Nuestro padre soltero

Nuestro padre soltero

El padre soltero de la poesía mexicana”, así bautizó Hugo Gutiérrez Vega, quien fuera director del suplemento cultural literario La jornada semanal, a Ramón López Velarde. El calificativo no pudo ser más acertado. Lo de padre soltero tiene una doble acepción: dado el aprecio que tuvo por las mujeres sin estar de acuerdo con el matrimonio ni engendrar descendencia, y porque al ser el poeta más leído y admirado por los mexicanos, representa una autoridad. Este próximo 19 de junio se cumple el centenario de su muerte. Estas notas son un modesto reconocimiento a al personaje y su obra.

Habiendo nacido el viernes 15 de junio de 1888, fue bautizado con el barroco nombre de Ramón Modesto López Velarde Berumen Díaz Valdez Lozano Félix Aguayo Martínez Flores Llamas Moran Escobedo Chaparro. De manera que quienes hayan nacido en la comarca del Valle del Amaya o sean descendientes de cualquiera de estos apellidos, pueden sentirse orgullosos y presumir su parentesco con el bardo jerezano. Por cuestiones de tiempo y de la economía del texto, me he basado para escribir estas notas en la documentada biografía no exenta de ficción de Guillermo Sheridan y en dos artículos de Juan Villoro.(1)
Desde su infancia al cursar sus estudios primarios, Ramón el primogénito en la familia de la que sería su sostén a la muerte del padre, demostró ser un niño además de aplicado, inteligente. Las notas con lo que lo evaluaban sus maestros en todas las materias, siendo las más altas, así lo demuestran. Este rasgo fue constatado en su paso por el seminario de Zacatecas y las instituciones de nivel superior de Aguascalientes y San Luis Potosí, en donde tras percatarse que la de sacerdote no era su vocación, termino estudiando Leyes. Desde que perdió su inocencia y tuvo uso de razón su prima Josefa de los Ríos, que lo cargo en sus brazos, Fuensanta como la nombró, la llevó presente hasta la muerte como su amor imposible.

Entre sus amigos está en primer lugar el Padre Reveles, él que en Jerez lo empleo de monaguillo y le despertó el gusto por la poesía. Luego vendrían otros, los más cercanos y fieles.

La vida del poeta no se explica sin las mujeres que incidieron en su vida. Como apunta Juan Villoro, “Encandilado por la belleza, López Velarde celebra el cuerpo femenino como un altar sensual: “te aspirare con gozo temerario/ como se aspira en un devocionario/ un perfume de místicas violetas”(2) Entre las mujeres que se cruzaron por su vida están las además de Fuensanta, su prima Águeda, una noviecita que tuvo en la Ciénaga, un suburbio de Jerez en el margen oriental del río; una muchacha de Venado en donde fue a trabajar para estrenarse como abogado, la también potosina María Nevares y la capitalina Margarita Quijano con la que tenía más afinidades literarias, y a quien se considera su musa literaria que lo llevó a pulir su estilo reflejado en su libro, “La sangre devota”. “Al menos cuatro mujeres aceptaron que las cortejara formalmente. Todas lo quisieron y ninguna se casó con él y las cuatro murieron solteras”(3), completa Villoro.

El tiempo histórico marcado por la transición del porfiriato a la Revolución, del antiguo al nuevo régimen, que le tocó vivir, como diría J.J. Arreola, fue un tiempo “estremecido” y “delirante”. Muy similar al nuestro por cierto plagado de inseguridad y violencia. Como católico fiel y confeso, militó en el Partido católico. Fue un antiyanqui. Vio a los gringos como una amenaza para México, Apoyo a Madero con cuya causa simpatizo cuando se encontraron en la capital potosina, si bien éste lo más que hizo por él fue ofrecerle un mediocre trabajo de barandilla. De igual forma, tubo empatía por Carranza. Nunca vio con buenos ojos a la educación publica y laica que atentaba contra la moral cristiana.

Dejo el comentario sesudo sobre su poesía a los especialistas. En mi caso, encuentro en ella el ritmo y la musicalidad que la de otros autores no tienen. A ello hay que agregar que su letra refleja una gran erudición con el empleo conceptos y de figuras literarias como la parábola y los adjetivos certeros empleados en su lugar en poesías que, aunque ausentes de verso, poseen una envolvente prosa. En el núcleo de la poesía del bardo jerezano esta la evocación a la mujer con un erotismo sutil. También habla del dolor que provoca la ausencia. Evoca el pesar que le producía un México que comenzaba a perderse con la violencia revolucionaria, pero sobre todo aparece la nostalgia del edén perdido como lo fue Jerez y que, tras abandonarlo desde niño, solo regresó a su villa de vez en cuando. La “Suave Patria” que Obregón [se aprendió de memoria] y Vasconcelos la convirtieron en canto cívico y que los gobiernos revolucionarios se apropiaron como un símbolo del nacionalismo, es, dice Villoro, una crítica a la Revolución(4). Creo que es más bien un gran fresco de lo mejor de nuestra historia que recrea el folklor y costumbres de la nación mexicana.

Cuando un artista rescata la tradición en su obra, va a las raíces de la cultura de un pueblo o nación y al leer su obra despierta empatía y admiración, pero además sobrevive a generaciones, estamos hablando de un clásico. Eso y no otra cosa es nuestro padre soltero de la poesía mexicana: Ramón López Velarde. ■

Referencias:
1 Sheridan, Guillermo, Un corazón adicto. La vida de Ramón López Velarde y otros ensayos afines, México, Tusquets Editores, segunda edición, 2002.
2 Villoro, Juan, “El siglo del poeta”, en Reforma, México, 5 de junio de 2021.
3 Loc. Cit.
4 ___ “La Condición Nacional”, en Reforma, México, 12 de junio de 2021.

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