En vacaciones: sin abstenerse hay que protegerse

En vacaciones: sin abstenerse hay que protegerse

Las vacaciones se esperan con ansia, la espera de un año ha resultado una acumulación de cansancio emocional que lanza a las personas a la carretera. Los deseos de viajar son casi incontenibles. Esta es la realidad del ánimo social que indisponen a la población de las recomendaciones de “no salgas de casa”. ¿Qué hacer entonces? Es evidente que el riesgo de una tercera ola de contagios está presente, pero la resistencia al confinamiento es muy fuerte. Además, las formas de prevención que detienen la economía son ya inviables, no se puede destruir más la base material de la vida de la población. La contradicción ahora mismo es aguda: medidas enfermantes para contener la enfermedad.

Así las cosas, debemos preguntar, ¿qué se debe hacer para prevenir el contagio sin parar la actividad económica (sobre todo turística) y permitir la recreación de la gente? Pues la respuesta está a la vista: aprender a vivir sanos en medio del virus. Lo cual significa asumir de forma cotidiana las medidas de sanidad. Convertir en costumbre la protección. En todos los espacios de convivencia e interacción usar los tapabocas, procurar actividades al aire libre, desinfectar espacios y manos, y todo lo que ya nos han insistido. Y lo más relevante, avanzar en la inmunización de las personas. Esta última se lleva a cabo con lentitud y mal organizada, pero avanza. Así pues, en este contexto será inevitable que se presenten infecciones, pero pueden ser no letales y pocas, de tal manera que sea razonable no parar la economía ni mantener a los jóvenes fuera de la escuela ni al resto de la población aislada.

La nueva Cepa, reconocida como británica, ya está entre nosotros. Y no será la última, los procesos de mutación y la conectividad global no se detendrán, es algo con lo cual tendremos también que aprender a vivir. Al igual que el cambio climático hay medidas de remediación que pretenden revertir los cambios de la naturaleza, y otras que persiguen adaptarse a las nuevas condiciones naturales del planeta. La adaptación implica la adopción de nuevos comportamientos convertidos en costumbre. Es muy probable que las clases virtuales hayan llegado para quedarse y aún regresando a las aulas se continúen practicando, el saludo con puño o las distancias dentro de los comercios, se conviertan en normales. Cómo al inicio ‘el saludo’ era una extraña manera de decir al otro “no llevo armas en la mano: soy confiable”, se convirtió en la forma ordinaria de intercambiar afectos.

Lo cierto es que las vacaciones de Semana Santa pueden ser detonantes de la tercera ola de contagios si no se toman con las precauciones debidas. Ahora mismo el gobierno debería iniciar una campaña para convencer a la población de autorregularse y asumir las canciones con protección. Así como el uso del condón, ahora se debe usar el nosobuco: sin abstenerse hay que protegerse.

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