente, pues ningún ingrediente puede sustituir el principal: el interés de la ciudadanía, de forma individual y colectiva, en los asuntos públicos, para que la democracia funcione, más allá de la creación y reforma de las instituciones.

Baste un ejemplo para ello, preocupante, además. En días pasados, fuimos testigos de un atropellado proceso para designar a cuatro participantes del ya citado CPC, cuyos espacios se encontraban vacantes. En el proceso ha existido un deficiente trabajo de la Comisión de Selección, que luego de varios tropiezos, logró la designación de los cuatro ciudadanos que habrán de llenar los espacios necesarios para que el propio Sistema Nacional Anticorrupción pueda funcionar. Distintas instancias ciudadanas denunciaron la falta de transparencia en el proceso, la resistencia a la participación abierta de organizaciones de la sociedad civil, amén de las sesiones fallidas, de quórums rotos y reclamos públicos entre sus integrantes. Todo ello nos retorna al punto: ninguna institución, ninguna voluntad ni perfil son ingrediente suficiente para sustituir al indispensable: el interés, la labor y tarea inherente del ciudadano en una democracia.

Sin embargo, además de tener serios desafíos en relación a consolidar la participación colectiva e individual mínima para que nuestra democracia y sus contrapesos funcionen, como lo es la pobreza de tiempo y la poca confianza que despierta nuestra vida pública, sin olvidar la inercia de la burocracia, y en sí, del poder público para no abrirse y cerrar la puerta a toda incidencia social, nos topamos siempre con la muy escasa capacidad técnica, cultural o académica, indispensable para involucrarse en los asuntos públicos. El esfuerzo del Estado mexicano, no debe obviar este pendiente, sin el cual, por más que se reinvente y rediseñe, le será imposible presumir y constituir una democracia consolidada, sustancial y funcional.

Debemos ir por la creación de Escuelas Ciudadanas de Incidencia y Participación, que sean permanentes, a través de esquemas comunitarios, con participación de nuestras universidades y escuelas, solo por poner una propuesta sobre la mesa, entre las muchas ideas y proyectos interesantes que existen al respecto.

No lo olvidemos: en una democracia, el papel más importante, es el del ciudadano y sí éste no cuenta con la formación indispensable para ejercer su rol, no tendremos nunca lo que aspiramos: una democracia en la que la rendición de cuentas, la justicia, la legitimidad y la eficiencia sean sus elementos distintivos.

@CarlosETorres_

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