La academia en las elecciones: campañas con enfoque de política pública

La academia en las elecciones: campañas con enfoque de política pública

¿En qué espacio y por qué medio los ciudadanos nos damos cuenta de los planes de gobierno que tienen los candidatos? En la campaña emiten spots y mensajes cortos que dicen nada. Anuncios en lonas o pequeños volantes, videos de 30 segundos y ya. Con esos medios se difunden consignas y lemas. Nada más. Además de mensajes que no se dicen sino se muestran: fondos de foto, vestimentas, gestos o acompañantes. El lenguaje de la mercadotecnia que ayuda a asociar a los candidatos con algunos motivos identitarios, que a su vez, produzcan un sentido afectivo de algún tipo. Pero ese modo ya dio de sí. A la ciudadanía no puede seguir tratándosela como meros consumidores de ofertas políticas.

Otro espacio para que nos enteremos de la visión de los pretendientes a gobernadores, presidentes de municipios y legisladores son los debates. Sin embargo, son absolutamente deficientes. Por ejemplo, en el pasado debate les daban un minuto para que expusieran su propuesta sobre desarrollo económico de la entidad. ¡Es imposible! Si fuera el caso que tuvieran los temas estudiados y las propuestas muy desagregadas para resolver los problemas públicos, esos formatos no sirven para difundirlos, menos para contrastarlos realmente. En ese caso, el árbitro electoral puede elaborar cuadros sinópticos de comparación de propuestas en torno a un mismo problema. Y difundir materiales dando el peso justo a lo que nos preocupa a los ciudadanos: cómo se resolverán los problemas de empleo precario, de falta de agua, el manejo de residuos sólidos, la calidad de educación, la seguridad pública, y así. El IEEZ se limita a revisar los gastos de campaña, pero no elabora instrumentos informativos y analíticos sobre la diferencia especifica de cada partido político y de cada candidato. Es enorme la tarea que puede hacer el Instituto, pero no la hace. Se debe cambiar el modelo electoral a uno que dé prioridad a las visiones de política pública y abandonar la spotización de una vez por todas.

En este contexto, le debemos exigir a las universidades que hagan algo al respecto. La academia es el espacio idóneo para el análisis y la reflexión de las plataformas electorales de los candidatos en cuestión. Si lo hacen con ellos presentes y se construye un diálogo que se difunda en un formato atractivo, la tarea estará cumplida. En estos momentos necesitamos que la academia active la potencia que le es propia (el rigor y la capacidad crítica) para desmenuzar los planes, cuestionar la factibilidad de las propuestas, la proyección de sus consecuencias y las capacidades de su implementación. Estos elementos pueden iluminar a la ciudadanía para tomar una decisión sobre criterios racionales y no sólo impulsados en móviles afectivos. La democracia funciona si el electorado se comporta racionalmente buscando valores públicos y no sólo actúa atrapado por la seducción o el interés inmediato. En estos momentos, la academia puede contribuir a marcar una bifurcación en las formas de modelar las campañas electorales. Campañas (justamente) con enfoque de política pública.

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