“Atrasito de la raya, por favor”

“Atrasito de la raya, por favor”

“Atrasito de la raya, que estoy trabajando”, decían antiguamente los merolicos, para que la gente no interesada en comprarles sus chácharas o ver sus espectáculos callejeros dejaran espacio para los potenciales clientes o espectadores dispuestos a divertirse con los actos casi siempre sorprendentes de quienes se convertían en amos de plazas y calles céntricas. Imágenes urbanas de un México que casi han desaparecido.

Atrasito de la raya, por favor, que estamos trabajando. A veces dan ganas de decirle así a esa minoría que aprovecha el conflicto financiero y social del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issstezac) para entorpecer diálogos, acciones, búsqueda de acuerdos, y consensos entre los involucrados.

Por supuesto, todas las ideas, incluso divergentes, deben respetarse y nosotros las respetamos cuando son propuestas útiles para construir vías que ayuden a salir del atolladero. También respetamos, no puede ser de otro modo, a quienes causan ruido y alteran el clima de confianza y razonable esperanza, imperante en la mayoría de los trabajadores.

A pesar de las enormes dificultades que encaramos día a día, los funcionarios, empleados y Junta directiva no dejamos de laborar en lo del día a día, ni en la resolución de los problemas de corto, mediano y largo plazo.

Que el quinquenio esté a 145 días de finalizar; que el Congreso del Estado prácticamente haya reducido al mínimo sus actividades, son situaciones que lejos de arrinconarnos en espera del fin de nuestras funciones administrativas, nos impulsan a movilizarnos y mantener la batalla para evitar el colapso total del sistema pensionario estatal, que irresponsablemente no fue atendido oportunamente.

Pruebas de nuestras actividades están continuamente plasmadas en las noticias cotidianas de los medios de comunicación zacatecanos y nacionales. Debemos reconocerlo, el seguimiento de la información que nos concierne, habitualmente es el adecuado; los enfoques son oportunos y veraces, nada de alarmismo ni insanas estridencias. Objetividad y profesionalismo son componentes de la mayor parte de la información divulgada en torno a esta problemática.

También debemos mencionar el análisis inteligente, bien sustentado, equilibrado y veraz con el que periodistas dedicados a opinar abordan el tema. La lectura diaria de columnistas y articulistas nos deja ver que los profesionales de la pluma aportan a la sociedad ideas claras sobre la magnitud del problema. Lo revisan con la lupa de la verdad, para que sus lectores puedan formarse juicios correctos y bien cimentados.

Gracias a esos rasgos de profesionalismo en los medios locales, impresos o electrónicos, sabemos que la sociedad está bien informada y consciente de que las dificultades del Issstezac no solo atañen a jubilados, pensionados, trabajadores del Instituto y en general a la burocracia del estado, sino que tienen profunda raigambre en la estabilidad de la economía, la estabilidad social y la gobernabilidad. De ese tamaño son los escollos por superar.

Para nuestros objetivos de rescatar al Issstezac es altamente saludable contar con la comprensión social mayoritaria, reflejada en la solidez conceptual expresada por los medios de comunicación. Esto aligera la carga y nos empuja, junto con trabajadores y derechohabientes, a mantenernos firmes en la búsqueda de acuerdos, vías y soluciones a los déficits financieros que se arrastran desde hace mucho.

De los logros recientes, los medios ya divulgaron que en junio se terminará de pagar los más de 15 millones de pesos que desde el año pasado se adeudan a 4 mil pensionados y jubilados, y en mayo daremos las fechas para solventar el equivalente a 7.5 días de aguinaldo.

Todos sabemos, porque oportuna, veraz y puntualmente lo han dicho los medios de comunicación, que el Instituto adeuda al Gobierno del Estado y al Servicio de Administración Tributaria (SAT) 450 millones por devolución de cuotas. Debe aclararse que el total de estos débitos no corresponden a la actual administración gubernamental, sino que hay rezagos de gestiones anteriores.

Sumadas a este déficit están las pérdidas en el sector comercial del Instituto, que en 2020 ascendieron a 100 millones de pesos. El Colegio de Bachilleres entregó un terreno con valor de 503 millones de pesos, pero aún debe 120 millones correspondientes a diciembre de 2019 y todo el año de 2020, más lo transcurrido en este año. Sin embargo, recordemos que las pensiones no se pagan con terrenos, sino con dinero en efectivo.

El embrollo que asfixia al Issstezac es áspero y complicado, mas es alentador que los medios de comunicación y la sociedad zacatecana estén conscientes de la gravedad del asunto y actúen con la necesaria comprensión.

 

*Director general del Issstezac.

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