¿A quién se educa en esta pandemia?

¿A quién se educa en esta pandemia?

Yo no puedo enseñaros nada, solo puedo
ayudaros a buscar el conocimiento dentro
de vosotros mismos, lo cual es mucho mejor
que traspasaros mi poca sabiduría.
Sócrates, filósofo griego.

El ser humano por naturaleza es un ser social, y, por necesidad, un ser sociable, además de que es educable. Esta aseveración obedece a que muchos pedagogos afirman que el alumno aprende con, sin y a pesar del maestro, ahora, ¿cómo se podría relacionar el aprendizaje con la educación?, ¿es la educación la que predispone a los aprendizajes?, ¿son los aprendizajes los que educan?, ¿educar e instruir son sinónimos?, ¿La educación somete?; muchas interrogantes se pueden plantear sobre este tenor, tal vez en un debate, nunca habría acuerdos.

Desde mucho antes de que la pandemia se hiciera presente –marzo de 2019-, el sistema educativo en sus diferentes niveles y modalidades, ya sufría procesos instruccionales tormentosos, el común denominador ha sido la alienación y enajenación; históricamente, el sistema educativo –controlado por el Estado-, se ha encargado de alterar la razón y los sentidos de los seres humanos, a grado tal que, incluso, le han hecho perder a estos, identidad y personalidad.

La pandemia de Covid-19 tomó por sorpresa a la humanidad entera, esto obligó a que el sistema educativo diera un vuelco en sus procesos, las actividades áulicas y presenciales se interrumpieron abruptamente para incursionar en la modalidad virtual, misma para la cual no estaban preparados una gran mayoría de docentes; ante estas circunstancias, se presentaron dos fenómenos: la espontaneidad y la improvisación –ambos causaron más problemas que soluciones-. Esta pandemia encuarteló a docentes, alumnos y padres de familia, lamentablemente, tanto el gobierno federal como el estatal hablan por los maestros dando el mensaje de que no habría que preocuparse puesto que todo se encuentra “previsto” para superar esta crisis. De quien echaron mano en un primer momento, fue de la televisión, misma que nunca se ha preocupado por la educación de los alumnos, formaron un cuerpo de “iluminados” quienes pensaban por los maestros diseñando materiales didácticos sin siquiera conocer a fondo los contenidos curriculares, a lo más que llegaron los programas televisivos, fue a divertir a un pequeño grupo de estudiantes, los más, les parecen aburridas y de poco significado las actividades que realizan. Sin embargo, las televisoras de una manera “benévola” dijeron que sólo cobrarían al Estado quince pesos por alumno.

Ante las quejas recurrentes de alumnos, padres de familia y docentes acerca de que el programa emergente de “Aprende en Casa” es por demás aburrido, cansado y desolador, lo que queda por aseverar es que la educación virtual ha acelerado su deterioro; los maestros, creo, consideran que lo más importante es terminar los programas, incluso, un gran número de estos, han entregado su voluntad para acatar las indicaciones de la autoridad educativa, una autoridad a la que le importa poco si se educa o no, lo que más interesa es que se rindan cuentas alegres. Es lamentable que organismos internacionales estén preocupados por la desgracia educativa que vive México, grave es también que estos organismos anuncien algo que la parte oficial no lo hace, me refiero a que en el ciclo escolar 2019-2020, desertaron cerca de seis millones de estudiantes – este es un fenómeno multifactorial, la organización educativa tiene mucho que ver en esto-.

Es justo el momento de ir pensando acerca de la manera de cómo se regresará a las aulas, de cómo se retomará ahora sí la educación y se dejen de lado esas prácticas enajenantes y de sometimiento puesto que no abonan en mucho a la educación misma. Se necesita que de manera urgente se construya un nuevo paradigma educativo, pero no un paradigma que se justifique solamente con postulados teóricos sino que tenga referentes contextuales y, tengan también participación activa todos los maestros para que sean los constructores de una nueva sociedad. Se necesita legitimar una lucha pedagógica que vaya en busca de resignificar la educación, sin embargo, por encima del conocimiento que pueda tener el docente, impera lo que podría llamarse la criminalización magisterial, esto se hace obligando al docente a obedecer lo que la autoridad educativa le indica.

Entonces, todas las experiencias que vivan tanto alumnos como maestros y padres de familia, son educables, es por ello que se dice que nadie educa a nadie sino que todos nos educamos entre sí, es por ello que se debe manifestar la necesidad de que cuando se regrese a clases presenciales, se siembre una nueva semilla, donde el fruto que se recoja, sea consecuencia de la generación de una nueva cultura pedagógica, misma en la que los maestros construyan sus propios programas analíticos a partir de los programas institucionales a los que se les podrían llamar indicativos. Hoy día, los maestros ya no deben cumplir con el rol de enseñantes sino de promotores de aprendizajes, que los alumnos establezcan su propia forma de educarse para que puedan ser, a la vez, educadores y, donde los centros educativos se ganen el reconocimiento de la sociedad como tales. Esto implicaría el que se dejen esas prácticas enajenantes y manipuladoras, monótonas, aburridas, descontextualizadas y sin sentido; urge pues, un docente transformador, que no se apegue al proyecto de la Cuarta Transformación sino que legitime su propia práctica para que incursione en un verdadero proceso de profesionalización de su labor social; visto de esta manera, la pandemia podría ser providencial. ■

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