No basta con mandar

No basta con mandar

Según el laboratorio matemático TrueData, 2 mil 500 personas morirán por covid en los próximos tres meses en Zacatecas. Todos quisiéramos pensar que entre ellos no estará alguien que queramos, pero es posible.

Si alguien nos lo advirtiera, y además nos dijera que podemos evitarlo, muy probablemente haríamos todo cuando nos recomendaran para que esas muertes no sucedieran, así fuéramos escépticos del pronóstico.

Ese impulso nos hizo mantenernos los primeros meses de esta emergencia lo más disciplinados que hemos podido, lavándonos las manos con frecuencia, usando cubrebocas, y dejando de ver a nuestros seres queridos.

Pero el tiempo ha pasado, la paciencia se ha desgastado y también hemos escuchado que tenemos que aprender a vivir con esto. Nuestras alertas se han relajado.

Es comprensible, así lo obliga la salud mental, por una parte, pero los indicadores de las autoridades sanitarias han dejado claro que el peligro permanece ahí, y que es tiempo de volver a poner al máximo las medidas de prevención.

Aunque se ha probado de todo, desde “hoy no circula”, ley seca y hasta imposición del cubrebocas, al momento lo más efectivo es hasta el permanecer en casa el mayor tiempo posible y disminuir la convivencia. Según la información oficial mientras hicimos eso (de marzo a mayo) el nivel de contagios fue mucho menor al que vino después que además ha crecido de forma dramática en los últimos dos meses.

No hubo de otra, y en plena fecha prenavideña volvemos al semáforo rojo según oficializó el gobierno federal el viernes pasado, y según adelantó el estatal hace una semana cuando anunció medidas más radicales que no cayeron nada bien entre los sectores comerciales y empresariales aunque fueron menos severas que las indicadas para este escenario por el gobierno federal.

El disgusto es comprensible, son ya nueve meses de desgaste y de una situación extraordinaria, y apenas ahora puede entenderse por qué el presidente de la República y el doctor Hugo López Gatell advertían que llevar medidas tan severas en tiempos en los que los casos eran tan incipientes podían producir este desgaste social que hace difícil aplicar el aislamiento ahora que es mucho más útil que entonces.

Hoy el llamado al cierre es mucho menos generalizado que entonces, pero también más necesario. Es cierto que el golpe económico es brutal, y que muchos de esos comercios se esforzaron por seguir las reglas sanitarias para evitarlo, pero también lo es que muchísimos de ellos funcionan sin cumplir siquiera con la normatividad habitual como padrón municipal, respeto al código urbano, permisos de alcoholes (cuando se requiere), lo cual hace muy difícil que se les pueda creer cuando dicen tener en orden “todas las medidas sanitarias”.

Si tanto tiempo han logrado sobrevivir tantos comercios sin cumplir con lo anterior, no es difícil imaginar que también lograrán evadir las restricciones del semáforo rojo. En tanto no se observen medidas severas para quien incumpla, y despliegues de operativos creíbles, no queda más que confiar en que sean obedientes.

Si esa fuera la apuesta no significa tampoco permiso de cruzarse de brazos. Se requiere trabajar en persuadir los por qués de cada medida, y sobre todo en amortiguar el golpe económico que desde el otro lado se teme.

Hace falta hacer entender por qué no es suficiente tomar la temperatura corporal para ingresar algún lugar, y explicar además que no se haga en la mano. Se tiene que aclarar que los tapetes sanitizantes son de poca ayuda y la importancia de ventilar.

A la ciudadanía hace falta explicarle que no es que el virus salga a las 7 a pasear, sino que las probabilidades de convivencia prescindibles incrementan a esas horas cuando la gente ya ha terminado de trabajar y hacer las actividades de la casa.

Pero sobre todo hace falta hacer sentir que se hace todo cuanto se está al alcance para aliviar la situación, y estamos aún muy lejos de eso porque no es difícil sentir que se podría hacer mucho más, como realizar pruebas de antígenos, dar mayor seguimiento a contagiados, lanzar más apoyos económicos, facilitar oxímetros y oxígenos, brindar información de dónde hacerse las pruebas o dónde obtener los medicamentos, etcétera.

El poder sólo sirve cuando está acompañado de autoridad.

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