2020 fue un pantano oscuro, pero subsiste la luz de la rebeldía: la natalidad.

2020 fue un pantano oscuro, pero subsiste la luz de la rebeldía: la natalidad.

Un año sombrío, y en muchos temas atroz, está a punto de concluir. Como estamos acostumbrados a pensar en términos cíclicos, ello nos lleva a creer que en el mes de enero empieza otro ciclo, pero no es así: la situación difícil sigue de largo. Desde marzo estamos con las cifras de contagiados y fallecidos. Amigos y familiares han muerto por la infección de este feroz bicho venido de fuera. La muerte, pobreza, angustia, ansiedad y desesperación se han convertido en la realidad cotidiana. Miles de personas han perdido su empleo y han caído debajo de la línea de pobreza. Los niños aprenden poco y los hogares de vivienda pequeña se vuelven verdaderos manicomios porque la escuela está en casa. Y como en todas las desgracias, los pobres se llevan la mayor tajada: viviendas pequeñas, niños sin computadora o sin internet, y padres angustiados al no saber cómo llevar huevos, frijoles y tortillas a sus familias. Ahora mismo la marca principal de clase social es la serenidad en la vida diaria: el privilegio de contar con ingresos seguros, espacio doméstico amplio, despensa surtida y medios para la educación virtual de los hijos.

Afuera en las calles las balaceras, homicidios, secuestros, extorsiones y robos andan como demonios sueltos. Los dos últimos años han sido los más violentos de la historia reciente de México. La ultra militarización se llevó a cabo con la justificación de que era la forma temporal de ‘serenar a México’. Pero nada. Nadie esperaba que se resolviera el problema de la seguridad en 2 años, sabemos que es algo complejo que lleva tiempo; sin embargo, sí esperábamos algunas estrategias que llevaran a pensar que íbamos caminando a la solución. Pero no: observamos al Nuevo Sistema de Justicia Penal estancado.

Los nuevos movimientos en la clase política son un ejemplo del panorama oscuro: los partidos tradicionales resucitan el motivo del quebranto del país en el sexenio anterior y que fue el autor de las llamadas ‘reformas estructurales’: el pacto por México. Y el partido emergente gobernante que se proclamó como ‘la esperanza de México’ no hace sino reproducir lo peor de las prácticas antidemocráticas e hiper pragmáticas que los alejan de los programas que le dieron origen. Morena en este momento anda con el rumbo perdido.

En suma, hay pocos motivos para la esperanza. Sin embargo, la propia fecha nos empuja a pensar en las posibilidades de la natalidad: nacer es iniciar un nuevo curso de acontecimientos. El nacimiento es como la creación de la nada, iniciar algo que no hay y desde el fango de la historia. la esperanza pertenece al signo de la natalidad. Ahora que celebramos la natalidad de Jesús, podemos pensar en lo que significa la natalidad en la historia concreta: la posibilidad de inaugurar nuevas realidades o inyectarle mejores posibilidades a las existentes. En medio del pantano y la obscuridad, hay una luz que no se apaga: la rebeldía. Y no hay sentido más rebelde que la esperanza, porque siempre se levanta a intentar de nuevo, lo nuevo.

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