Jean-Luc Nancy o la deconstrucción creativa de Occidente

Jean-Luc Nancy o la deconstrucción creativa de Occidente
Jean-Luc Nancy. Fotografía de Georges Seguin (Okki). Jean-Luc Nancy en el Salón del Libro de París, 2010.

La Gualdra 492 / La danza del salmón: pensar a contracorriente

Tuvo una salud frágil y una buena vida entregada al pensamiento lúcido, quizá una salud de hierro. Pese a todas las complicaciones médicas logró mantenerse activo más de ochenta años, quizá por eso la noticia de su muerte este 23 de agosto no fue tan sorpresiva, aunque no deja de causar cierto estupor que hace un par de meses tuviera réplicas agudas en intercambio de ideas con Agamben, Zizek y otros intelectuales en torno a la pandemia del COVID-19 y sus medidas sanitarias. 

A fines de los noventa, leí por primera vez a Nancy debido una recomendación que daba en alguna entrevista Jacques Derrida, quien es para mí uno de los faros más importantes del siglo XX, después de Heidegger claro está, sugería: que se trataba de un pensador que ha renovado la filosofía moderna y, que junto con Paul de Man, son autores que muestran y demuestran que la deconstrucción no es cuestión personal sino que forma parte de una réplica situada en el corazón de nuestro tiempo; al respecto Peeters, en su biografía –sobre– Derrida (FCE, 2013) cita fragmentos de una extensa carta dirigida a al joven filósofo que terminaba sus estudios bajo la dirección de Paul Ricœur: “Ya sabía, por haberlo leído varias veces en Esprit, que necesariamente teníamos que conocernos. Leemos a nuestros contemporáneos de manera análoga. Tenemos que trabajar. Pero el terreno está minado más que nunca”. Las elogiosas palabras le conmueven e imponen un poco a Nancy, pero teme no estar a la altura del autor de La gramatología; obra que considera Nancy –junto con su amigo y colega Philippe Lacue-Labarthe– un parteaguas del pensamiento actual. 

El 8 y el 9 de mayo de 1970, Derrida imparte conferencias y charlas en Estrasburgo, y partir de entonces, la amistad e intercambio académico con Nancy y Lacue-Labarthe se fortalecen. En repetidas ocasiones Derrida ha elogiado que Nancy se haya apropiado de algunas temáticas deconstructivas dándoles un giro novedoso y polémico, incluso celebraba, con entusiasmo, el disenso con su interlocutor y discípulo. Sin embargo, a partir de que el profesor Juan Carlos Moreno Romo, especialista en Descartes, y alumno de Nancy y Lacoue-Labarthe -que me invitara a presentar su traducción al castellano de Un pensamiento finito (Anthropos, 2002)- que lo empecé a leer sistemáticamente. 

Ya en 1973 La Titre de la lettre (Galilée), escrito junto con Lacoue-Labarthe fue una bomba incendiaria en el contexto del psicoanálisis lacaniano que le costara la excomunión del círculo próximo en torno a Lacan y, paradójicamente, el reconocimiento inmediato de la intelectualidad francesa. Nancy fue un gran ensayista, un escritor que le gustaba experimentar los giros del lenguaje y la escritura fragmentaria y rapsódica sin detrimento de la claridad y orden conceptual, al respecto cabe citar dos hermosos libros: Corpus (Métailié, 1992) y Nus sommes. La peau des images [(Bruxelles, 2002), yo tengo la reedición parisina de Klincksieck del 2006], con Federico Ferrari, donde se permite hacer de la escritura un poema filosófico a la manera de Nietzsche, Bataille y los antiguos presocráticos. 

Su vastísima obra cruza de forma original y transversal todos los campos del saber y de la cultura: desde la filosofía y el psicoanálisis hasta el arte, la política y la vida cotidiana. Lo que más sorprende de Nancy es que se trata de un comentarista excepcional, fino, riguroso, un gran lector muy agudo capaz de apreciar las sutilezas de las cosas más nimias, pero que a la postre, marcan la singular diferencia. 

Sus relecturas de Platón, Kant, Hegel, Nietzsche, Bataille, Blanchot, Heidegger, entre otros, están lejos de repetir lugares comunes, son exégesis que nos enseñan a leer de otra manera los clásicos que creíamos ya conocer; en este sentido, y la palabra sentido adquiere otras tesituras después de haber leído y releído sus reflexiones, Jean-Luc Nancy ha tenido la audacia de efectuar una auténtica deconstrucción del cristianismo mostrando la influencia decisiva de sus aportaciones fundamentales en todos los ámbitos, incluyendo, por supuesto, la filosofía; Derrida le ha reconocido su valentía para afrontar la deconstrucción del cristianismo desde la complejidad y más allá del ateísmo en boga. 

Ser singular plural (Arena Libros, 2006) y La creación del mundo o la mundialización (Paidós, 2003) son libros que afrontan los temas más peliagudos de la actualidad asumiendo la crisis de la modernidad capitalista y el fracaso de la sociedad actual y evitando tanto las posturas posmodernistas de Lyotard y Vattimo como las visiones reformistas estilo Habermas, y aún más, no claudicando ante supuestas posturas radicales apocalípticas y nihilistas que confunden la diatriba y la vociferación con la crítica sin cuartel. Quizá por eso cuando Derrida moría le consolaba un poco saber que dejaba el pase de estafeta en su entrañable amigo; ahora que Jean-Luc Nancy ha muerto, se avizora con pesadumbre el desierto intelectual contemporáneo.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_492

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