Genaro Estrada, un constructor del México moderno

Genaro Estrada, un constructor del México moderno

La Gualdra 491 / Libros

La Secretaría de Relaciones Exteriores acaba de publicar el libro La inagotable presencia de Genaro Estrada (Secretaría de Relaciones Exteriores, 2020), lo que significa un hecho raro y, por ende, sobresaliente dentro de las letras mexicanas. La figura de este escritor sinaloense ha habitado entre la luz y las sombras, hay que decirlo, pues aunque su nombre es conocido por la doctrina diplomática que lleva su apellido (la Doctrina Estrada), conocida en todo el mundo porque establece la autodeterminación de los pueblos, y que políticos del siglo XXI han puesto en la mesa de discusión recientemente, el resto de su trabajo como editor, periodista, crítico literario, poeta, novelista, bibliófilo y ensayista no es muy reconocido entre lectores e incluso, me atrevería a decir, entre los mismos investigadores universitarios. Por lo que la obra de Genaro “El Gordo” Estrada (1887-1937) es una veta de oro en donde se puede descubrir una potente obra artística e intelectual surgida de este redondo mineral como lo fue él. 

Y le digo “Gordo” porque así le decía con aprecio y amistad el otro “gordo” de las letras mexicanas, Alfonso Reyes, quien fue su cómplice no solo en las tareas literarias y culturales, sino también diplomáticas. Hay un punto de encuentro entre su labor literaria y lo que hizo como constructor de instituciones para los gobiernos revolucionarios y posrevolucionarios, y estos elementos se evidencian en los diversos artículos escritos por diversas autoras y autores para conformar el libro La inagotable presencia de Genaro Estrada, coordinado por el ensayista Alberto Enríquez Perea hablan sobre la obra. 

Sobre el contenido de este título, hay que decir que por un lado los artículos tratan sobre los poemas, novelas y ensayos que construyó Genaro en torno a la historia de México, ya que Estrada recupera la tradición cultural, artística y literaria de nuestro país, desde la Colonia pasando por el México independiente y esto lo hizo no por negar o querer ocultarse de los hechos bélicos de la Revolución mexicana, ni de la violencia de los tiempos entre guerras, sino al contrario, Estrada estudió y escribió sobre la historia para encontrar respuestas en el pasado de México y del mundo para entender los porqués de la situación que estaba viviendo él y su generación en ese convulso arranque del siglo XX que transformó a la humanidad y le dio entrada de una vez por todas a la modernidad; hecho que nos tiene, por cierto, en esta posición ambivalente, entre la crisis y el desarrollo social, en este siglo XXI. 

Estrada, como agente cercano al espíritu intelectual del Ateneo de la Juventud, buscaba las respuestas del presente inmediato en el pasado, en la historia, pues ¿cómo querer forjar una patria nueva si no nos conocemos a nosotros mismos? Es por ello que este hombre de conocimientos amplios rastreó y recuperó lo que fuimos a través de nuestras letras y nuestras construcciones políticas y económicas. Si esto no hubiera sido así él no hubiera podido trabajar en la construcción de empresas culturales, educativas y políticas como las que efectuó en la Escuela Nacional Preparatoria, en la Escuela de Altos Estudios, en la Secretaría de Relaciones Exteriores, en la fundación y colaboración de proyectos editoriales como la revista Argos o en editoriales como Cultura y ediciones Botas: empresas culturales en las que no tuvo reparo de participar, ya que él sabía al lado de otras personalidades de su tiempo que el México que estaba saliendo de la violenta sacudida de la Revolución debía reconstruirse moral, ética, cultural y espiritualmente a partir de la larga y milenaria tradición de la que vinimos, por ambos cabos del Atlántico y del Pacífico, para poder conformar a mexicanos y mexicanas renovadas. 

