Editorial gualdreño 496

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Mario Morones murió el 22 de septiembre pasado; fue un artista zacatecano dedicado a la música, no solo tocaba varios instrumentos, sino que componía. La música la llevaba en el alma y desde muy chico, viviendo en una ciudad como la nuestra, escuchaba en cada rincón armonías que él identificaba a su manera como parte de una canción. Los aguadores probablemente, los ruidos de la gente apresurada que pasa temprano al trabajo, el sonido de los burritos del aguamiel por las mañanas, la plática de las señoras mientras van al mercado, el estruendo de los truenos en verano, la banda que tocaba los jueves en la plaza, la orquesta de los domingos en el centro, las callejoneadas… la música italiana que, ya entrada la adolescencia, había llegado a casa y escuchaba con sus hermanos en grabadoras extranjeras también, los primeros acetatos. Digamos entonces que Mario, ese hombre sobrio, discreto y sonriente que solía caminar por las calles del centro histórico, tenía la capacidad de absorber los sonidos del día y de la noche, para procesarlos en sueños y amanecerlos después. 

Mario participó en agrupaciones musicales de blues y de rock; pero su sensibilidad abarcaba mucho más: gustaba del cine, la lectura y el teatro, de ahí que a lo largo de su vida profesional participara generosamente con colectivos y personas que compartían con él la idea de que el arte podía salvar al mundo. Muchas fueron sus amistades en el medio de las artes y la cultura, no podía haber sido de otro modo: él brindaba amistad a manos llenas y fue recompensado en vida por el cariño de quienes lo acompañaron hasta el final de sus días, artistas que al enterarse hace algunos meses de que estaba enfermo, comenzaron a realizar una serie de actividades para recaudar fondos para ayudarlo con sus gastos médicos; quedan para la historia -nuevamente- los actos de solidaridad que se llevaron a cabo para apoyarlo. La enfermedad que padecía finalmente se lo llevó. Las palabras de despedida fueron muchas; me consta la tristeza que esta noticia generó entre sus colegas y amigos.

Hice énfasis en la palabra “nuevamente” en el párrafo anterior porque el caso de Mario es el de muchos artistas que, por trabajar de manera independiente, carecía de los fondos económicos suficientes para encarar los gastos que una enfermedad terminal implica. Es inevitable recordar a otro artista zacatecano fallecido hace algunos años y que en condiciones similares vivió sus últimos días, con carencias inadmisibles, injustas para quien había dedicado muchas décadas de vida a la creación artística, Juan Nava. Así, podríamos hacer un recuento de las condiciones de desigualdad en las que muchos de los creadores han caído debido a la falta de certeza laboral, de seguridad social, e incluso de información adecuada para poder tener un seguro contratado de manera individual. La realidad nos dice que no solo los artistas tienen ese problema, el de no contar con seguridad social, que son muchos profesionistas y trabajadores free-lance, que si en estos momentos cayeran enfermos no tendrían tampoco la certeza de ser bien atendidos en un hospital, ni los medios para pagar los medicamentos necesarios, ni los gastos que de la enfermedad se derivaran. Y entonces, serían otra vez los artistas quienes saldrían a cooperar, como lo han hecho históricamente también, para causas como estas y muchas más. La pregunta es ¿hasta cuándo? 

Cierto es que las condiciones económicas por las que atraviesa el país, y el estado particularmente, son difíciles: la pandemia las ha agravado; los recortes presupuestales seguirán y en el sector artístico con mayor razón dado que no nos ha quedado claro que promover y fomentar las actividades culturales tiene un impacto transversal; frases como la de “democratizar la cultura” no han ayudado en los hechos más que para estructurar discursos, esa es la verdad. Sin embargo, tengo la seguridad de que es posible crear un programa que vea por las condiciones en las que los artistas están trabajando actualmente. Dejo un ejemplo para la reflexión, si se ha podido asegurar -con ciertas restricciones, pero asegurados están- a los participantes de Jóvenes Construyendo el Futuro ¿por qué no podría aplicarse el mismo esquema para los artistas? En una justa retribución a su trabajo y por todo lo que hacen por la sociedad eso podría ser posible con un poco de voluntad. 

Mario, descansa en paz.

[email protected]

 https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_496

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