Educación en la pandemia: ahí donde está el peligro, está lo que salva

Educación en la pandemia: ahí donde está el peligro, está lo que salva

El virus movió todo. En la educación ha tenido impactos negativos muy altos; por ejemplo, hay una pérdida de aprendizajes enorme y las brechas entre niños con buenos ingresos y los que están en la precariedad, ha crecido como una liga. Los índices de desigualdad educativa se han elevado como vapor. Las competencias de socialización, en un solo año están afectadas y el síndrome de la cabaña constituye otra pandemia. Una cosa que quedará como práctica futura es la modificación de la forma de la interacción y el contacto entre las personas, los abrazos, la franca cercanía y los juegos de contacto estarán en reserva. La interacción se verá seriamente afectada: el signo de la distancia.

Los espacios cerrados estarán permanentemente en duda. Eso puede dar lugar a experimentar modelos pedagógicos que saquen a los alumnos del aula. Eso puede ser una gran oportunidad para promover formas educativas post-escolásticas. Aprendizajes centrados en la contemplación teórica pueden dar paso a formas de apropiación de conocimiento más autogestivos y en contacto con los objetos de estudio fácticos y reales. Si hay que estar lo menos posible en el aula, pues hay que dirigirse donde la realidad para estudiarla. La biología más en el campo abierto, la historia más en museos, la matemática más en laboratorios de operaciones abstractas, la química en cualquier lugar, hasta en la cocina; y las ciencias sociales en los barrios o sindicatos o partidos políticos. Ya lo dijo el Mefistófeles de Goethe: gris es la teoría y verde el árbol áureo de la vida. Afuera está el mundo y en las aulas, aerosoles. Pero salir de las aulas no es cosa de la buena voluntad de los profesores, se necesita cambiar a fondo la administración de la educación, los criterios de asignar cargas de trabajo y todo lo que de ahí se deriva. La administración será el dique para la innovación.

El otro aspecto es la adopción permanente de las tecnologías de la información para los procesos de aprendizaje. Eso ya se quedó: iremos a formas híbridas entre lo presencial y lo remoto. Y el intercambio y flujos mundiales de cursos, profesores, alumnos y producción de contenidos. Los alumnos de Zacatecas pueden tomar algún curso en la Universidad de Tolouse, o maestros zacatecanos darán clase a estudiantes de la Patagonia. En todos los niveles, los flujos serán incontenibles. Lo cual significa que la flexibilidad y programas por menú serán una realidad cotidiana.

En suma, es cierto que las afectaciones negativas son grandes, pero la realidad es paradójica. Hölderlin decía “ahí donde está el peligro, está lo que salva”. Por tanto, lo males se convierten en oportunidades si hay estrategias resilientes. Eso pedimos a las autoridades: que sean resilientes y no burocráticas. Innovadoras y no acartonadas. Que dentro del peligro forjen un verde árbol de la vida.

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