Niñas y niños con discapacidad: proteger a la niñez más vulnerable

Niñas y niños con discapacidad: proteger a la niñez más vulnerable

En México viven 580 mil (2.0%) de niñas, niños y adolescentes entre 5 y 17 años que presenta alguna discapacidad. Lamentablemente como sociedad, seguimos siendo profundamente ignorantes sobre la discapacidad. Se prefiere no pensar en ella, o hacerla invisible, de manera que nuestro país se va construyendo de forma excluyente sin pensar en aquellas acciones, programas o políticas que podrían incluir a las personas con discapacidad. Incluso su medición es compleja ya que de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) la discapacidad es un “término general que abarca las deficiencias, las limitaciones de la actividad y las restricciones de la participación”. La OMS nos dice que deficiencias son problemas que afectan a una estructura o función corporal; las limitaciones de la actividad son dificultades para ejecutar acciones o tareas, y las restricciones de la participación son problemas para participar en la vida. Tradicionalmente pensamos en la discapacidad solo como en aquella que se presenta físicamente, es decir que puede verse, sin contar las discapacidades psicológicas. Además, no pensamos en la discapacidad como algo que afecta tanto a individuos como a sus familias. Esto nos ha llevado a tener mucha desinformación en cuanto al tema de discapacidad, y por lo tanto a crear exclusión para estas personas y sus familias.

Esta exclusión se vuelve más intensa cuando hablamos de niñas, niños y adolescentes con discapacidad. De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) “Las niñas, niños y adolescentes con discapacidad aún se encuentran entre los grupos más desfavorecidos e invisibilizados en todo el mundo” ya que se intensifica su estado de vulnerabilidad y, en comparación con sus pares sin discapacidad, tienen más probabilidades de experimentar las consecuencias de la inequidad social, económica y cultural. En nuestro país, me atrevo a decir porque así lo vivo, las desventajas sociales que viven las y los niños con discapacidad o alguna condición en comparación con las y los niños sin discapacidad son alarmantes. Tenemos una enorme deuda con la infancia con discapacidad: para ellas y ellos el acceso a la educación no es universal ni tampoco se les garantiza. La ENADID 2018 muestran una menor asistencia escolar en la población con discapacidad. A saber, 75.3% de las niñas, niños y adolescentes de 5 a 17 años de edad con discapacidad asiste a la escuela, comparado contra el 88.4% de la población sin discapacidad en ese mismo rango de edad. Mientras que, por grupos de edad, las brechas se intensifican principalmente en el grupo de 10 a 14 años, con 14.7 puntos porcentuales de diferencia. El acceso a una educación de calidad y que contemple las necesidades de los diferentes grupos de discapacidad ha sido una de las grandes luchas. Esto ya que no existe educación inclusiva, ni inclusión social, tampoco alternativas de actividades extracurriculares.

Por otra parte, por cada 100 niñas, niños y adolescentes con discapacidad, 87 cuentan con afiliación a al menos a una institución de servicios de salud. De la población infantil que cuenta con este servicio, 58.2% están afiliados a un programa social con acceso a atención médica, 36.7% lo están al IMSS; 5.9% al IMSS-PROSPERA, 5.6% al ISSSTE; y 2.2% a otra institución o un seguro privado. Esto no garantiza la debida atención ya que las terapias físicas, ocupacional y de lenguaje gratuitas son muy limitadas.

Es por esto que instituciones como Teletón son de gran ayuda. Estoy segura que sin Teletón muchísimas familias verían imposible tener una atención médica, terapéutica, física, para sus hija e hijos. Sin embargo, y debido a la pandemia estos institutos tanto públicos como privados han tenido que cerrar y esto ha venido a agravar el rezago de esta niñez, pues los centros de servicios terapéuticos han cerrado. Los padres y madres, en particular las mamás están “obligadas” a continuar, cómo pueden las rehabilitaciones en casa, sumando una tarea más a sus labores no remuneradas e invisibilizadas.

Por otro lado, no podemos olvidar que la discapacidad es una condición de vida, y que estas niñas y niños serán adultos y muchos de ellos probablemente siempre dependientes. No podemos seguir ignorando, y seguir sin hablar del tema. Como sociedad y Gobierno se tienen que generar alternativas reales de inclusión en todos los ámbitos. La asociación “Yo También” junto con INEGI han llamado a la necesidad de tener registros de las personas con discapacidad durante toda su trayectoria de vida, nacimiento, vida escolar, laboral, uso de servicios de salud, etc., a manera de tener una mejor atención. En este sentido han señalado que está aún pendiente el registro nacional de personas con discapacidad. Al igual que otras iniciativas para seguir impulsando la inclusión de niñas y niños con discapacidad. La protección de la infancia debe ser uno de nuestros principales motores como sociedad, y esta no puede llevarse a cabo si no empezamos por la infancia más vulnerable. ■

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