Lágrimas de Dios

Lágrimas de Dios

La Gualdra 480 / Río de palabras

 

Añoro las tardes de lluvia, hoy que todo se muere por el calor y la sequía. Esas tardes en que el juego se interrumpía por el agua, donde el único entretenimiento era mirar a través de la ventana. Nos poníamos a ver televisión con el sonido de la lluvia como fondo. Dormíamos arrullados por los chorros de agua que salían por las canales. Despertábamos a jugar por las mañanas a brincar en los charquitos. Pero, sobre todo, veíamos llover por horas y horas que parecían interminables. La lluvia son lágrimas de Dios, me dijo un día mi abuela; obsesionada como vivió siempre por los castigos divinos. Son las lágrimas que él llora por todos nuestros pecados. Me gustaría que mi abuela aún viviera para que me explicara ¿por qué ahora Dios no llora?, ¿por qué sus lágrimas de pronto se han secado? Hace un buen tiempo que no llueve por estos rumbos, los campos se están secando. Será que los hombres ya somos buenos, que ya no cometemos pecados. Cierro la puerta para evitar que entren los montones de tierra seca que el aire con sus remolinos arrastra. No, no es que seamos buenos, ante la ausencia de mi abuela, yo me respondo: es que ahora ve cómo nos estamos asando y se ríe de nuestro infierno adelantado.

 

 

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