Es por ello que en varios artículos que componen este singular libro analizan el porqué existe aún un prejuicio ante la obra de Estrada, el cual está basado en la idea de que era un autor “colonialista”, “hispanista”, apasionado y nostálgico del pasado virreinal; idea que el lector acucioso podrá negar con facilidad, pues en obras de Estrada como su novela Pero Galín (1926) o Visionario de la Nueva España (1921) se podrá dar cuenta de la crítica social y del sentido del humor con que Genaro trata a los personajes de la colonia. Es por ello que las letras que escribió son el complemento inmejorable de su labor diplomática, ya que su idea era renovar legal e institucionalmente al México del siglo XX, construir al México moderno para dotarlo de sensibilidad, humanidad, crítica y una nueva cultura. 

Y es que detrás de la Doctrina Estrada (ideal y guía de la política internacional mexicana, creada cuando Genaro era secretario de Relaciones Exteriores de 1930 a 1932) y del apoyo que dio a los refugiados españoles de aquella Segunda República española están justamente las horas y los años de estudio, de lectura y escritura, pues contiene los valores de respeto, igualdad y fraternidad que caracterizaron a las y los utopistas, romántico intelectuales que le dieron forma a esta sociedad tras la Revolución. Y eso no hubiera sido posible sin la recuperación de esa historia de la que Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Pedro Henríquez Ureña, Jesús Acevedo, Carlos González Peña, Alba Herrera y Ogazón, María Enriqueta Camarillo y otros ateneístas echaron mano para hacer lo propio. 

Genaro Estrada sabía que el México del siglo XX estaba forjado con estuco prehispánico, tezontle colonial y con acero y concreto de su presente. Pasado, presente y porvenir: qué curioso que la tesis diplomática que él forjó en 1930 siga vigente hasta nuestros días y eso no es casualidad, eso es pasado que es presente y presente que será futuro. Este trabajo de recuperación y de creación del presente se ve reflejado en otros de sus libros, como lo dicen los articulista de La inagotable presencia, por ejemplo, en la Antología de Poetas Nuevos de México (1916), la cual fue capaz de reunir a generaciones de poetas que se creían separadas, y que sin embargo Estrada conectó para revivirlas: en la Antología están los poetas de la Revista Azul, desde Manuel Gutiérrez Nájera, y desde ahí Estrada tira la cuerda para juntarlos con los poetas contemporáneos y alumbrarlos de nueva cuenta en esa segunda década del siglo XX. Esta tarea fue precursora de otras antologías de poetas que después harían Antonio Castro Leal, Octavio Paz o Gabriel Zaid y muy recientemente Juan Domingo Arguelles. 

Lo mismo hizo con su Bibliografía de Amado Nervo (1925), ya que él sabía que en vez de negar lo pasado debía recuperarlo y darlo a conocer para el mundo: una muestra más de estrategia diplomática para poner a México en la palestra internacional. Y cómo no hacerlo a través del poeta Nervo, reconocido en el orbe occidental y con quien compartía no sólo la cultura a través del hecho geográfico, ambos escritores de provincia y del occidente, sino también la curiosidad por la historia y por poner a México en lo alto; recordemos que Amado Nervo fue también parte del cuerpo diplomático en España una década atrás de la publicación de esta Bibliografía

Lo que evidencia el libro La inagotable presencia es que Genaro Estrada no fue tan solo un buen crítico literario sino un buen escritor, escritor moderno y me atrevería a decir que hasta de vanguardia, porque esos ensayos de corte narrativos y esa ese arremedar en los protagonistas de sus historias no fue un acto de simple nostalgia, sino su propuesta moderna por hacer algo diferente en ese arranque del sigo XX, una propuesta arriesgada que hay que seguir explorando, así como lo hicieron los autores de este libro como Pilar Mandujano, Víctor Barrera Enderle, Víctor Díaz Arciniegas, Miguel Ángel Aguilar Ojeda o Serge I. Zäitzeff, entre muchos más. Para concluir, hay que decir que Genaro Estrada hoy está dando de qué hablar gracias a este libro publicado por la Secretaría de Relaciones Exteriores y seguirá dando temas de estudio, debate y discusiones para las siguientes generaciones de interesados en la literatura, la historia, la diplomacia y el arte. 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_491

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