Acosadas en la calle y acosadas en la política

Acosadas en la calle y acosadas en la política

Antes que nada, quiero aclarar que muy pocas veces escribo respecto a un tema relacionado a la lucha feminista. No por desconocimiento o por desinterés respecto al tema, sino por respeto a la autenticidad de la lucha, porque condeno que el tema sea utilizado solo para atraer audiencia y porque estoy convencido de que es una lucha de ellas, en la que los hombres solo podemos colaborar cambiando nuestra forma de pensar, de actuar y respetando. En esta ocasión me tomo el atrevimiento de opinar al respecto por los tan lamentables sucesos de esta semana en la vida política de Zacatecas que tienen que ver con la violencia hacia las mujeres; sucesos que han causado todo tipo de opiniones en los medios de comunicación y en las redes sociales y que han provocado que algunos actúen con indiferencia, con cierta complicidad, silencio y en un sentido defensor, pero, la gran mayoría de Zacatecanas y Zacatecanos, se muestran ofendidos, exigen aclaraciones, disculpas y sanciones.

A pesar de que las leyes y las instituciones de nuestro país han tratado de garantizar una vida plena y segura para las mujeres, sabemos que, para que eso sea una realidad, falta mucho trabajo no solo legislativo e institucional, sino social.

Aun teniendo leyes e instituciones dedicadas a la defensa de las mujeres, estas, siguen padeciendo diariamente violencia en distintas modalidades. Lo peor de todo, es cuando las mujeres son violentadas dentro de las propias instituciones o dentro de la política por sus jefes, por políticos, por candidatos, por compañeros de trabajo, etc. Para muchas mujeres, el transitar y tratar de ser exitosas en la vida política e institucional es un verdadero infierno.

Las mujeres en nuestro país y en todo el mundo, debido a cuestiones sociales, de creencias, de costumbres, o de roles, han estado en una posición de vulnerabilidad y desventaja ante los hombres. Durante mucho tiempo se les ha visto inferiores, como el sexo débil, o como objetos. Se les han negado derechos humanos que ahora son básicos, como el derecho al trabajo, a la educación, al voto. Hasta hace unos años esta situación pudiera parecer normal, pero con el paso del tiempo las mujeres han ido conquistando espacios y derechos que en el pasado no se hubiera podido imaginar que tendrían. Esas conquistas desde luego no han sido nada fáciles.

Los derechos de las mujeres hoy en día son reconocidos por las leyes, sin embargo, como sociedad nos falta mucho por hacer para lograr una verdadera equidad y respeto de género. Nuestro país, es uno de los que más actitudes misóginas y machistas practica; actitudes que se resisten en desaparecer, actitudes que son cultivadas desde el seno familiar y que por eso se practican en dependencias e instituciones públicas con completa normalidad.

Si usted va a cualquier institución pública, podrá notar que quienes tienen puestos de asistentes y recepcionistas de los jefes y directivos son mujeres, que en la mayoría de las ocasiones se les asignan uniformes que “resaltan” algunas características físicas, es decir que las hacen más atractivas ¿usted cree que esto es normal? Son años y años los que se han vivido acostumbrados a prácticas como ésta, que nos parecen normales, pero no lo son.

¿Recuerda usted el caso de Cuauhtémoc Gutiérrez, quien fue dirigente del PRI en CDMX hace unos años? Desde su cargo político, reclutaba jovencitas con engaños, ofreciéndoles trabajo de secretarias dentro del partido, pero en realidad estaban condicionadas a satisfacer las necesidades sexuales del dirigente político. Lo peor del caso es que tuvo que exhibirse la situación por medio de una periodista infiltrada y no por denuncia de las afectadas.

En México, 9 de cada 10 mujeres han sufrido violencia sexual, la mayoría no se atreven a denunciar por miedo vergüenza ¿se imagina cuantas de esas mujeres no fueron violentadas en sus trabajos, en dependencias públicas, en oficinas? Vivimos en una realidad muy dura donde a la mujer se le ve de forma lasciva desde que pide empleo; tratar de ascender en su trabajo, mucha de las veces llega a convertirse en un verdadero reto para las mujeres, no por las aptitudes y destrezas que el ascenso requiera, sino por los favores extras que puedan llegar a pedir algunos jefes a cambio del ascenso.

Es inaceptable que las mujeres en nuestro país sean acosadas en la calle y dentro de las propias instituciones; no puede haber gobernantes de doble discurso y doble moral, de esos que expresan en público su respaldo a las mujeres pero que con su actuar demuestran lo contrario, ya sea por ser ellos los violentadores o por permitir que en las instituciones existan casos de violencia hacia la mujer en cualquiera de sus formas. Como sociedad hay un gran trabajo por hacer, debemos cambiar la mentalidad, las costumbres y la educación para que podamos tener un mundo libre de violencia no solo para las mujeres sino para todas las personas. ■

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