En defensa del INAI

En defensa del INAI

El debate suscitado desde la conferencia de prensa mañanera del presidente, Andrés Manuel López Obrador sobre la pertinencia del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, no es ni nueva ni del todo una anomalía democrática. La existencia de los órganos constitucionales autónomos que, sin pertenecer a ninguno de los tres poderes tradicionales del Estado, gravitan en la misma órbita de la Constitución produjo en su momento discusiones técnicas y deliberaciones políticas. La visión e intenciones del hoy ocupante del Ejecutivo Federal tampoco es una novedad, desde antes de ganar la elección de 2018 López Obrador había mostrado su desconfianza en tales figuras y criticado el gasto que significaban, quizá por una visión tradicionalista del Estado y sus órganos, quizá por otras tantas razones desde la oposición a sus funciones, hasta la incomprensión de los contrapesos o la falta de “dimensión social” de dichas instituciones. Podríamos especular hasta agotar este espacio, pero en los últimos días han abundado los análisis de este tipo. Me interesa más hacer un par de anotaciones al respecto.

En primer lugar, hacer una defensa clara e inequívoca de la existencia, pertinencia, idoneidad y funcionalidad del INAI, así como del Sistema Nacional de Transparencia y el propio Sistema Nacional Anticorrupción en su conjunto. El derecho de acceso a la información ha sido el más claro ejemplo de la politización, en el mejor sentido del término, de la sociedad civil, su empoderamiento y conversión en agente, como un magnífico epílogo de la transición político-electoral que culminó con la alternancia en el poder presidencial en México, y permitió, tras ese tránsito de una sociedad civil expectante a grupos de presión, acción y participación en clave agentes, otras importantísimas reformas en materia de justicia, derechos humanos, gobernabilidad y por supuesto, combate a la corrupción e impunidad. Así como la transición a la democracia está y lo estará siempre, inacabada, la última parte de ésta en nuestro país, que involucra un efectivo y consistente entramado institucional para la rendición de cuentas, continúa su construcción con retos y oportunidades pendientes.

Esta es la segunda parte de mi defensa y a su vez, de un llamado a un diálogo plural, y democrático, transparente en su mejor versión a través de la participación, apertura y disposición institucional, para culminar en un ejercicio de deliberación serio. El INAI tiene, como todas las instituciones, retos, oportunidades y pendientes. El que más aprecio desde mi perspectiva es el de convocar más a la participación social en sus mecanismos, una tarea que además no corresponde solo al INAI, sino a todas las instituciones en todos los ámbitos: hacer que la transparencia sea una herramienta de uso común, accesible, comprensible e incentivada como una ventana siempre abierta para mejorar la gestión pública. Ampliar la participación ciudadana es una tarea pendiente en todo el Estado. Empoderar a la ciudadanía, hasta el grado de que valore, confíe y se adueñe de la tarea de gobernar es acaso el reto de la democracia en los inicios del milenio. El INAI podría hacer más. Todos podríamos hacer más. Se me ocurre que el INAI y todas los órganos garantes, podrían promover los derechos que tutela desde las escuelas hasta el ejido, pasando por volverse una herramienta de cabecera para todos los comités de participación social del país; promoviendo la transparencia y el acceso a la información, no solo como instrumentos cada vez más indispensables en el periodismo y la investigación académica, sino también en la competencia política, la apropiación de lo público, la incidencia ciudadana en los colectivos de todo tipo que se multiplican por todo el país. Los órganos garantes en las entidades podrían empezar por descentralizarse y desdoblarse hasta los municipios, las comunidades. El INAI podría aprovechar el contexto de las reuniones virtuales para promover más y más su cercanía con cualquiera que levante la mano a través de las plataformas digitales.

Me consta que estos esfuerzos no serían nuevos: lo han hecho. Tomo solo un ejemplo: en 2016 organicé junto a la hoy Comisionada Nacional, Norma Julieta del Río, el Primer Encuentro Nacional de Transparencia y Seguridad Social. En ese entonces la CEAIP (hoy IZAI), tanto como el INAI no solo respaldaron la idea, formaron parte del esfuerzo en todas sus etapas. Los ya comisionados Acuña Llamas y Guerra Ford participaron en los paneles con disposición y voluntad total. La experiencia fue grata y se logró superar la expectativa, sin embargo, nos faltó más asistencia de la sociedad y en particular de derechohabientes del propio ISSSTEZAC. Por eso entiendo que el reto es complejo en lo fundamental.

Esta defensa es poco comparable con el cúmulo de tuits, artículos de opinión y posturas que he leído de titanes del periodismo nacional, reporteros y académicos. Ojalá que este debate sea una oportunidad, no solo para el INAI, sino para todas las instituciones para que, en el próximo embate, más maestros, estudiantes, profesionistas, comerciantes, líderes de colonias, ejidos, líderes políticos y sociales municipales, etc., sean los protagonistas de esta necesaria y justa defensa.

@CarlosETorres_

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